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Los Problemas de Darwin (Parte I)

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Los Problemas de Darwin (Parte I)

¡Muchas personas creen que la llamada Teoría de la Evolución, es ya un hecho científico. Aunque la mayoría de los científicos defienden la evolución, es un secreto a voces que dicha teoría está plagada de inconsistencias y que las faltas de evidencia que la sostengan es considerable.

En estos artículo, en lenguaje sencillo, se nos enseñaba las áreas donde “Darwin” tiene problemas.

Este es el primero de cuatro artículos

El problema de lo obvio
El problema de la complejidad inversa
El problema de los sistemas irreductiblemente complejos
El problema de la supervivencia de formas intermedias
El problema de los modelos ausentes
El problema del comienzo de la vida
El problema de las mutaciones perjudiciales
El problema de la improbabilidad matemática
El problema de la cosmología


El problema de lo obvio (Ir arriba)

El asunto de la evolución en contra de la creación se reduce fundamentalmente a esta pregunta: ¿es la vida el resultado de una casualidad fortuita, o es la vida el resultado de un diseño inteligente, efectuado por un Creador magnífico, con un propósito específico?

A un nivel muy elemental, uno se enfrenta con algo que parece ser obvio—de que por lo menos parece haber un diseño inteligente. Vivimos rodeados por las evidencias de orden y de diseño. El famoso evolucionista Richard Dawkins, en su libro The Blind Watchmaker (El relojero ciego), escrito en 1986, reconoce este problema cuando declara: “La biología es el estudio de elementos complicados que dan la apariencia de haber sido diseñados con un propósito” (7, p. 76).

Si uno estuviera buscando piedras a la orilla de un arroyo, sería más que obvia la diferencia entre piedras que han sido formadas por la erosión que produce la arena y el agua, y una punta de flecha de piedra. Uno es el producto de procesos naturales; el otro es el resultado de un diseño inteligente.

Si se le preguntara a un evolucionista si el reloj que utiliza se creó por si mismo, él dirá que no. Tal conclusión es obvia. Pero los sistemas biológicos son vastamente más complejos que un reloj. Tendría que ser igualmente obvio que una mano, o un ojo, o aún una ameba tienen que haber sido diseñadas.

De la misma manera, cuando uno observa el nido de un pájaro, todo el mundo toma por sentado que fue construido por un ave. Igualmente, la existencia de una computadora demanda que haya un diseñador de computadoras. La creación demanda un creador.


El problema de la complejidad inversa (Ir arriba)


El bioquímico Miguel Behe escribió un libro en 1996 que lleva como título Darwin’s Black Box: The Biochemical Challenge to Evolution (La caja negra de Darwin: el desafío bioquímico de la evolución). El libro representa un trabajo clave en el tema de la evolución.

En el libro, Behe explica que la teoría de la evolución fue formulada sobre la suposición de que la vida está construida sobre niveles que van de lo sencillo a lo complejo. Es decir, las primeros formas de vida fueron simples y niveles de mayor complejidad fueron añadidos según continuaron los procesos evolutivos. Además, esta suposición declara que las formas de vida celular eran sencillas y que los seres más complejos eran nada más que combinaciones de estas sencillas células. Pero desde la invención del microscopio electrónico en los años 1950, ha sido posible mirar a la célula y ver que esta suposición, que es fundamental para sostener la teoría de la evolución, es errónea.

Una sola célula contiene tantos datos como las letras individuales en la biblioteca más grande del mundo—más o menos unos 3,000,000,000,000 bits de información (10, p. 110). Hoy nos vemos abrumados y admirados por los entidades químicos de códigos, nucleótidos, genomas, transmisores neurales, ribosomas y otros tantos descubrimientos que han demostrado la magnificencia de la célula. A nivel de la microbiología, la vida es increíblemente compleja.


El problema de los sistemas irreductiblementes complejos  (Ir arriba)
Además, Behe sigue explicando que la vida a nivel celular no es meramente compleja sino que es “irreductiblemente compleja”. Lo explica de esta manera. Tomemos una ratonera. La trampa está compuesta de varias partes que deben funcionar juntas—la plataforma, el gancho para el cebo, el resorte y el alambre grueso que sirve de martillo. Cada componente es necesario. Si la trampa ha de funcionar correctamente, todas las partes tienen que estar integradas perfectamente y tener la fuerza necesaria para cumplir su finalidad. Una ratonera a medio hacer no es parcialmente funcional —simplemente no funciona.

