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El Rostro de Jesús

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"Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su propio afán...
Más bien, buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas."

Jesús de Nazaret

El Rostro de Jesús

La revista Discover y la BBC londinense han aunado esfuerzos en un interesante proyecto al que se le ha dado recientemente gran publicidad. No, no se trata de otra importante noticia sobre el genoma humano o sobre el próximo viaje a Marte. Se trata nada más y nada menos de la “actualización” del rostro de Jesús de Nazaret veinte siglos después de su muerte.

Ordenadores con tecnología punta y la patología forense se unieron para recrear la supuesta fisonomía de Jesús a partir de un cráneo hallado en Palestina y correspondiente al primer siglo de nuestra era.

¿Qué indica este tipo de proyecto y la publicidad con la que se le asocia? Desde un punto de vista general creo que dos cosas:

Primero, este es otro paso en el proceso de desconstrucción postmodernista de la fe. No ha habido área del saber humano que no haya sido sitiada por el cerco postmoderno con su empeño en librarnos de las “construcciones artificiales” e iluminarnos con la negación del concepto de la verdad. La religión cristiana en general y la persona de Jesús en particular, han sufrido los embates de una moda furiosa que incluso ha intentado tomar las fortalezas de la ciencia.

Segundo, este constituye un genuino empeño por la fidelidad histórica. Como otro efecto del Postmodernismo y su proyecto de reconstrucción de la historia, se busca librarnos de todas las definiciones arbitrarias, del arte y de la religión, que puedan existir. ¿Qué mejor para ello que la apariencia física de Jesús, apariencia dada por conocida en una larga tradición artística, pero sin evidencia de datos “objetivos”?

Pero hay más en esto que “dimes y diretes” constructivistas o de inquietud histórica. Creo que la figura de Jesús sigue fascinando. Aún hoy. Incluso, quizás hoy más que nunca.

Jesús, el de Nazaret, es reconocido (y no sólo en occidente según piensan algunos) como la figura más destacada de la Historia. Sus palabaras y hechos, tal y como nos llegan por la predicación cristiana y por las Escrituras (la Biblia), hayan hueco en los corazones postmodernos. Al examinarle, algo en la figura del Maestro de Nazaret resuena dentro de nosotros como cierto.

Por eso, creo ver otros tres aspectos que nos ayudan a entender ¿por qué Jesús?

Primero, la relevancia de Jesús. La relativización de la verdad, el pluralismo religioso y la corrección política nos han dejado sin absolutos. Parece ser que sentimos “nostalgia por el absoluto”, como ha titulado su libro el filósofo Geistner. Los puntos de referencia morales y éticos se han difuminado en un espectro sin pies ni cabeza que, por lo tanto, ni puede estar firme, ni explica los porqués de la vida.

Segundo, la necesidad de “ver” para creer. Aun cuando se trate de una reconstrucción cibernético-histórica, la posibilidad de ver el rostro de Jesús pareciera avivar la llama de la religiosidad. La tradición católico-romana nos ha dirigido a perpetuar la visión artística temprana de la apariencia de Jesús como verdadera. Tanto así que muchos se han ofendido con una visión de Jesús que, más que figura religiosa, se les antoja demasiado parecido a figuras de la paleontología.

Y, tercero, inquietud espiritual. El siglo XX, que según los positivistas y agnósticos de finales del siglo XIX vería el final de las religiones en lo general y de la fe cristiana en particular, terminó con una nota optimista para el cristianismo. El nuevo siglo ha abierto sus puertas al ritmo del palpitar de corazones hambrientos por lo trascendente y confundidos con lo decadente; el espíritu humano no ha quedado satisfecho con una sobredosis de ciencia (quizás más bien cientifismo). Seguimos buscando los porqués de la vida.

Y a nosotros, ¿qué nos importa? Mucho. Porque todas (las cinco) explicaciones del fenómeno del “rostro de Jesús” nos recuerdan lo que ya Blaise Pascal, filósofo y matemáticos del siglo XVII, dijo hace unos 3 siglos: “En el corazón del hombre hay un hueco con la forma de Dios y que sólo Dios puede llenar”.

A fin de cuentas, todo esto nos puede ser de mucho provecho. Los intentos de “desconstrucción” podrán ayudarnos a separar la paja del trigo en lo que respecta a Jesús. Quizás con la ayuda de estos esfuerzos poco a poco podemos acabar de darnos cuenta de que el “Jesús Histórico” y el “Jesús de la fe” son una y la misma persona.

Nada, que a fin de cuentas, pudiera ser que el nuevo “rostro de Jesús” nos ayude a conducir la intensidad de nuestra búsqueda hacia las afueras de Jerusalén, donde colgando de una cruz, el profeta de Nazaret muere, y a un cercano huerto donde le vemos resucitando, abandonando victorioso una tumba prestada y confirmando así su identidad: “El Hijo de Dios”.

¿Quién sabe? Aunque para algunos el nuevo “rostro” tenga más de “CroMagnón” que de semita, toda oportunidad de volver a examinar la figura de Jesús bien puede valer la pena..

© Dr. José R. Martínez Villamil
Julio 2001, Barcelona
Mente Abierta (www.menteabierta.org)

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