Categoria: Cristianismo y la Ciencia

¿Qué es el Darwinismo?

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¿Qué es el Darwinismo?

Hay un famoso concurso de televisión llamado "Jeopardy" (riesgo), en el cual el orden normal de las cosas está invertido. En vez de formular una pregunta que los concursantes deben contestar, se les da la respuesta y ellos han de proporcionar la pregunta adecuada. Este formato sugiere un análisis que es aplicable a las leyes, ciencias y, de hecho, a casi todo. Lo importante no es necesariamente saber todas las respuestas sino saber qué pregunta se está formulando.

Introducción

Cinco importantes palabras

Evolución

Ciencia

Religión

Verdad

¿Evolución y Dios?


Introducción

Este análisis es el punto de partida de mi investigación a la evolución darwiniana y a su relación con la creación, porque el darwinismo es la respuesta a dos tipos de preguntas muy diferentes.

Primero, la teoría darwiniana nos explica cómo una cierta cantidad de diversidad en formas de vida pueden desarrollarse una vez tengamos varios tipos de organismos complejos en existencia. Si una reducida población de pájaros migrase a una isla desierta, por ejemplo, la combinación dentro de la misma especie, las mutaciones y la selección natural podrían causar que este aislado grupo de población desarrollase características diferentes de aquellas que poseía la ancestral población del continente. Cuando la teoría es entendida en este sentido limitado, la evolución darwiniana no es polémica y no tiene implicaciones filosóficas o teológicas importantes.

Segundo. Sin embargo, los biólogos evolucionistas no se contentan con explicar meramente cómo ocurre la variación dentro de unos límites. Aspiran a contestar una pregunta mucho más amplia, que es cómo organismos complejos como pájaros, flores y seres humanos han llegado a existir. La respuesta darwiniana a esta segunda pregunta es que la fuerza creadora que produjo plantas y animales a partir de predecesores unicelulares a lo largo de extensos períodos de tiempo geológicos es esencialmente el mismo mecanismo que produce variaciones en flores, insectos y animales domésticos ante nuestros propios ojos. En palabras de Ernst Mayr, el decano de los actuales darwinistas, "la evolución transespecífica (por ejemplo, macroevolución) no es nada más que una extrapolación y magnificación de los acontecimientos que ocurren en las poblaciones y especies."

La evolución neo-darwiniana es, en este sentido amplio, una doctrina filosófica tan carente de soporte empírico que el sucesor de Mayr en Harvard, Stephen Jay Gould, una vez afirmó precipitadamente que el darwinismo "estaba muerto". No obstante, el neo-darwinismo está lejos de estar muerto; al contrario, continuamente está siendo difundido en los libros de texto y en los medios de comunicación como un hecho irrevocable. ¿Cómo puede suceder que muchos científicos e intelectuales que se enorgullecen de su empirismo y tolerancia, continúen aceptando una teoría no-empírica como un hecho científico?

Cinco importantes palabras

La respuesta a esta pregunta reside en la definición de cinco términos clave. Tales términos son creacionismo, evolución, ciencia, religión y verdad. Una vez hayamos entendido cómo son usadas estas palabras en el discurso evolucionista, la ascendencia continuada del neo-darwinismo dejará de ser un misterio y ya no seremos engañados por las aseveraciones de que la teoría está apoyada por una "evidencia irrevocable". No obstante, tendría que advertir desde un principio que usar palabras de forma clara no es una tarea inocente y pacífica como muchos de nosotros podríamos pensar. Existen intereses poderosos y ocultos en esta área que pueden medrar en la ambigüedad y confusión. Aquellos que insistan en definir términos correctamente y en usarlos consistentemente pueden notar que son considerados con recelo y hostilidad, e incluso pueden ser acusados de ser enemigos de la ciencia. Pero vamos a aceptar este riesgo y proceder con las definiciones.

