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Evangelios Verdaderos y Falsos

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"Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su propio afán...
Más bien, buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas."

Jesús de Nazaret

Evangelios Verdaderos y Falsos (Libro: "Hidden Gospels)

Ficha Bibliográfica: Jenkins, Philip, Hidden Gospels. Oxford: Oxford Press, 2001.

Autor: El Dr. Jenkins es Profesor Distinguido de Historia y de Estudios Religiosos de la Universidad Estatal de Pennsylvania.

Comentario bibliográfico.

Los Evangelios Apócrifos están de moda. Muchas personas creen que los Evangelios de Tomás, Pedro, Felipe y María, tienen la misma validez histórica que los Evangelios tradicionalmente aceptados por la iglesia cristiana (Mateo, Marcos, Lucas, Juan).

¿Cómo hemos llegado a este punto? Una serie de factores han contribuido. Tenemos, primero, un grupo de eruditos que generan estas ideas y alimentan a un público interesado por hallazgos que amenazan con la integridad del aparato dogmático de la iglesia cristiana. Segundo, la tergiversación de la información por parte de los medios de comunicación, exagerando lo verdadero, dando aires de totalmente cierto a algo que lo es sólo parcialmente y, a veces, incluso presentando la falsedad como verdad. Tercero, la divulgación conseguida por la literatura no técnica del campo que parece dar legitimidad a estos conceptos, al menos a los ojos del público.

Antes de continuar, veamos un par de definiciones:

Apócrifo – literalmente significa “escondido”. En el siglo II ya algunos Padres de la Iglesia usaban este término como sinónimo de “falso” o “falsificado”. En las ciencia bíblicas se usa para designar a la literatura relacionada al Antiguo o al Nuevo Testamento que no ha sido aceptada por la iglesia cristiana como “inspirados” por Dios. Estos documentos pueden tener gran valor histórico e incluso inspiracional, pero no teológico o doctrinal.

Canon – literalmente significa “regla”. Se refiere al conjunto de los libros, en ambos Antiguo y Nuevo Testamento, considerados como “inspirados” o “sagrados”. Para la iglesia Cristiana, en el Antiguo Testamento se aceptan los mismos que el judaísmo reconoció como válidos; un total de 39 libros. En el Nuevo Testamento son 27, incluyendo los cuatro Evangelios: Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Desde principios del S. II estos libros son reconocidos por la iglesia cristiana como los derivados de la autoridad apostólica y, por lo tanto, “inspirados”.

Apócrifos de moda

Los hallazgos realizados en Nag Hammadi en Egipto (1945) trajeron a la luz pública documentos de una considerable antigüedad. Algunos de ellos son obras que imitan los Evangelios canónicos que se les atribuyen a otros personajes bíblicos. Al descubrimiento siguió la publicación de una considerable cantidad de libros donde se afirma que algunos de dichos documentos pertenecen a la misma categoría que los Evangelios reconocidos por la iglesia cristiana. Dichos libros, se afirma, contienen información que contradice a la literatura cristiana “oficial”.

La falsa historia. El argumento se desarrolla más o menos de esta manera. En el primer siglo de nuestra era, la multiplicidad de modalidades del cristianismo era la orden del día. Diferentes comunidades cristianas entendieron a Jesús de diferentes formas, todas ellas con algún grado de legitimidad. Poco a poco, la institución religiosa (usualmente esta frase se refiere a la Iglesia Católica Romana) logró imponer sus criterios y sus propios libros inspirados, descartando a todos los demás como heréticos.

A lo largo del tiempo las instituciones cristianas se confabularon para mantener estos documentos ocultos. Desde entonces estos libros no habían estado a disposición del público, pero los descubrimientos arqueológicos del siglo XX nos han permitido rescatar del olvido esos documentos y la modalidad de cristianismo que ellos representan. Por supuesto, dichos manuscritos incluyen importante información que permite realizar una reinterpretación de Jesús como personaje histórico.

La verdadera Historia. Digamos de entrada que la información del Evangelio de Tomás no era nueva. Con contadísimas excepciones, la información provista por este “nuevo” documento era ya conocida por los eruditos del campo e incluso habían sido ya traducidos para el público popular. A finales del siglo XIX ya se disponía del Evangelio de Pedro y del Evangelio de María. El texto del Evangelio de Tomás ya era conocido también aunque entonces no se asociaba su nombre al documento. Por lo tanto la información en él contenida ya había sido descubierta y analizada unos 50 años antes de los hallazgos en Nag Hammadi.