En un sistema complejo, todas las partes tendrían que desarrollarse simultáneamente. Aquí es donde radica el problema de la evolución, en que la teoría se basa sobre pequeñas mutaciones independientes que no tienen un plan diseñado. Pero la existencia misma de sistemas complejos, con elementos interdependientes, desafían la teoría con rotundidad. ¿Podría una actividad aleatoria e independiente, producir sistemas irreductiblemente complejos?

En su libro, Behe describe en detalle la composición química de varios sistemas orgánicos complejos, incluyendo la coagulación de la sangre, el cilio, el flagelo y los sistemas inmunes. Cada sistema está relacionada entre sí con gran delicadeza y complejidad. Por cierto, estos sistemas son tan complejos que a la luz de nuestro conocimiento actual de la bioquímica, la teoría de la evolución llega a ser intelectualmente insostenible, por no decir imposible.

El flagelo, por ejemplo, consiste de numerosas partes especializadas e interrelacionadas entre sí, que trabajan conjuntamente como una máquina en miniatura. Estas máquinas moleculares no tienen una explicación en el sistema Darwiniano. Behe da otra ilustración: una trampa para cazar animales en el bosque. La trampa sencilla consiste en un pequeño árbol que ha sido doblado hacia la tierra para crear un mecanismo de resorte. En la punta del árbol hay una soga que sirve para enganchar y ahorcar a la presa. Y hay un mecanismo sencillo sobre el suelo que activa la trampa cuando es pisada por algún animal. Si se encontrara uno en el bosque con una trampa parecida, tendría que llegar a la conclusión de que había sido diseñada inteligentemente y con un propósito, y no que era el resultado de un proceso casual.

O considere el cerebro humano. El número total de conexiones en el cerebro humano es alrededor de mil millones. Nuestro cerebro, que pesa aproximadamente un kilo y medio, puede pensar, planear y contemplar todos los misterios del universo. La mente puede recordar el nombre de alguien que ha estado guardado en la memoria por 50 años. ¿Cómo podría la materia inanimada haber creado la mente humana? ¿Cómo podría el cerebro humano haber sido creado por la materia inerte sin la ayuda de alguna clase de inteligencia sobrenatural? Toda persona tiene la libertad de creer lo que quiera, pero nosotros proponemos que ni el sentido común, ni el análisis científico, apoyan la idea de que los sistemas complejos vivos se crearon a sí mismos de la nada a través de un proceso fortuito.


El problema de la supervivencia de formas intermedias (Ir arriba)
Otra razón por la que los sistemas irreductiblemente complejos representan un desafío mayúsculo a la Evolución es el de la supervivencia de formas intermedias. La evolución sostiene que organismos más complejos fueron edificándose por medio de un proceso consistente en cambios diminutos a lo largo de períodos muy largos de tiempo. Pero la evolución requiere que los diversos organismos con sus respectivos pequeños cambios sobrevivan, es decir, que cada cambio tenga la capacidad de sobrevivir. Darwin mismo declaró: “La selección natural sólo puede actuar por medio de la preservación y la acumulación de las pequeñísimas modificaciones heredadas, cada una de ellas resultando beneficiosa para el ser preservado”.

Si nos fijamos en cada componente del ejemplo de la ratonera, podemos comprender que no hay ningún valor en la existencia de cada una de las partes separadas del sistema completo. Más aún, para que el sistema funcione, todas los componentes tienen que estar juntos. Si falta una parte, o si una de las partes no tiene la forma o el tamaño adecuado, no ha de funcionar. Si la ratonera fuera un sistema viviente, según la teoría de evolución, al ir desarrollándose, cada componente tendría que esperar pacientemente hasta que se desarrollaran los otros componentes. Pero sin un plan maestro, sin un “diseño”, cada componente no hubiera esperado—hubiera muerto.

En el caso de organismos vivientes, los componentes “intermedios” muy probablemente hubieran sido perjudiciales en cuanto a la supervivencia. Por ejemplo, en la coagulación de la sangre, el mecanismo es delicado en extremo. Demasiada o poca coagulación y el organismo moriría. Un sistema intermedio con demasiada o con poca coagulación no tendría el valor de supervivencia necesario como para llevar adelante el “experimento” y tratar de encontrar la combinación precisa. El proceso evolutivo hubiera sido abortado.