La primera palabra es "creacionismo", que simplemente significa una creencia en la creación. En el uso darwinista, el cual domina no solamente la literatura popular y científica sino también los medios de comunicación, el creacionista es una persona que se toma el relato de la creación del libro de Génesis como verdadero en su sentido más literal. La Tierra fue creada en una sola semana de seis días que constaban de 24 horas no hace más de 10.000 años; la mayoría de accidentes geográficos fueron causados por el diluvio de Noé y no ha habido innovaciones importantes de formas de vida desde el principio. En la propaganda darwinista, una idea importante es que las únicas personas que tienen dudas sobre el darwinismo son este tipo de creacionistas fundamentalistas, quienes siempre son vistos como personas que rechazan la evidencia clara y convincente de la ciencia para conservar un prejuicio religioso. La consecuencia es que ciudadanos de una sociedad moderna se ven obligados a hacer una elección que en realidad no es ninguna elección. O rechazan la ciencia y retroceden a una visión global pre-moderna, o creen todo lo que los darwinistas les dicen.

No obstante, en un sentido más amplio, un creacionista es simplemente una persona que cree en la existencia de un creador, causa de la existencia de este mundo y de sus habitantes para cumplir un propósito. Si el proceso de la creación duró sólo una semana o billones de años no tiene relativa importancia desde un punto filosófico o teológico. La creación mediante procesos graduales sobre eras geológicas puede crear problemas en cuanto a la interpretación bíblica, pero no crea ningún problema para el principio fundamental de la religión teísta. En este sentido amplio, la creación es, según una encuesta Gallup del 1991, el credo del 87% de los americanos. Si Dios nos llevó a la existencia con un propósito, entonces el tipo más importante de conocimiento para tener es el conocimiento de Dios y de Sus planes para nosotros. En este sentido amplio, ¿es la creación consistente con la evolución?

 Evolución 

La respuesta es rotundamente no, cuando la "evolución" está entendida en el sentido darwiniano. Para los darwinistas, la evolución significa una evolución natural, porque insisten que la ciencia debe asumir que el cosmos es un sistema cerrado de causas y efectos materiales que nunca pueden estar influenciados por nada fuera de la naturaleza material –por Dios, por ejemplo. En el principio, una explosión de materia creó el cosmos y, sin ser dirigida, la evolución natural produjo todo lo que sigue. Desde este punto de vista filosófico se sigue por deducción que desde el principio ningún ser inteligente guió la evolución. Si la inteligencia existe hoy, eso es sólo porque ella misma ha ido evolucionando a lo largo de procesos materiales sin propósito.

Una teoría materialista de la evolución debe implicar inherentemente dos tipos de proceso. En el fondo, la teoría ha de estar basada en la casualidad, porque eso es lo que queda cuando hemos descartado todo lo que implique una inteligencia o propósito. No obstante, las teorías que solamente están basadas en el azar no son creíbles. Una hecho que todos aceptan es que los organismos vivientes son muchísimo más complejos que, por ejemplo, un ordenador o un avión. Que entidades tan complejas pudieran llegar a la existencia simplemente por casualidad es claramente menos creíble que decir que fueron diseñadas y construidas por un creador. Para respaldar su afirmación, que esta apariencia de diseño inteligente es una ilusión, los darwinistas han de proveer un fuerza constructora compleja que no tiene inteligencia ni propósito. La selección natural es el elemento más plausible.

Si asumimos que mutaciones genéticas casuales proveyeron la nueva información genética que se necesitaba, por ejemplo, para dar a un pequeño animal inicios de alas, y si asumiéramos que cada paso minúsculo del proceso de la formación de alas incrementaba la capacidad de supervivencia del animal, entonces la selección natural asegura que las criaturas favorecidas se desarrollarían y reproducirían. Se sigue lógicamente que las alas pueden y aparecerán como si siguieran el plan de un diseñador. Por supuesto que si las alas u otros factores de desarrollo no aparecen, la teoría explicará igual de bien su ausencia. Las mutaciones necesarias no llegaron o "los frenos del desarrollo" excluían ciertas posibilidades o la selección natural favorecía otra cosa. No es requerimiento que estas especulaciones tengan que ser confirmadas por evidencia experimental o fósil. Para los darwinistas, ser capaces únicamente de imaginar el proceso es suficiente para confirmar que algo como lo que afirman es lo que seguramente ocurrió.

