Categoria: Cristianismo y la Ciencia

"Ustedes perdieron" (Darwing y el Diseño)

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Introducción
Los Darwinianos No Darwinianos
Charles Darwin
Herbert Spence
Thomas H. Huxley
Deducción a partir de una Filosofía
Darwin y el Diseño
"Cada Frívolo Detalle"
La Política de la Ciencia
Preguntas


 

Introducción: "Ustedes Perdieron": ¿Es el Diseño un Tema Cerrado?
(Contexto histórico de la Teoría Evolutiva darwiniana)

El escenario era uno de esos coloridos debates sobre la evolución que los científicos detestan pero que al público le fascinan. Los combatientes en este caso eran Vincent Sarich y el creacionista Duane Gish. Eventualmente Sarich se volvió hacia Gish exasperado y acusó al debate de ser un ejercicio redundante. Después de todo, dijo, el mismo debate había sido llevado a cabo cien años atrás, y “ustedes perdieron”. (1) En otras palabras Sarich estaba diciendo, la creación fue desacreditada en el siglo diecinueve por Darwin, así que, ¿por qué están resucitando un asunto muerto?

Se asume comúnmente que la batalla contra el darwinismo fue emprendida en el siglo diecinueve, y que Darwin ganó porque su teoría fue apoyada por la evidencia científica. Para citar tan sólo dos ejemplos, el zoólogo Ernst Mayr asegura que “Darwin resolvió el problema de la teleología, un problema que había ocupado las mentes más brillantes durante 2000 años desde Aristóteles”. Douglas Futuyma escribe que “Al unir variaciones no dirigidas, sin propósito, al proceso ciego y descuidado de la selección natural, Darwin hizo de las explicaciones teológicas o espirituales del proceso de la vida, superfluas”. (2) En el mundo moderno, la teoría de Darwin tiende a ser aceptada por cada nueva generación por la sencilla razón de ser parte del punto de vista dentro del cual somos criados y educados.

Sin embargo yo sugiero que hay buenas razones para volver al campo de batalla y preguntar si ella fue ganada justa y honestamente. Me propongo mostrar que la batalla no fue ganada por Darwin en el sentido que normalmente se da a entender: Argüiré que Darwin fue un punto decisivo en la biología, no tanto porque la evidencia empírica fuera persuasiva, sino principalmente porque su teoría probó ser útil en el avance de una filosofía particular —una filosofía de ciencia, primero que todo, y en muchos casos una posición metafísica general también.

En la cultura moderna, se ha estado de acuerdo en la autoridad intelectual de la ciencia para definir la forma en que el mundo "realmente es". El poder persuasivo de la teoría darwiniana se deriva del aura de realidad científica que la rodea. Si pudiera mostrarse que históricamente la motivación científica primaria para el avance de la causa darwiniana no fue tan científica como filosófica, entonces la teoría perdería mucho de su carácter persuasivo, ya que los científicos tienen autoridad para decirnos cómo funciona el mundo natural, pero no tienen una autoridad similar para decirnos qué filosofía debemos abrazar. Si la motivación para aceptar el darwinismo fue primeramente filosófica, entonces nosotros en el siglo veinte tenemos justificación para pedir la resurrección del viejo debate.

En este capítulo examinaré primero los escritos del núcleo de defensores de Darwin en el siglo diecinueve. Contrario a una idea que se tiene en común pero que es falsa, Darwin no ganó realmente a muchos contemporáneos para que se adhirieran a su teoría. Incluso aquellos que se identifican a sí mismos como defensores, de hecho muchas veces no aceptaron su teoría de la selección natural. No fue hasta las décadas de 1930 y 1940, con el desarrollo de la síntesis moderna (es decir, la combinación de la teoría de Darwin con los hallazgos de la genética), que la selección natural fue finalmente aceptada como el mecanismo central de la evolución. Aquellos que insisten en que Darwin cerró el asunto, están leyendo en forma anacrónica en la historia los puntos de vista adoptados por la mayoría de los biólogos modernos.

