Categoria: Actualidad

Terror en las Torres

Print
actualidad

 

"Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su propio afán...
Más bien, buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas."

Jesús de Nazaret

Terror en la Torres
¿Dónde estaba Dios?

La opinión es unánime. El día once de septiembre del año 2001 marca un antes y un después en la historia reciente. Este fue el día en que el símbolo del poder económico de la nación estadounidense dobló sus rodillas al desplomarse las poderosas Torres Gemelas de Nueva York. Fue el día en que la nación más poderosa del mundo se vio herida y humillada por unos terroristas sin rostro.

El impacto de esta terrible tragedia continuará con nosotros por mucho tiempo. Nos afectarán de manera especial las imágenes que dieron la vuelta al mundo en pocos minutos: El impacto del segundo avión sobre la Torre Sur; la gente que huía de la lluvia de escombros al derrumbarse las torres; las miradas incrédulas de la gente que observaban de lejos; las lágrimas de los que experimentaron la tragedia de cerca; el número de víctimas mortales que crecía conforme pasaban las horas; las ingentes pérdidas materiales; las posibles repercusiones mundiales; la “necesidad” de venganza...

Pero, sin lugar a dudas, es la gran pérdida de vidas inocentes lo que nos lleva más allá de la perplejidad y nos obliga a la reflexión. Cuando el impacto inicial pasa y nos acomodamos a la nueva realidad mundial que este acontecimiento nos impone, nos sale desde lo más hondo un grito. Es una pregunta que azota el intelecto de los incrédulos y que perturba la fe de los creyentes: ¿Dónde estaba Dios?

En el contexto de esta tragedia quizás podemos entender mejor las punzantes palabras de el filósofo español Enrique Tierno Galván:

“Las contradicciones del mundo no justifican la existencia de Dios. La idea de Dios es coherente consigo misma y resiste los embates de la lógica en tanto se prescinda del mundo… [Lo que pongo en tela de juicio es] la existencia de un Dios perfecto de todas las perfecciones posibles, que hizo una obra imperfecta sin que nos expliquemos por qué… Hasta que Dios no se justifique por el mundo, la existencia de Dios permanecerá improbada…” (¿Qué es ser agnóstico?, 98-100.)

La existencia del mal (y por ende, del sufrimiento) ha provocado más dudas sobre la existencia de Dios que ninguna otra cosa. Éste es el principal escollo a la fe de ateos, escépticos y agnósticos, así como de muchos creyentes. El dilema se resume en una frase que se le atribuye a Epicuro (usada por el filósofo inglés David Hume):

“¿Está Dios deseoso de prevenir el mal, pero no puede? Entonces no es todopoderoso. ¿Es capaz pero no lo desea? Entonces es malévolo.”

Dios y sufrimiento: Un examen a las premisas
Podemos comenzar a examinar la paradoja del mal en un mundo hecho por un Dios bueno analizando las premisas que le sirven de fundamento.

1. Todo sufrimiento es malo. Asociamos la felicidad con la ausencia de dolor. Lo incorrecto de esta premisa consiste en olvidar que el dolor tiene su lugar en un mundo bueno. El dolor nos protege de heridas mayores (como por ejemplo al acercar nuestra mano a una llama). Los atletas conocen que el dolor es el camino a la superación y los adultos que el dolor en la vida puede hacernos más fuertes.


2. El dolor no debe existir en un mundo bueno. Ésta premisa pasa por alto la relación entre la existencia del mal (y el sufrimiento) y la libertad humana.

Un mundo bueno sin sufrimiento es imposible si es que los seres humanos dispondremos de libertad para escoger. Un mundo habitado por criaturas con capacidad de decisión es un mundo donde el mal es posible. La elección es entre tener un mundo sin posibilidad de dolor pero sin libertad, o un mundo con la capacidad de elección (la libertad) y en el que necesariamente existirá el dolor.


3. Si Dios fuera bueno debería evitar el sufrimiento. Ya que la libertad es un “mal necesario” y dado que ésta da oportunidad a la maldad humana (y al sufrimiento), al menos Dios debería intervenir para limitar los efectos del mal.

Esta premisa nos presenta a Dios como un Policía Universal, pendiente de cada error que se cometa para corregirlo al instante. Sin embargo, si Dios interviene para solucionar los efectos del mal (evitando así el cumplimiento de las leyes naturales) no sería ni justo ni Dios. No sería justo porque no estaría respetando las consecuencias del quebrantamiento de las leyes por Él mismo establecidas y no sería Dios pues no estaría respetando la capacidad de libertad que ha dado a sus criaturas.


4. Esta es la única vida. La vida actual no es la única vida. Ni la más importante tampoco. El hombre es tanto un ser físico (material) como espiritual. Y esa parte espiritual persistirá para siempre. La actual vida es sólo una parte pequeña de lo que es toda nuestra existencia. Este “valle de lágrimas” es la antesala a una vida eterna. Por lo tanto nuestro dolor aquí no es final ni absoluto, aunque a veces lo parezca. Por esto, una persona sabia mirará la vida con la eternidad en perspectiva.