Richard Dawkins llama al proceso de la creación por mutación y selección "el relojero ciego". Con esta etiqueta quiere decir que una fuerza diseñadora sin propósito y materialista sustituye al "relojero", deidad de la teología natural. El poder creador de el relojero ciego está solamente apoyado por una débil evidencia, como el famoso ejemplo de una población de mariposas en el cual el porcentaje de mariposas oscuras se incrementó durante un periodo en que los pájaros estaban mejor dotados para ver mariposas claras que contrastaban con los troncos oscuros de los árboles. Esto puede ser utilizado para enseñar que la selección natural puede hacer algo, pero no que puede crear algo que no existiera ya. No obstante, incluso esta evidencia tan débil es más que suficiente porque la evidencia no es realmente necesaria para probar algo que es prácticamente evidente en sí mismo. La existencia de un relojero ciego y poderoso sigue deductivamente de la premisa que la naturaleza tuvo que hacer su propia creación. Puede haber un argumento sobre los detalles, pero si Dios no estaba en el proceso algo muy similar al darwinismo tiene que ser cierto sin importar la evidencia.

Ciencia 

Esto lleva a el tercer término, la ciencia. Ya hemos visto que los darwinistas asumen como premisa básica que la historia del cosmos y sus formas de vida son totalmente explicables bajo principios naturales. Esto refleja una doctrina filosófica llamada naturalismo científico, de la cual se dice que es una consecuencia inevitable de las limitaciones inherentes de la ciencia. Sin embargo, lo que hace el naturalismo científico es transformar las limitaciones de la ciencia en limitaciones a la realidad, en el interés de maximizar el poder explicatorio de la ciencia y de sus practicantes.

Evidentemente, es completamente posible estudiar organismos científicamente bajo la premisa de que fueron creados por Dios, tal como científicos estudian aviones e incluso obras de arte sin objetar que estos objetos han sido diseñados por una inteligencia. El problema de concederle a Dios un papel en la historia de la vida no es que la ciencia desaparecería sino que los científicos tendrían que aceptar la existencia de algo importante que está fuera de los límites de la ciencia natural. Para los científicos que quieren ser capaces de explicarlo todo –y las "teorías sobre todo" son muy esperadas en la literatura científica– esto es una posibilidad inadmisible.

Paradigma inquebrantable. El segundo hecho del naturalismo científico que es importante para nuestro propósito, es su sistema de reglas para la crítica y la sustitución de un paradigma. Un paradigma es una teoría general, como la teoría darwiniana de la evolución, que ha conseguido una aceptación general en la comunidad científica. El paradigma unifica las diversas especialidades que constituyen la investigación de la comunidad, y guía la investigación en cada una de ellas. De este modo, zoólogos, botánicos, genéticos, biólogos moleculares y paleontólogos encaminan su investigación a rellenar los detalles del paradigma darwiniano.

Si los biólogos moleculares ven un esquema de mutaciones aparentemente neutrales, que no tienen ningún efecto aparente sobre la constitución de un organismo, deben buscar una manera de reconciliar sus hallazgos con el requerimiento del paradigma de que la selección natural es la que guía la evolución. Consiguen esto mediante la postulación de una cantidad significativa de mutaciones adaptativas invisibles que están destinadas a ser acumuladas por la selección natural. De manera similar, si los paleontólogos descubren nuevas especies fósiles apareciendo en el registro fósil, y permaneciendo desde entonces prácticamente inalteradas, han de hacer todas las distorsiones necesarias para forzar esta incómoda evidencia en un modelo de cambio incremental a través de la acumulación de micromutaciones.