¿Por qué, entonces, Darwin llegó a ser el punto central del debate en el siglo diecinueve, aun para muchos que no aceptaban su teoría? La respuesta tiene que ver con un cambio de dirección en la filosofía de la ciencia, de una epistemología más antigua que aceptaba a la mente como una causa real en la naturaleza, a una epistemología nueva que no admitía nada diferente a las causas naturales. La teoría de Darwin parecía mostrar que una explicación completamente naturalista de las cosas vivientes era posible; como resultado atrajo a muchos seguidores, cuyo principal interés era promover el naturalismo, aun si minimizaban la importancia de los detalles científicos de la teoría. Indagando en los escritos de los primeros darwinistas, me propongo mostrar que su motivación era de hecho primeramente filosófica.

Segundo, miraré brevemente a aquellos que adoptaron una estrategia de mantener la paz, buscando reconciliar al diseño y a Darwin. ¿Qué efectos tuvieron históricamente sus esfuerzos?

Tercero, analizaré una de las más importantes estrategias que Darwin y sus defensores usaron para desacreditar el diseño. A medida que la batalla se volvía más y más intensa, ellos buscaban hacer del diseño algo no plausible, presentándolo como un milagro perpetuo. Al hacer eso, ellos construyeron un “hombre de paja” que continúa siendo útil para los darwinistas de esta época.

Finalmente, sugeriré que el éxito de Darwin y su séquito en el siglo diecinueve tenía mucho que ver con su habilidad política. Ellos entendían que la batalla no sólo era de ideas, sino de instituciones y de poder también.

Los Darwinianos No Darwinianos

El argumento de que “Darwin ganó en el pasado siglo diecinueve y no hay nada más que discutir”, ignora un hecho clave: a saber, que Darwin no le ganó a la mayoría de sus contemporáneos. Su teoría fue aceptada sólo por un puñado de científicos durante tres cuartos de un siglo, ganando más amplio apoyo sólo después de que la genética mendeliana había provisto un entendimiento más claro de la herencia genética. La mayoría de los contemporáneos de Darwin llegaron a estar de acuerdo con que alguna forma de evolución o desarrollo había ocurrido, pero la mayoría defendía otros mecanismos y causas para explicar el proceso. Generalmente insistían en que, o Dios estaba dirigiendo el proceso, o que éste había sido impulsado por alguna fuerza directiva interna.

El historiador Peter Bowler va bien lejos al sugerir que la revolución darwiniana debería ser etiquetada más exactamente como la revolución no darwiniana (que es el título de su libro sobre el tema). Bowler arguye que Darwin debe ser visto como "un catalizador que ayudó a poner en obra la transición hacia un punto de vista evolutivo", pero no específicamente hacia un punto de vista darwiniano. Más comúnmente la evolución era vista como un proceso ordenado, regido por leyes, dirigido a una meta y con propósito, análogo al desarrollo de un embrión a un adulto-- "la revelación preordenada de un plan racionalmente ordenado," con frecuencia un plan divino. Como lo pone Bowler, "una vez convencidos de que la evolución sí ocurrió, ellos [los seguidores de Darwin] le dieron la espalda al mensaje de Darwin y continuaron con el trabajo de formular sus propias teorías sobre cómo había funcionado el proceso". (3)

Irónicamente, aun aquellos que apoyaban la causa de Darwin, y que se identificaban a sí mismos como darwinianos, generalmente no adoptaron su teoría. Es decir, ellos no aceptaron su mecanismo propuesto para la evolución, el cual le daba la posición más importante a la selección natural. Muchos eran lamarquianos o especulaban sobre otros mecanismos de evolución. Estos hechos históricos hacen surgir una pregunta: ¿si incluso los que apoyaban a Darwin no aceptaban su mecanismo científico propuesto, qué era exactamente a lo que él apelaba?