El concepto de la complejidad irreductible puede ser fácilmente entendido cuando se trata de sistemas grandes. Los evolucionistas sugieren, por ejemplo, que las patas delanteras de los animales fueron evolucionando en alas. Pero ese proceso tendría formas de vida intermedias que serían un estorbo a la hora de trepar o de agarrar mucho antes de que fueran útiles para planear, poniendo a estas hipotética criatura intermedias en gran desventaja, no en ventaja para la supervivencia.

El biólogo Gary Parker (anteriormente un evolucionista), usa el ejemplo del pájaro carpintero (14, páginas 56 a 61). Él explica como este pájaro necesita una combinación de adaptaciones—un cráneo fuerte, un pico duro, tejidos que puedan amortiguar los golpes, una lengua pegajosa y buena coordinación de nervios y músculos. Aunque este pájaro tuviera todas las otras características, si no tuviera un cráneo fuerte, por ejemplo, su cráneo se colapsaría cuando martillara la madera con la gran fuerza que lo hace,. No habría ningún valor de supervivencia en el estado intermedio del pájaro carpintero, y por lo tanto, no produciría progenie que continuara el proceso de evolución hasta llegar a una pájaro carpintero “completo”.

Si uno tuviera la posibilidad de examinar un modelo de la rodilla humana en un consultorio médico quedaría impresionado por la combinación de cartílago, músculo, ligamentos y hueso que deben trabajar en una combinación exacta para que la rodilla funcione. Si uno de los ligamentos fuera débil, toda la rodilla fracasaría y la supervivencia de cualquier animal con rodillas quedaría en duda.

Otro ejemplo: el ojo humano es tan complejo que hasta Darwin mismo, con su conocimiento limitado de la química, se dio cuenta que el ojo humano presentaba un gran problema para su teoría. El ojo es capaz de enfocarse instantáneamente en diferentes distancias y controlar la cantidad de luz que recibe desde la oscuridad total hasta el resplandor más brillante del sol, y de transmitir a la mente todo en colores. Una cámara fotográfica sofisticada puede existir únicamente como resultado del diseño y la labor de sus creadores. Cuánto más tenemos que conceder lo mismo en el caso del ojo humano con su mayor complejidad.

El evolucionista F. Hitching, en su libro, The Neck of the Giraffe (El cuello de la jirafa) escrito en 1982, pondera sobre el ojo: “¿Sería de veras plausible de que a través de miles y miles de mutaciones al asar se podrían lograr que el lente y la retina, que no pueden trabajar uno sino el otro, evolucionaran en forma sincronizada? ¿Qué valor de supervivencia podría tener un ojo que no ve?” (1, páginas 36 a 39). Y estos hombres ni siquiera tomaron en cuenta en sus declaraciones la complejidad química del ojo. Behe dedica cuatro páginas en su libro sólo a describir la bioquímica de la visión (1, páginas 18 a 22).

El biólogo molecular Michael Denton hace una analogía con el lenguaje. Él explica que en la estructura de una frase rápidamente se hace evidente que hay límites en conseguir hacer una frase con sentido a partir de otra a la cual cambiamos una letra a la vez. Por ejemplo cómo podríamos llegar a “Él se sentó en la silla” a partir de “Él se paró en la silla”? Para lograrlo tendríamos que pasar por varios cambios, cada uno de los cuales carecería de sentido. (El primer cambio, por ejemplo, podría ser “Él se pentó en la silla.”)

Aún cuando los sistemas complejos son capaces de sufrir algún grado de cambio funcional, invariablemente habrá un límite. “Él se sentó en la silla” puede pasar a ser “Él se sentó en la villa” en un sólo paso, pero no podrá convertirse en “Él se paró en la silla” en los pasos sencillos requeridos por la evolución. (2, págs. 87-91)


El problema de los modelos ausentes (Ir arriba)

Behe hace un desafío constante a la comunidad científica por su falta de modelos mecanicistas para la evolución. Él dice que no se ha elaborado ningún modelo para explicar los detalles de la evolución de sistemas específicos.