Apoyar el paradigma puede incluso requerir lo que podría ser llamado en otros contextos "fraude". Así, Niles Eldredge admitió cándidamente: "Nosotros los paleontólogos hemos afirmado que la historia de la vida apoya (la explicación de cambios graduales para la adaptación al medio), sabiendo todo el tiempo que no es así."(1) Eldredge explicó que este esquema de representación errónea ocurrió debido a "la certeza tan característica de la evolución desde finales de la década de 1940; la completa seguridad no sólo de que la selección natural opera en la naturaleza, sino también de que sabemos con precisión cómo funciona".

Esta certeza produjo un grado de dogmatismo que, dice Eldredge, acabó en la relegación a la "casi locura" de los paleontólogos que afirmaban "haber visto algo fuera de la normalidad entre la teoría evolucionista contemporánea, por un lado, y los esquemas de cambio del registro de los fósiles por el otro."(2) Bajo estas circunstancias, los paleontólogos prudentes, como es de entender, se guardaron sus dudas y apoyaron la teoría reinante. Abandonar el paradigma sería abandonar la comunidad científica; ignorar el paradigma y solamente recopilar los hechos sería ganarse la etiqueta despectiva de "coleccionista de sellos".

Paradigma insustituíble. Tal como muchos filósofos de la ciencia han observado, la comunidad de investigación no abandona un paradigma en ausencia de un sustituto satisfactorio. Esto significa que la crítica al darwinismo, por muy devastadora que parezca, es esencialmente irrelevante para los investigadores profesionales. La crítica puede destacar, por ejemplo, que la evidencia de que la selección natural tiene cualquier poder creador es débil o inexistente. Eso es perfectamente cierto, pero para los darwinistas el punto más importante es éste: si la selección natural no fue la que creó, ¿qué fue? "Dios" es obviamente inaceptable, porque tal ser es desconocido para la ciencia. "No lo sabemos" es igualmente inaceptable, porque admitir ignorancia significaría dejar la ciencia sin ningún guía. Para poner el problema en los términos más prácticos: es imposible escribir o evaluar una propuesta sin un marco teórico generalmente aceptado.

La regla del paradigma explica porqué el reconocimiento de Gould de que el neodarwinismo está "realmente muerto" no tuvo ningún efecto significativo en el darwinista fiel, o incluso en el mismo Gould. Él hizo esa afirmación en un escrito prediciendo la emergencia de una nueva teoría general de la evolución, una basada en las especulaciones macromutacionales de el genético de Berkeley, Richard Goldschmidt.(3) Cuando la nueva teoría no resultó ser lo que esperaban, las alternativas consistían en quedarse con la versión del neodarwinismo de Ernst Mayr, o admitir que los biólogos en realidad no conocían un mecanismo natural que podía producir complejidad biológica. Esto último no constituía una opción. Gould tenía que superar una apresurada retirada hacia el darwinismo clásico para evitar dar apoyo y aliento a los enemigos del naturalismo científico, incluyendo esos horribles creacionistas.

Tener que defender una teoría muerta a capa y espada no es una actividad muy satisfactoria, y no es de extrañar que Gould critique ferozmente a personas como yo, que llaman la atención a su predicción.(4) Sin embargo, no es mi intención ridiculizar a Gould porque tengo sinceramente un buen concepto de él ya que es uno de los pocos darwinistas que han reconocido los problemas más graves de la teoría y han informado sobre ellos con honestidad. Su tragedia es que no puede admitir las claras implicaciones de su propio pensamiento sin renunciar a la ciencia.