La respuesta es que Darwin ilustraba cómo uno podría enmarcar un recuento totalmente naturalista de las cosas vivientes —un logro atractivo a aquellos cuya postura metafísica era naturalista, y a otros que sentían que por lo menos la ciencia en sí misma debería ser completamente naturalista. Aunque sus seguidores no pensaban que Darwin había tenido éxito al definir el mecanismo de la evolución, no obstante él había mostrado cómo uno debe razonar para tener éxito eventualmente. Él se había enfocado en los procesos inmediatamente observables (procesos de "generación ordinaria", como él decía), y extrapolado esos procesos al pasado. En resumen, no eran tanto las especificaciones de la teoría de Darwin tanto como su metodología natural lo que atrajo el apoyo.

Durante algún tiempo la presión había aumentado en concebir una aproximación naturalista a la biología. Desde el triunfo de la física newtoniana, muchos científicos habían anunciado su intención de extender el dominio de las leyes naturales a todos los demás campos. Pero la complejidad de las cosas vivientes había desafiado todos los intentos de meterlas dentro de algún molde naturalista. Como Huxley preguntó lastimosamente en 1860, "¿Permanecerá sola la biología fuera de la armonía con sus otras ciencias hermanas?" (4) Para los que quedaron atrapados en este dilema, Darwin vino al rescate. Su meta era mostrar cómo la biología podría ser trasformada para encajar en el ideal naturalista ya dominante en otros campos de la ciencia. Y no sólo la biología sino también las ciencias humanas siendo que, al explicar toda la vida por medio de causas naturalistas, su teoría incluía el origen humano.

Neal Gillespie, en Darwin and the Problem of Creation (Darwin y el Problema de la Creación), resume el punto en forma precisa:

"Se dice algunas veces que Darwin convirtió el mundo científico a la evolución mostrándole el proceso por el que ésta había ocurrido. Con todo, las inseguras reservas sobre la selección natural entre los contemporáneos de Darwin y el rechazo de ella, ampliamente extendido desde los años 1890 hasta los 1930, sugieren que esto es un punto de vista demasiado simple sobre el asunto. Fue más la insistencia de Darwin en las explicaciones totalmente naturales que en la selección natural, lo que ganó su adhesión". (5)


Robert Young, en Darwin's Methapor (La metáfora de Darwin), plantea un punto similar. El efecto principal del debate del siglo 19, escribe, no fue proveer un mecanismo aceptable para el cambio evolutivo. Más bien fue "provocar fe en el principio filosófico de la uniformidad de la naturaleza" —trayendo a "la tierra, la vida y el hombre bajo el dominio de las leyes naturales". Desde la década de 1860 hasta la de 1930, la aceptación de la teoría de Darwin de la selección natural en realidad declinó, mientras que la adhesión al naturalismo como una premisa fundamental en la biología aumentó. Como Young lo plantea, había un debate en progreso sobre el mecanismo de la evolución, pero "la uniformidad de la naturaleza fue asumida como aplicable a la historia de la vida, incluyendo la vida y mente del hombre." (6) En resumen, tanto la motivación primaria para apoyar a Darwin como el efecto principal de su trabajo no fue tanto científico como filosófico.

Charles Darwin

Esta interpretación nace de examinar los escritos de darwinianos clave del siglo diecinueve —empezando con Darwin mismo. El relato típico, sin duda en los trabajos populares, pinta a Darwin como un hombre forzado a la teoría de la selección natural por el peso de los hechos. Pero los historiadores profesionales cuentan una historia diferente. Mucho antes de formular su teoría, Darwin cultivó una simpatía por el naturalismo filosófico. Por lo tanto estaba predispuesto hacia la teoría naturalista de la evolución aun cuando la evidencia misma era débil o inconclusa.

En una carta personal, Darwin describe su pérdida gradual de la creencia religiosa y su deslizamiento dentro del naturalismo. A fines de la década de 1830, escribe, había llegado a considerar la idea de la revelación divina del Antiguo Testamento "absolutamente increíble". También había rechazado el concepto bíblico de los milagros: en sus palabras, “Entre más aprendo de las leyes fijas de la naturaleza, más increíbles se vuelven los milagros”. Este compromiso con las “leyes fijas de la naturaleza” precedió el trabajo científico principal de Darwin, e hizo virtualmente inevitable que él interpretara la evidencia a través de un lente naturalista.

