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El Jesús Desconocido (Libro)

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"Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su propio afán...
Más bien, buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas."

Jesús de Nazaret

Jesús: ¿desconocido o empobrecido?

Ficha Bibliográfica: Arias, Juan. Jesús, ese gran desconocido. Maeva Ediciones, Madrid, 2001.

Jesús está de moda. A la larga lista de libros sobre el Maestro de Nazaret (aún más larga en lengua inglesa) se añade “Jesús, ese gran desconocido”, de Juan Arias, escritor y periodista.

Es interesante el continuo goteo de libros acerca de Jesús. Su personalidad, sus obras y su enigma siguen atrayendo. Esto es sin duda muy positivo. Y que salga a la luz esta obra, también. Nos da otra oportunidad de reexaminar la que sin duda es la figura más importante de la Historia.

A su favor este libro tiene la intención del reexámen, lo abarcador de los aspectos tratados (histórico, sociológico, teológico, etc.), su exposición en contra de los que siguen asociando la figura de Jesús con la Comunidad de Qumrán y su deseo de introducirnos a lo que más recientemente se discute respecto a tal personaje. La obra ha tenido una buena recepción, experimentando 5 reediciones en tres meses.

Bienvenida sea esta obra que sirve para mantener el interés sobre Jesús. Nos recuerda que, en esta era postmodernista de reconstrucciones históricas, la historia de Jesús mantiene su atractivo.

Sin embargo, lo que se supone que sea un trabajo de erudición o, como escribe el afamado escritor Paulo Coelho, “una investigación rigurosa”, es más bien una inconexa cadena de datos y suposiciones. Como muchas obras en su género, quizás para crear polémica y atraer de esa manera lectores, sufre de considerables deficiencias en su documentación y presentación de los temas. Menciono dos de las que, para mí, son las más importantes como características generales. Luego daré paso a críticas más específicas.

Primero, aunque no nos ofrece su Bibliografía, parece obvio que de ella fueron excluidos innumerables trabajos técnicos que la erudición de los estudios de el Nuevo Testamento ha producido en los últimos años, no sólo en el campo teológico sino también en el histórico.

Y, segundo, lo que parece ser una excesiva dependencia, para documentarse sobre lo dicho en el apartado 1, de John Dominic Crossan, uno de los líderes del llamado “Seminario de Jesús” en los Estados Unidos. El Dr. Crossan de ninguna manera representa el consenso de los estudiosos de estos temas, incluso entre los teólogos más liberales. Esto le ha dado a la obra del señor Arias un sesgo considerablemente parcializado.

Entre los errores que presenta este libro, perpetuando infundados prejuicios e ideas equivocadas, enumero diez y los comento brevemente.

1. Se conoce poco del Jesús desde el punto de vista histórico (págs. 10, 11, 15, 16, 17) y éste es diferente al “Jesús de la fe” (pág. 30). Aún cuando en ocasiones afirma la clara historicidad de Jesús, la mayoría de sus comentarios son en el sentido contrario.

Un considerable número de autores, tanto en el siglo XIX como en el XX, han pretendido establecer una ambivalencia en lo que concierne a Jesús y nuestra capacidad de conocer los “datos históricos verídicos” con él relacionados. Algunos, mucho más atrevidos, han llegado a afirmar que la evidencia histórica sobre la existencia de Jesús es vaga, insuficiente o no concluyente. Algunas de las frases del autor que nos ocupa, se acercan peligrosamente a esto.

El consenso de los eruditos en historia y de los estudiosos del Nuevo Testamento, es que hoy en día es imposible negar la existencia de Jesús como personaje histórico. La evidencia a favor es sólida en extremo y abrumadoramente concluyente. Contrario a lo que se cree por muchos, no es sólo el Nuevo Testamento que habla de Jesús sino también historiadores judíos y romanos, entre ellos Suetonio, Tácito y Josefo.

2. Los Evangelios no son documentos históricos (págs. 20, 34, 36, 37, 47, 49, 63, 71, 97). Aún dentro del campo de la teología se viene diciendo hace ya bastante tiempo que los Evangelios (Mateo, Marcos, Lucas y Juan, de donde obtenemos la mayoría de la información sobre Jesús) no pueden ser considerados documentos históricos. Son más bien, dicen, “documentos de fe”.

Es cierto que los Evangelios no satisfacen nuestros criterios modernos de lo que es “historia”. Sin embargo, es importante observarlo, se ajustan al concepto de “historia” que se tenía en la antigüedad, especialmente en el género biográfico. De hecho, algunos han pensado que, dentro de dicho género, los Evangelios comprenden una variedad con características muy particulares. Como ejemplo de esto último podemos mencionar la prioridad dada por el escritor a transmitir un perfil del carácter de Jesús antes que una cadena de datos precisos y la concentración marcada en la narración evangélica de los eventos relacionados con su muerte.