La supervivencia continua de la ortodoxia darwinista ilustra la afirmación famosa de Thomas Kuhn de que la acumulación de anomalías nunca falsifica un paradigma en sí mismo, porque "rechazar un paradigma sin sustituirlo por otro es rechazar la ciencia misma".(5) Esta práctica puede ser una buena manera de asegurar la continuidad de la empresa profesional de la ciencia, pero puede ser enormemente engañoso cuando está impuesto sobre personas que están haciendo preguntas diferentes de las que formulan los científicos naturalistas. Supongamos, por ejemplo, que quiero saber si Dios realmente tuvo algo que ver con la creación de organismos vivientes. Una típica respuesta darwiniana sería que no hay razón para invocar una acción sobrenatural porque la selección darwiniana es perfectamente capaz de desarrollar esa acción. Para poder evaluar esa respuesta necesito saber si la selección natural realmente tiene ese fantástico poder de creación que se le ha atribuido. El hecho de que a los científicos no les guste decir "no lo sabemos" no me dice nada sobre lo que realmente saben.

No estoy sugiriendo que los científicos tengan que cambiar sus reglas sobre la conservación y rechazo de paradigmas. Lo que quiero que hagan es que sean sinceros sobre la evidencia que no se puede confirmar y admitir, si es el caso, que se están apoyando en el darwinismo sólo porque prefieren una teoría dudosa a la ausencia de una teoría. No obstante, lo que insisten en hacer es presentar la evolución darwiniana al público como un hecho que se espera que toda persona racional acepte. Si hay bases razonables para dudar de la teoría, tal dogmatismo es ridículo, tengan o no tengan los que duden una mejor teoría para proponer.

Para los que creen en la creación, los darwinistas les parecen intolerantes y dogmáticos cuando insisten en que su propia filosofía debe tener el monopolio en las escuelas y en los medios de comunicación. Por supuesto que los darwinistas no se ven de esa manera. Por el contrario, frecuentemente se sienten oprimidos cuando los creacionistas (en un sentido amplio o estricto) piden que sus propios argumentos sean oídos en público y considerados justamente. La insistencia de que los niños aprendan en la escuela que la evolución darwiniana es un hecho es, según su punto de vista, solamente para proteger la integridad de la educación de la ciencia; presentar el otro lado del caso significaría permitir que los fanáticos pudieran imponer su opinión sobre otros. Incluso los profesores de la universidad tienen prohibido expresar sus dudas sobre la evolución darwiniana en la clase, y se cree que la Constitución [americana] no sólo permite sino que exige tales restricciones sobre la libertad académica. Para explicar esta extraña situación debemos definir nuestro cuarto término: religión.

Religión 

Imaginemos que un escéptico argumenta que hay una falta de evidencia de creación biológica por medio de la selección natural y que en vista de estas circunstancias tendríamos que considerar seriamente que la posibilidad del desarrollo de la vida podría requerir un creador preexistente con un propósito. Para los científicos naturalistas esta sugerencia es "creacionista" y, por lo tanto, inaceptable desde un principio porque invoca a una entidad desconocida para la ciencia. Lo que es peor, sugiere la posibilidad de que este creador se puede haber comunicado de alguna manera con los hombres. En ese caso podrían haber verdaderos profetas con un conocimiento genuino de Dios que no serían ni impostores ni soñadores. Tales personas podrían ser rivales peligrosos tanto para los científicos como para las autoridades culturales.

¿Naturalismo y teísmo; o ciencia y religión? La filosofía naturalista ha elaborado una estrategia para prevenir que este problema surja: etiqueta el naturalismo como ciencia y el teísmo como religión. El primero está clasificado como conocimiento y el último como mera creencia. Esta distinción es de una importancia crítica ya que sólo el conocimiento puede ser válido para todos objetivamente; la creencia sólo es válida para el que cree y nunca debería ser divulgada como conocimiento. El estudiante que piensa que 2 y 2 son 5, o que el agua no está compuesta de hidrógeno y oxígeno, o que la teoría de la evolución no es verdad, no está expresando el punto de vista de una minoría. Ese estudiante es ignorante, y el trabajo de la educación es curar esa ignorancia y reemplazarla con conocimiento. De esta manera, los estudiantes de las escuelas aprenden a una temprana edad que "la evolución es un hecho", y a medida que va pasando el tiempo irán aprendiendo que la evolución significa naturalismo.