Gillespie nota la misma progresión. Una vez que Darwin había decidido, a fines de la década de 1830, que "las explicaciones creacionistas en ciencia eran inútiles", escribe Gillespie, entonces, "la transmutación virtualmente quedaba como el único medio concebible de la sucesión de las especies". Cuando Darwin empezó a considerar el origen de las especies, "lo hizo como un evolucionista porque primero se había vuelto un positivista, y sólo después encontró la teoría para hacer válida su convicción". (7)

Aun cuando encontró la teoría, Darwin estaba bastante consciente de que no podría ser confirmada directamente. Los darwinianos modernos con frecuencia dan a entender que la teoría está tan claramente apoyada por lo hechos, que cualquiera que falle en estar de acuerdo debe ser intelectualmente deshonesto o perturbado. Pero Darwin no era tan dogmático. Él describió su teoría como una inferencia basada sobre todo en la analogía. Y él alaba al autor de una crítica a su trabajo por ver "que el cambio de las especies no puede ser probado directamente y que la doctrina debe hundirse o sobrevivir de acuerdo a cómo agrupa y explica los fenómenos". (8) En una carta de 1863, él amplía señalando que la evolución por la selección natural fue "basada enteramente en consideraciones generales", tales como la diferencia entre los organismos contemporáneos y los organismos fósiles. "Cuando descendemos a los detalles", escribe, "podemos probar que ninguna especie ha cambiado [esto es, no podemos probar que una sola especie haya cambiado]; tampoco podemos probar que los supuestos cambios son benéficos, lo que es el fundamento de la teoría. Tampoco podemos explicar por qué algunas especies han cambiado y otras no".(9) En otras palabras, Darwin estaba bastante consciente de que la evidencia científica era menos que convincente.

Por esta razón la llave al propio pensamiento de Darwin es su compromiso filosófico. Consideremos su posición frente al origen de la vida. En la última frase del Origin of Species (El Origen de las Especies) Darwin recurre a lenguaje del estilo del Pentateuco, hablando de la vida, "con sus muchos poderes, habiendo sido originalmente soplado en unas pocas formas de vida o en una". (En una edición posterior él añade, "por el Creador".) Pero con el tiempo Darwin es arrastrado hacia una posición más consistentemente naturalista, aceptando provisionalmente la generación espontánea de la vida desde material inorgánico, a pesar de una sorprendente ausencia de evidencia para la teoría en ese tiempo. En una carta de 1882 escribe: "Aunque hasta ahora no hay ninguna evidencia valiosa, en mi opinión, que haya avanzado a favor de un ser viviente habiéndose desarrollado de materia inorgánica, aún así yo no puedo evitar creer en la posibilidad de que esto será probado algún día de acuerdo con la ley de continuidad". Aquí está la fe naturalista: Darwin está confiado en que una teoría naturalista será encontrada, no porque los hechos apunten en esa dirección, sino porque él cree en la "continuidad" de las causas naturales. (10)

Esta creencia alcanza una posición casi religiosa para Darwin. Años después William Darwin describía la actitud de su padre hacia la naturaleza en términos casi devotos: "Con referencia a su respeto por las leyes de la naturaleza", escribe William, "debería ser llamado reverencia, si no un sentimiento religioso. Ningún hombre podría sentir más intensamente la magnitud y la inviolabilidad de las leyes de la naturaleza". (11) La travesía intelectual de Darwin parece ilustrar el adagio de que si uno rechaza al Creador, inevitablemente coloca otra cosa en su lugar. En el caso de Darwin, él le dio poderes cuasi divinos a las leyes de la naturaleza.