A pesar de esto, desde el descubrimiento de los manuscritos en Nag Hammadi (1945) se han escrito numerosos libros que defienden la autoridad de los documentos hallados y que denuncian una “conspiración cristiana” para ocultarlos.

En segundo lugar, se sabe con certeza que tanto Tomás como los otros “evangelios” son composiciones tardías (finales del siglo segundo y principios del tercero). Por lo tanto fueron escritos más de 100 años después que los Evangelios canónicos, por lo que la información que ofrecen no puede ser considerada como igualmente válida.

Los evangelios canónicos realmente son más antiguos y más autoritativos que virtualmente todos sus rivales. (12)

Tercero, las comunidades que produjeron esta literatura eran grupos sectarios y heréticos (especialmente movimientos gnósticos), reconocidos como tales desde finales del siglo XIX.

En la literatura popular se habla como si los Evangelios Apócrifos fuesen descubrimientos modernos que nos abren los ojos a nuevos movimientos cristianos válidos de los tiempos de Jesús. Pero tanto el movimiento gnóstico como la comunidad de los esenos en el Mar Muerto ya eran conocidos a principios del siglo XX. Más aún, para esa época ya se había eliminado la posibilidad de existiese una afinidad entre el cristianismo y los esenos en Qumrán o con los gnósticos.

Evaluación
Según la literatura popular relacionada al tema de los Evangelios Apócrifos, estos han cambiado para siempre la idea cristiana tradicional que se tenía de Jesús y del cristianismo. En tiempos donde la figura de Jesús como personaje histórico vuelve a ponerse en duda, la (relativa) importancia de los documentos apócrifos ha sido, como poco, exagerada, por no decir tergiversada.

De acuerdo a estos autores Jesús fue en realidad un maestro-filósofo cuyas ideas (¡sorprendentemente!) son muy parecidas a las del liberalismo moderno (feminismo incluido) y la iglesia cristiana del primer siglo consistía de un conjunto amorfo de creencias diversas e irreconciliables.

Dicho de otra manera los “eruditos” han hallado exactamente lo que salieron a buscar: Un evangelio progresista, egalitario, gnóstico y feminista tal y como ellos creen que debería ser la fe cristiana. Nada, que nos han provisto de un evangelio de diseño; un evangelio a la medida.

Los grandemente exagerados reclamos hechos a favor de estos evangelios apócrifos revelan más sobre lo que los eruditos y los escritores contemporáneos quisieran encontrar sobre la primera eras cristianas… Los evangelios alternativos son fuentes muy importantes, si no sobre los orígenes del Cristianismo, sí de lo que ellos nos dicen sobre los grupos de interés que persiguen usarlos hoy; sobre los medios de comunicación, y sobre cómo la religión es presentada como cultura popular; sobre cómo los cánones cambian su contenidos para reflejar los valores de los lectores; y, más generalmente, sobre las cambiantes direcciones de la religión americana contemporánea. (5)

Resumen: El libro que nos ocupa contiene las evidencias necesarias para demostrar lo siguiente:

1. Por su antigüedad , los Evangelios Canónicos (Mateo, Marcos, Lucas y Juan) son de una calidad infinitamente superior a la de los apócrifos.
2. Los Evangelios Apócrifos más conocidos (Tomás, Pedro, Felipe y María) fueron escritos al menos 100 años después que los canónicos. Nunca fueron reconocidos como auténticos por la iglesia cristiana.
3. Estos Evangelios Apócrifos ya estaban disponibles (y traducidos) para su estudio a principios del siglo XX, o sea mucho antes de los descubrimiento en Nag Hammadi y en Qumrán.
4. Los grupos no cristianos o heréticos que produjeron estos Evangelios Apócrifos ya eran conocidos desde principio del siglo XX.
5. El interés que los Evangelios Apócrifos han despertado parece responder más al deseo de contradecir la Iglesia y presentar una versión modernizada de Jesús, que a ahondar en el conocimiento del Nuevo Testamento y de su personaje central: Jesús de Nazaret.


Por esto, debería ser una lectura obligada a todo estudiante del Nuevo Testamento. Lástima que, al menos por ahora, no exista en español.


© Dr. José R. Martínez-Villamil
Barcelona, noviembre, 2001.
Mente Abierta (www.menteabierta.org)

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