Por ejemplo, el señala que en las últimas décadas probablemente se han publicado diez mil artículos sobre los cilios. Sin embargo, ningún artículo creíble se ha aventurado a sugerir un posible mecanismo evolutivo para el sistema. La literatura de la biología evolutiva típicamente es poco más que cuadros de vagas palabras. Por ejemplo, Behe señala que lo único que se les ocurre a los científicos cuando describen la coagulación de la sangre es que el factor de tejidos “aparece”, que el fibrógeno “nace”, que el antiplasma “surge” y las proteínas enlazadas son “desatadas”, y así por el estilo. (1, páginas 67 a 69, 93). Él llanamente dice que, “El hecho es que nadie en el planeta tiene la más vaga idea sobre cómo la coagulación surgió”. (1, pág. 97)

Además, Behe añade que “De hecho, ninguno de los artículos publicados por JME (Journal of Molecular Evolution – Boletíin de Evolución Molecular) durante toda su existencia como revista científica ha propuesto algún modelo detallado por el cual un sistema bioquímico complejo podría producirse a través de un proceso gradual, paso a paso, al estilo Darwiniano… El mero hecho de que ninguno de estos problemas es tratado, mucho menos resuelto, es una indicación muy fuerte de que la teoría Darwiniana es un marco de referencia inadecuado para comprender los orígenes de los sistemas bioquímicos complejos” (1, p. 176). Él hace una afirmación dramática al declarar: “Nunca se ha celebrado una reunión, o escrito un libro o un artículo que dé los detalles de la evolución de los sistemas bioquímicos complejos” (p. 179).

En una entrevista radial hecha en 1997, Behe dijo que nadie ha respondido a sus desafíos públicos a la comunidad científica a que ésta presente modelos específicos, ¡confirmando que no existe ninguno! En tanto, aún los no científicos tienen que comenzar a preguntar, ¿es científica la teoría de la evolución o es otra cosa?


El problema del comienzo de la vida (Ir arriba)

Es notable el fracaso de los científicos en producir vida en una probeta. En los años 1960 hubo una gran agitación sobre esta posibilidad pero la siguiente cita expresa el estado actual en relación a este tema. Fue escrito por Klaus Dose, un bioquímico prominente que investiga en esta área:

“Por más de 30 años los experimentos sobre el origen de la vida en las áreas de la evolución química y molecular sólo han logrado ofrecer una mejor percepción de la inmensidad del problema del origen de la vida sobre la Tierra pero nada en cuanto a una solución. Actualmente todas las discusiones en relación a las teorías principales y a experimentos en este campo, o terminan en la nada o en una confesión de ignorancia”. (1, p. 168).

La ciencia moderna ha confirmado el principio de la biogénesis, o sea, que la vida solo puede surgir de otra vida.

Con relación a la “sopa pre-biótica” de la que supuestamente surgió la vida, no existe razón para creer que existiera ni tampoco que la vida tienda a surgir aún cuando está presente una mezcla correcta de componentes químicos. La química moderna indica que, de hecho, los componentes orgánicos producidos en el mundo primitivo estarían expuestos a reacciones químicas que los haría inadecuados para producir vida. Como tal, la evidencia científica sigue aportando cada vez más pruebas en contra de la evolución (5, páginas 102 a 112; 14, 17 a 38; y 2, 249 a 273).

Pero la pregunta debe ser formulada, si los científicos pudieran producir vida en el laboratorio, ¿comprobaría eso la evolución o, probaría la importancia de la intervención inteligente? Nosotros proponemos que demostraría lo último. Por ahora, el mundo espera que los evolucionistas nos demuestren alguna evidencia a favor de su teoría.


El problema de las mutaciones perjudiciales (Ir arriba)

La evolución pone mucho peso en las mutaciones como el proceso por el que se producen mejoras en los organismos a través del azar. Pero la evidencia no apoya esto. En lugar de mejoras las mutaciones tienden a mostrar deterioro. Por cierto, el 99.99 por ciento de la mutaciones son perjudiciales, aún letales. Como Parker explica en su libro (14, páginas 95 a 104), casi todas la mutaciones que conocemos son identificadas por la enfermedad o anormalidad que producen, y no por sus beneficios. Por ejemplo, en los humanos la hemofilia es una mutación de un factor de la coagulación. La enfermedad de Tay-Sach es aparentemente provocada por una mutación en el gen que produce enzimas cruciales para la función cerebral.

Por cierto, los seres humanos somos propensos a unos 3,500 desórdenes producidos por las mutaciones. La razón por la que no se revelan con más frecuencia es que tenemos dos conjuntos de genes y el conjunto bueno tiende a “cubrir” el malo.

Casi el único ejemplo que se da para demostrar una mutación positiva lo es la anemia drepanocítica. Los personas que sufren anemia drepanocítica son resistentes a la malaria. Pero la anemia drepanocítica es una enfermedad; mata gente. Además, esta mutación no produce información genética que produzca nuevas especies. Por lo tanto es un ejemplo inadecuado para sostener la teoría de evolución.