Dios y sufrimiento: Realidades
1. Cuando Dios crea, lo creado NO es Dios. Dios es un ser eterno y existente en sí mismo, esto es, que no depende de una causa anterior. Este ser es perfecto en todas sus características (amor, sabiduría, etc.).

Pero esto NO quiere decir que la Creación hecha por Dios, aunque perfecta en su origen, esté libre de la posibilidad de imperfección. Todo ser o cosa creado por Dios NO es Dios (pues tiene una Causa que le antecede). Lo que significa que, aunque como creación sea perfecta, el elemento de imperfección está presente como una posibilidad inevitable.

2. Una buena creación es aquella donde existe la capacidad de elección. La libertad de las criaturas para elegir es una característica buena. La introducción de una característica buena (la libre elección) es la puerta por la que potencialmente el mal puede ser introducido, pues posibilita una “mala elección”.

“La única manera de garantizar un mundo sin maldad es crearnos sin libertad.” (Peter Kreeft)


3. El mundo está sujeto a leyes, las leyes de Dios. El Universo está gobernado por leyes naturales establecidas por Dios. Dichas leyes, como la de gravitación por ejemplo, sirven de base para el funcionamiento de la creación.

De la misma manera en el ámbito no-material (espiritual), Dios ha establecido leyes que rigen la vida. Son leyes que, como las naturales, proveen de orden a la existencia y tienen como fin protegernos de daño y guiarnos a una vida plena. Pues bien, de la misma manera que violar las leyes naturales conlleva consecuencias (como el golpearse al caer, por ejemplo), quebrantar las leyes espirituales tiene igualmente resultados negativos.

Muchos de los males existentes en el mundo y por los que responsabilizamos a Dios, son resultado de la desobediencia humana. Hemos transgredido las leyes universales, y estamos cosechando los resultados. El orden del mundo creado ha sido trastocado por el pecado de la humanidad. La desobediencia a las leyes de Dios conlleva intrínsecamente consecuencias dolorosas.

4. El mal existe y tiene nombre: Satanás. No hablamos aquí del personaje de la imaginación religiosa (cola, cuernos y tridente incluidos), sino de un ser espiritual poderoso, creación de Dios, que, como la humanidad (pero antes que ésta), fue creado perfecto y decidió utilizar su libertad para revelarse contra la amorosa voluntad de Dios.

Dicho ser es personal, no una fuerza, y su influencia en la humanidad es causante de muchos de los males del mundo. Dicha influencia no excusa de responsabilidad, pero nos ayuda a comprender el grado de maldad al que podemos llegar.


5. Sufrimiento como misterio. Las paradojas del mal en el Universo, no se resuelven con fórmulas simplistas. No todo dolor tiene una explicación que podemos encontrar, estudiar y entender. Existe mucho de “misterioso” en el tema del sufrimiento humano. El documento bíblico conocido como el Libro de Job, trata de esto.

La enseñanza de este antiguo documento se puede resumir así: no siempre entenderemos el origen o las causas de nuestro sufrimiento. El proceder soberano de Dios no siempre será entendido por sus criaturas.

6. Dios conoce el sufrimiento. Es sin duda en la Encarnación donde mejor y más claramente vemos hasta qué punto Dios decidió experimentar nuestro dolor “en carne propia”. En Jesús de Nazaret, Dios asumió forma humana, caminó por nuestro “valle de lágrimas” y experimentó nuestros sufrimientos. Hambre, sed y cansancio fueron parte de su experiencia. Con la muerte de su amigo Lázaro conoció el dolor de la separación y con Judas el de la traición. Las manos que antes hicieron el mundo, se sometieron al martillo y a los clavos. La voz que ordenó el nacimiento del universo, clamó angustiada desde una cruz...

Lo que nos trae de vuelta a nuestro pensamiento inicial. En la cruz Dios experimentó el dolor y la muerte convirtiendo su sufrimiento en vehículo de redención para nosotros. El restablecimiento de lnuestra comunión con Dios se hizo posible gracias al drama de la cruz.

Quizás entonces la pregunta más adecuada no es dónde está Dios sino... ¿Dónde estás tu?

© Dr. José R. Martínez Villamil
Septiembre 2001, Barcelona
Mente Abierta (www.menteabierta.org)

Una versión más extensa de este tema es tratado en los siguientes artículos de Mente Abierta (http:www.menteabierta.org):

¡Tanto sufrimiento! ¿Por qué?

El Problema de Dios


LECTURAS RECOMENDADAS

1. Dobson, James. Cuando lo que Dios hace no tiene sentido.
2. Lewis, C.S. El problema del dolor.
3. Yancie, Phillip. Dónde está Dios cuando se sufre.

Web Site powered by: midirectoriopr.com