En pocas palabras, la proposición de que Dios estuvo de alguna manera involucrado en la creación está efectivamente desbancada e implícitamente negada. Esto se debe a que la evolución natural es por definición una categoría en el conocimiento científico. Lo que contradice el conocimiento es implícitamente falso o imaginario. Esta es la razón por la que es posible para los científicos naturalistas afirmar que por un lado, la ciencia no dice nada sobre Dios y por el otro que han dicho todo lo que se podía decir sobre Dios. En la filosofía natural ambas proposiciones son en el fondo las mismas. Todo lo que necesita ser dicho sobre Dios es que no hay nada que decir sobre Él, porque en ese tema no podemos tener conocimiento.

 Verdad

Nuestro quinto y último término es la verdad. La verdad como tal no es particularmente un concepto importante en la filosofía naturalista. Esto se debe a que la "verdad" exige un absoluto incambiable, donde el conocimiento científico es un concepto dinámico. Igual que la vida, el conocimiento se desarrolla y crece hacia formas superiores. Lo que era conocimiento en el pasado no es conocimiento hoy, y el conocimiento del futuro será con certeza claramente superior al que tenemos ahora. Solamente el mismo naturalismo y el carácter de validez única que posee la ciencia como el camino hacia el conocimiento son absolutos. No puede haber ningún criterio para la verdad fuera del conocimiento científico. No podemos acceder a ningún conocimiento de Dios.

Esta manera de entender la cosas persiste incluso cuando los científicos naturalistas emplean un lenguaje que parece religioso. Por ejemplo, el físico Stephen Hawking finalizó su famoso libro "Una Breve Historia del Tiempo" ("A Brief History of Time") con la predicción de que el hombre podría llegar a "conocer la mente de Dios". Esta frase hizo que algunos de mis amigos pensaran erróneamente que tenía alguna atracción por la religión teísta. Sin embargo, en su contexto, Hawking no se estaba refiriendo a un ser sobrenatural y eterno sino a la posibilidad de que el conocimiento científico llegará un día a ser completo y a abarcarlo todo, porque habrá explicado los movimientos de las partículas materiales en todas las circunstancias.

El monopolio de la ciencia en el conocimiento explica porqué los biólogos evolucionistas no encuentran que la pregunta de si la evolución darwiniana es verdadera tenga sentido. Admitirán sin problemas que la teoría está incompleta y que se necesita investigar más en los mecanismos de evolución. Sin embargo, en todo momento la teoría reinante de la evolución naturalista representa el estado del conocimiento científico sobre cómo llegamos a existir. Preguntar si este conocimiento es verdadero, es perder lo más importante de la ciencia y ponerte en evidencia al demostrar que has entendido mal cómo ésta funciona.

¿Darwinismo creyente? Hasta ahora he descrito las categorías metafísicas por las cuales científicos naturalistas han excluido el tópico de Dios de la discusión racional, y así los darwinistas se han asegurado que la creación naturalista del darwinismo es verdadera por definición. No hay necesidad de explicar por qué los ateos sienten simpatía por este sistema de control del pensamiento. Lo que es un poco más difícil de entender, por lo menos al principio, es el fuerte apoyo que el darwinismo continúa recibiendo del mundo académico cristiano. Los intentos de investigar la credibilidad de la historia de la evolución darwiniana están considerados con poco entusiasmo por muchos profesores importantes de ciencia y filosofía cristianos, incluso en instituciones que están generalmente consideradas como teológicamente conservadoras. Dado que el darwinismo es inherentemente naturalista, y por lo tanto antagonista a la idea de que Dios tenga algo que ver con la historia de la vida, y que juega un papel central en asegurar la dominación agnóstica de la cultura intelectual, uno podría haber supuesto que los intelectuales cristianos (juntamente con los judíos religiosos) estarían ansiosos por encontrar puntos débiles.