Las mutaciones dañinas son 1,000 veces más comunes que las buenas. Para creer que las mutaciones son el mecanismo para la evolución es comparable a decir que si uno se ubica frente a una máquina de rayos “x” por suficiente tiempo, ha de recibir beneficios positivos para su salud. O, si las mutaciones son sólo equivocaciones, se podría decir que la evolución es comparable a un mal mecanógrafo a quien se la ha asignado la tarea de copiar una novela barata pero termina produciendo por el azar una obra de Shakespeare. La probabilidad que los cambios casuales (por cualquiera que fuera la causa) en la genética sean beneficiosas a un organismo sería igual que decir que los cambios hechos al azar en el circuito de un televisor puedan crear un mejor aparato.

Pierre Grasse, considerado el “decano de la zoología francesa” ha dicho que las mutaciones son “nada más que fluctuaciones hereditarias alrededor de un punto céntrico; un giro a la derecha, un giro a la izquierda, pero sin ningún efecto final en la evolución”. Además declara que “la mutaciones no son complementarias ni cumulativas”. Es decir, no conducen a nada. Aunque Grasse aún sigue buscando algún mecanismo adecuado para explicar la evolución, admite que la mutación-selección no lo es (14, páginas 104 a 110).

La evolución tiene que ver con la idea de que nuevos organismos se desarrollaron a través una mayor cantidad y calidad de información genética. Proponemos que pensar que las mutaciones podrían producir aún teóricamente una mayor cantidad y calidad de información genética se acerca a lo absurdo.

Finalmente, se podría argumentar que la existencia misma de las mutaciones presupone un acto creativo. Pero las mutaciones sólo son cambios en los genes que ya existen. La mutación, entonces, es un resultado y no una causa.

Phillip Johnson lo explica de esta forma: “La única razón para creer en el tipo y en la cantidad de mutaciones que se necesitan para sostener la evolución del tipo de ‘relojero ciego’, es el hecho que la teoría lo requiere” (7, páginas 80 y 81).


El problema de la improbabilidad matemática  (Ir arriba)

Muchos matemáticos han mirado a la ciencia de las probabilidades para encontrar ayuda para apoyar la teoría de la evolución. ¿Podría haber ocurrido ésta por casualidad?

A continuación siguen algunas cifras. Para ilustrar la magnitud de estos números, y con el fin de hacer una comparación, tome en cuenta que el número de electrones en el universo llega a 10 a la 80 (un 10 seguido de 80 ceros).

El matemático William Dembski ha calculado que si la probabilidad de que algo ocurra es de menos de uno en 10 a la 150, no hay ninguna posibilidad de que ocurra por casualidad en ningún momento de la historia cósmica por cualquier proceso que se pudiera concebir. Además él hace la estimación de que la probabilidad de la evolución de la primera célula es de uno en 10 a la 4,478,146 (Revista Impact, Noviembre 1999).

En relación a la posibilidad de que el universo pudiera producirse a sí mismo por casualidad, el investigador Hugh Ross ha explicado que existen dos grupos de elementos interrelacionados: primero, la característica única que tiene nuestro mundo para sustentar la vida, y segundo, que la vida pudiera surgir sobre un planeta con dichas características por el azar. Él calcula que la probabilidad de esto sería uno en 10 a la 100,000,000,000 (Revista Facts and Faith, 2° cuatrimentre 1998).

Sin embargo, algunos dicen que, dado suficiente tiempo, la evolución podría ocurrir. Pero eso sería lo mismo que decir que si uno pusiera todos los componentes de una computadora en una máquina de lavar ropa, y la hiciera andar por suficiente tiempo, los componentes se armarían por sí mismos en una computadora que funcionara. Pero eso no ha de ocurrir, no importa el tiempo que transcurra.

El matemático/astrónomo Fred Hoyle lo describe de otra manera. El dice que la probabilidad de que la evolución creara el mundo viviente por casualidad es como creer que “un tornado pasando por un depósito de chatarra podría armar un avión Boeing 747 a partir de los materiales que haya allí” (ver Evolution from Space – La evolución del espacio, 1981).

Denton llega a la conclusión que la ciencia de la probabilidad “llega muy cerca a refutación de todo el paradigma Darwiniano de la naturaleza. ¿Cuál pudiera ser la extraña capacidad de los organismos vivientes de ir en contra de las leyes de la probabilidad que son obedecidos por todos los complejos sistemas análogos” (2, p. 316).