Cuando ha existido la oportunidad de comparar los Evangelios con los datos arqueológicos, su exactitud ha sido repetidamente demostrada. Un caso especialmente importante lo es el del Evangelio de Lucas. Lucas, que no fue uno de los doce discípulos de Jesús, fue médico y acompañó al Apóstol Pablo en muchos de sus viajes. De los contactos con los protagonistas de la historia cristiana temprana, según él mismo explica, recopiló la información que luego puso “en orden”. Lucas escribió también el libro de los Hechos de los Apóstoles. Gracias a estas obras y a lo que se ha podido estudiar en hallazgos arqueológicos, Lucas es reconocido hoy en día como uno de los mejores historiadores de la antigüedad.

Tristemente, el autor de este libro también se refiere a los Evangelios como “documentos tardíos” (pág. 39, 48). Los evangelios, al menos los primeros tres, sabemos con certeza que fueron escritos tan sólo 25 a 35 años después de la muerte de Jesús. Para documentos antiguos esto se considera un lapso verdaderamente breve, lo que ayuda a evitar la corrupción de los textos por el efecto de la tradición oral. Si a esto añadimos el gran número de manuscritos de los Evangelios, la fuerte tradición oral judía, y el alto nivel ético de los cristianos del primer siglo, no tenemos evidencias para pensar que, a propósito o por accidente, la historia que vemos narrada en los Evangelios no sea fidedigna. Más aún si nos atrevemos a comparar los documentos de los Evangelios con otras obras de la literatura antigua (Sófocles, Herodoto, Aristóteles, etc.) de los que a penas conservamos unos pocos manuscritos escritos siglos después de los hechos que narran.

Otro punto importante. Es increíble que, siguiendo a Crossan, se atreva el autor a colocar los evangelios apócrifos (Tomás, por ejemplo) al nivel de los canónicos (páginas 148,150). Estos evangelios tienen una obvia influencia gnóstica y no fueron escritos hasta al menos 100 años después. Además, no fueron reconocidos como auténticos por la Iglesia y la calidad de sus narraciones (fantásticas y extravagantes en ocasiones) no comparan, ni de lejos, con el nivel de seriedad de los Evangelios.

3. Jesús nunca fue conocido como el hijo de José (p. 51). Por ejemplo en : Mateo 13:55 dice: “¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos Jacobo, José, Simón y Judas?” Y en Lucas 3:23: “Al comenzar su ministerio, Jesús tenía como treinta años. El era (según se creía) hijo de José…”

4. Jesús no fue identificado como carpintero. (p. 153 ). Marcos 6:3: “¿No es éste el carpintero, hijo de María y hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón?”

5. La resurrección de Cristo como un mito (p. 62-63, 109, 234). La contestación a este punto es demasiado extensa como para inlcuirla aquí. Le invito a ver mi artículo sobre este tema en (http://www.menteabierta…)

6. Tomar Isaías 53 como una descripción del parecido físico de Jesús en condiciones normales (p. 60). Este pasaje del profeta del Antiguo Testamento hace referencia directa, no a la apariencia “normal” de Jesús sino a los acontecimientos relacionados con la muerte en cruz de Jesús. Interesantemente, Isaías, escrito unos 700 años antes de Cristo, ofrece aquí lo que, milagrosamente, parece ser el testimonio de un testigo ocular de los eventos relacionados a la crucifixión.

7. Jesús no conocía su identidad como Mesías e Hijo de Dios (p. 66-67). De nuevo, las evidencias son innumerables. Por ejemplo las famosas frases “yo soy” (en clara referencia a la identificación con el Yahveh del Antiguo Testamento: “yo soy el que soy, el que habla contigo...”). También cuando Jesús asiente a la confesión de la mujer en Samaria y también cuando habla a su discípulo Felipe de su igualdad con Dios el Padre (Juan 4:25, 26 y Juan 14;8-10).

8. Jesús se sorprendió de su arresto (p. 70). Durante semanas Jesús le había advertido a sus discípulos lo que le ocurriría al regresar a Jerusalén. La noche de su arresto, en Getsemaní, oró intensamente sabiendo lo que le esperaba (Lucas 9:51; Mateo 26:42 y otros).

9. La regla de oro es citada de manera incorrecta por el autor del libro (p. 80). Su versión correcta es: “Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos.” (Lucas 6:31).

10. La vida de Jesús fue mitificada por sus discípulos (p. 116ss). La vida de Jesús tal y como está registrada en los Evangelios no manifiesta las características propias de los mitos. En adición, el tiempo transcurrido desde los hechos históricos hasta su registro escrito no fue suficiente. Si hubieran sido mitos creados por la iglesia, ésta perdió una excelente oportunidad de poner en labios de Jesús algunas frases que hubieran resuelto problemas que amenazaron a la estabilidad de la Iglesia durante el primer siglo, como lo fue la relación de la circuncisión y la ley de Moisés con los cristianos, los dones del Espíritu y otros temas semejantes.

Creo que estos asuntos son suficientes . Nos damos cuenta de lo adecuado del título de este libro, aunque no pensaríamos que el mismo autor, ignorando la historia y los hechos, no nos ayude a conocer al “Jesús desconocido”, sino que nos presenta un Jesús histórica y documentalmente empobrecido.


© Dr. José R. Martínez Villamil
Julio, 2001.
Mente Abierta (www.menteabierta.org)

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