En vez de esto, la opinión dominante entre profesores cristianos ha sido que el darwinismo o la "evolución", como ellos lo llaman, es insuperable, y que puede ser interpretada para ser consistente con la creencia cristiana. De hecho, el darwismo es insuperable siempre y cuando una acepte las categorías del pensamiento del naturalismo científico que he estado describiendo.

¡No hay salida posible! El problema es que aquellas mismas categorías de pensamiento hacen del teísmo cristiano, o de cualquier otro teísmo, absolutamente insostenibles. Si la ciencia tiene la autoridad exclusiva para decirnos cómo fue creada la vida, y si la ciencia está comprometida con el naturalismo, y si la ciencia nunca rechaza un paradigma hasta que esté confrontado con una alternativa naturalista aceptable, entonces la posición de los darwinistas es inexpugnable dentro de la ciencia. No obstante, el mismo razonamiento que hace al darwinismo inevitable, también excluye el que Dios lleve a cabo cualquier acción dentro de la historia del cosmos, lo que quiere decir que hace que el teísmo sea ilusorio. El naturalismo teísta es contradictorio en si mismo.

¿Evolución y Dios?

Algunos esperan evitar la contradicción afirmando que el naturalismo sólo reina dentro del campo de la ciencia y que hay un campo separado llamado "religión" en el cual el teísmo puede florecer. El problema con este arreglo, como ya hemos visto, es que en una cultura naturalista se ven las conclusiones científicas como conocimiento o incluso como un hecho. Lo que esté fuera del hecho es fantasía o, como mucho, una creencia subjetiva. Por lo tanto, los teístas que adoptan el naturalismo científico nunca afirman que su Dios es verdadero en el mismo sentido que afirman que la evolución es verdadera. Esta regla es esencial para todo el pensamiento que produjo el darwinismo en el inicio.

Si Dios existiera, podría trabajar a través de mutaciones y selección si eso fuera lo que quería hacer, pero también podría crear por algún otro medio totalmente fuera del conocimiento de la ciencia. Sin embargo, una vez hemos incluido a Dios en la creación, no hay una buena razón para atribuir la creación de complejidad biológica a mutaciones casuales y a la selección natural. La evidencia directa de que estos mecanismos tienen un poder de creación substancial no se encuentra en la naturaleza, ni en el laboratorio, ni en el registro fósil. Por lo tanto un paso esencial en el razonamiento que establece que la selección darwiniana creó las maravillas de la biología, es que no había otra explicación posible. El teísmo es por definición la doctrina de que hay otra explicación posible.

Puede que la contradicción sea difícil de ver cuando está afirmada a nivel abstracto, así que pondré un ejemplo más concreto. Las personas que son de la posición llamada "evolución teísta" son, según mi experiencia, muy imprecisas sobre lo que quieren decir con "evolución". Tienen una buena razón para ser imprecisas. Como ya hemos visto, la evolución darwiniana, por definición, no está dirigida ni tiene propósito, y tal evolución no puede tener un sentido teísta en absoluto. Para que la evolución sea genuinamente teísta debe ser guiada por Dios, esto puede significar que Dios programó el proceso por adelantado o que intervino de vez en cuando para darle un empujón hacia la dirección correcta. Para los darwinistas, la evolución guiada por Dios es una débil forma de creacionismo, que es lo mismo que decir que no es una evolución en absoluto. Para repetir, este entendimiento está en el corazón del pensamiento darwinista: si permitimos que una inteligencia sobrenatural preexistente sea la guía de la evolución, hay que aceptar entonces que este ser omnipotente puede hacer mucho más que eso.