Por muchos años los evolucionistas se han enfrentado a cifras semejantes. Si ellos pudieran llegar a una cifra que estuviera dentro de lo posible, estarían haciendo grandes alardes en cuanto a ese hecho. Pero no han podido hacerlo. La vida fue diseñada, no evolucionó. Lo correcto de esta conclusión es el inverso de la probabilidad de la eliminación de la evolución, que sería 10 (a la 4,478,296) a uno.

Hay algo más que podemos decir. Dado todas las probabilidades en contra de la evolución, si la evolución ocurriera, sería un milagro—y eso sería prueba de la existencia de Dios.

El problema de la cosmología (Ir arriba)

La cosmología es el estudio de los principios que gobiernan el universo. Las leyes de la física, asumiendo la no intervención de parte de Dios, pronostican un universo uniforme y homogéneo. Esto se basa en la uniformidad del gas que los evolucionistas creen que ocupaba y llenaba originalmente al universo. Pero en vez de ser uniforme, el universo no es homogéneo, tiene áreas vacías y áreas llenas de galaxias. A la verdad, la mera existencia de galaxias, estrellas y planetas es un gran rompecabezas para los evolucionistas (3, p. 155).

Existen numerosas evidencias del ajuste fino del universo que sugieren un diseño inteligente. Hugh Ross hace una lista de cincuenta leyes y parámetros científicos que son tan nítidamente precisas que sin ellas la vida no podría existir. Estos incluyen: fuerza nuclear constante, la constante de fuerza electromagnética, la polaridad de las moléculas del agua, la proporción entre protones y electrones, la velocidad de la luz, la proporción entre el oxígeno y el nitrógeno en la atmósfera, el color de las estrellas, etc. (11, páginas 160 a 168). Por ejemplo, se ha comprobado que la probabilidad de que un universo propicio para la vida y que sea el resultado del supuesto “Big Bang” es ínfimo. Si el grado de expansión de la Gran Explosión hubiera sido una parte en cien mil millones de millones más débil, el universo se hubiera colapsado. Pero si hubiera sido una parte en un millón más fuerte, el universo se hubiera expandido demasiado rápido como para que se formaran las estrellas.

La Biblia declara que “los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento proclama la obra de sus manos” (Salmo 19:1). Dios se revela a los hombres en una forma clara y convincente por medio de las cosas que él ha hecho. Además, la Biblia declara que la persona que no los quiere ver está sin excusa. Es ciego porque elige serlo. A través de su postura filosófica, está mirando lo que desea ver y está cerrando sus ojos al resto(Romanos capítulo 1).

Los Problemas de Darwin (Parte 2)


NOTAS:

1 Behe, Michael, J., Darwin's Black Box, The Biochemical Challenge to Evolution, The Free Press, 1996. www.intelligentdesign.org.
2. Denton, Michael, Evolution: A Theory in Crisis, Adler & Adler, 1986.
3. Gish, Duane T., Ph.D., Creation Scientists Answer Their Critics, Institute for Creation Research, 1993. Web site: www.icr.org.
4. Ham, Kenneth A., The Lie: Evolution, Master Books, 1997. www.AnswersInGenesis.org.
5. Johnson, Phillip E., Darwin on Trial, InterVarsity Press, 1993. www.origins.org.
6. Johnson, Phillip E., Defeating Darwinism by Opening Minds, InterVarsity Press, 1997.
7. Johnson, Phillip, Reason in the Balance, The Case Against NATURALISM in Science, Law & Education, InterVarsity Press, 1995.
8. Kennedy, D. James, Why I Believe, Word Publishing, 1980.
9. Lubenow, Marvin L., Bones of Contention, A Creationist Assessment of Human Fossils, Baker Book House, 1992
10. Moore, David T., Five Lies of the Century, Tyndale House Publishers, 1995
11. Moreland, J. P., editor, The Creation Hypothesis, Scientific Evidence for an Intelligent Designer, InterVarsity Press, 1994.
12. Morris, John D., Ph.D., The Young Earth, Creation-Life Publishers, Inc., Master Books Division, 1994.
13. "Mount St. Helens, Explosive Evidence for Catastrophe," Institute for Creation Research.
14. Parker, Gary, Creation Facts of Life, Master Books, 1994.
15. Spetner, Lee, Not By Chance! Shattering the Modern Theory of Evolution, The Judaica Press, Inc., 1997

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Usado con permiso.
Traducción de David Constance

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