Por supuesto, los teístas pueden pensar en la evolución como algo guiado por Dios, les guste o no a los darwinistas naturalistas. Sin embargo, el problema de tener una definición particular para los teístas es que los científicos naturalistas tienen el poder de decidir lo que significa el término "evolución" en el discurso público, incluyendo las clases de ciencias en los colegios. Si los teístas evolucionistas divulgan el mensaje de que la evolución, como ellos la entienden, es inofensiva para la religión teísta, están engañando a sus constituyentes a menos que añadan una clara advertencia de que la versión de la evolución defendida por la ciencia es algo diferente que lo que defienden ellos. No obstante, esta advertencia nunca ha sido hecha con claridad porque el punto central de la evolución teísta es preservar la paz con la comunidad científica en general. Por lo tanto los teístas evolucionistas sin saberlo, sirven a los propósitos de los científicos naturalistas ayudándoles a convencer a la comunidad religiosa de que bajen la guardia contra la incursión del naturalismo.

¿Qué es el darwinismo? Ahora estamos en una posición para contestar la pregunta con la que ha comenzado el discurso. ¿Qué es el darwinismo? El darwismo es una teoría de la ciencia empírica solamente al nivel de la microevolución, que provee el marco para explicar cuestiones como la diversidad que se produce cuando pequeñas poblaciones son reproductivamente aisladas del cuerpo general de las especies. El darwinismo, como teoría general de la creación biológica, no es en absoluto empírico. Por el contrario es una implicación necesaria de la doctrina filosófica del naturalismo científico, que está basada en la asunción "a priori" de que Dios estuvo siempre ausente de la naturaleza. Como tal, la evolución en el sentido darwiniano es inherentemente una antítesis del teísmo aunque la evolución en un sentido totalmente diferente y no naturalista podría haber sido el método que escogió Dios para la creación.

En 1874, el gran teólogo presbiteriano Charles Hodge hizo la pregunta que yo he formulado: ¿Qué es el darwinismo? Después de una evaluación cuidadosa y completamente objetiva, su respuesta fue inequívoca: "Es ateísmo". Otra manera de exponer la proposición es decir que el darwinismo es la respuesta a una pregunta específica que crece del naturalismo científico. Volvamos al juego de "Jeopardy" con el cual empezamos, digamos que la respuesta es el darwinismo. Entonces, ¿cuál es la pregunta? La pregunta es: "¿Cómo debió ocurrir la creación si asumimos que Dios no tuvo nada que ver con ella?" Los teístas evolucionistas consiguen muy poco al intentar cristianizar la respuesta a la pregunta que viene directamente del naturalismo científico. En vez de eso, lo que necesitamos hacer es cambiar la asunción de que las únicas preguntas que valen la pena preguntar son las que asumen que el naturalismo es cierto.

Notas

1. Niles Eldredge, Time Frames (Heinemann, 1986), p.144

2. Ibid., p.93

3. Stephen Jay Gould, "Is a New and General Theory of Evolution Emerging?" Paleobiología, 6 (1980), 119-130, reeditado en Maynard Smith, ed., Evolution Now: A Century After Darwin (W.H. Freeman, 1982).

4. Ver Stephen Jay Gould, "Impeaching a Self-Appointed Judge", Scientific American, (Julio 1992), 118-122. Scientific American se negó a publicar mi respuesta a este ataque pero la respuesta apareció en el ejemplar de marzo de 1993 de Perspectives on Science and Christian Faith, la revista de the American Scientific Affiliation.

5. Thomas S. Kuhn, The Structure of Scientific Revolutions, 2ª edición, (Chicago: University of Chicago Press, 1970), p.79.

(Originalmente, este documento fue presentado como un discurso en una reunión en Hillsadale College, en Noviembre de 1992. Los documentos de la reunión se publicaron en la colección de Man and Creation: Perspectives on Science and Theology (El Hombre y la Creación: Perspectivas sobre la Ciencia y la Teología) , Ed. Bauman 1993, por Hillsdale College Press, Hillsdale MI 49242.)

© Philip E. Johnson. Profesor de Derecho. Universidad de California, Berkeley. Todos los derechos internacionales reservados. Usado con permiso.

Traducción de Cristina Palomeque Kovacs.

 

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