Hacia el final de su vida, Darwin luchó con una creencia residual en el teísmo, así que hay una pregunta sobre si se mantuvo estrictamente en el naturalismo metafísico. Pero no hay duda en que al menos en la ciencia se mantuvo en el naturalismo metodológico. Él no argumentó que el diseño fuera una teoría débil, ni siquiera una teoría falsa; él argumentó que no era una teoría científica en absoluto. En 1856 escribió a Asa Gray: "para mí decir que las especies fueron creadas de una manera o de otra, no es una explicación científica, sólo una forma reverente de decir que es de esta manera o de otra." (12) Como el filósofo y biólogo David Hull escribe, Darwin repudia la creación especial "no porque fuera una explicación científica incorrecta sino porque no era una explicación científica apropiada en absoluto". (13)

Por otro lado, cuando las propias ideas de Darwin fueron atacadas, las defendió argumentando que al menos su teoría propuesta era naturalista —lo que apelaba a la pregunta misma que era el centro de la controversia. Como escribe Young, "Siempre que [Darwin] se encontraba realmente en problemas . . . él apelaba al mismo principio en cuestión, la uniformidad de la naturaleza". Los contemporáneos de Darwin entendían su estrategia en forma precisa. Como dijo John Tyndall en su 'Belfast Address' (Discurso de Belfast) en 1874: "La fuerza de la doctrina de la Evolución consiste, no en una demostración experimental (porque el tema es de muy difícil acceso a este modo de prueba), sino en su armonía general con el pensamiento científico". (14) La presuposición implícita es que genuinamente el "pensamiento científico" debe ser naturalista. Y una vez que se está de acuerdo con la presuposición, alguna forma de evolución naturalista tendrá éxito por defecto.

Herbert Spence

En su autobiografía, Herbert Spencer relata en insoportable detalle el proceso por el cual él desarrolló un punto de vista naturalista, empezando cuando era un niño. Con el tiempo, escribe, “una violación al curso de la causalidad [física] había llegado a ser, si no un pensamiento imposible, un pensamiento nunca considerado”. (15) Como en el caso de Darwin, los miembros de la familia Spencer describieron su adhesión al naturalismo en términos casi religiosos. Su padre trazó un paralelo entre el naturalismo del hijo y la propia religión del padre: “De lo que veo de la mente de mi hijo, me parece que las leyes de la naturaleza son para él lo que la religión revelada es para nosotros, y que cualquier violación deliberada a esas leyes de la naturaleza es para él un pecado, tanto como para nosotros lo es la incredulidad de lo revelado”. (16)

Este apego semi religioso al naturalismo explica por qué Spencer llegó eventualmente a ser un promotor incansable del darwinismo. No fue porque fuera persuadido por la teoría científica de Darwin; verdaderamente, él rechazó el darwinismo y abrazó el lamarquianismo. Spencer veía claramente que una vez había abrazado el naturalismo filosófico, no tenía alternativa más que aceptar alguna forma de evolución naturalista. Como él lo dice, habiendo descartado el cristianismo ortodoxo, desarrolló una “inclinación intelectual hacia la creencia en la causalidad natural operando en todas partes”. Y en esa inclinación naturalista, “indudablemente… una creencia en la evolución en general era entonces latente”. ¿Por qué latente? Porque “cualquiera que, al abandonar el sobrenaturalismo de la teología acepta totalmente el naturalismo de la ciencia, tácitamente afirma que todas las cosas como existen ahora, han evolucionado. “En resumen, Spencer aceptó el naturalismo primero, y luego aceptó la evolución como una consecuencia lógica. Él continúa: “La doctrina de la universalidad de la causalidad natural tiene como corolario inevitable la doctrina de que el universo y todas las cosas en él, han alcanzado sus formas presentes a través de etapas sucesivas necesarias físicamente”. (17) Ni más ni menos: Una vez que uno acepta la filosofía del naturalismo, alguna forma de evolución naturalista es un “corolario inevitable”. Encontrar una teoría científica plausible es secundario.

En los escritos de Spencer obtenemos un atizvo de la presión intelectual que lo impulsó hacia un punto de vista naturalista de la evolución. “Felizmente admito”, escribe en The Principles of Psychology (Los Principios de la Sicología), que la hipótesis de la evolución está rodeada científicamente por “serias dificultades”. Aunque, “salvo por aquellos que todavía se adhieren al mito hebreo, o a la doctrina de las creaciones especiales derivadas de él, no hay otra alternativa más que esta hipótesis o ninguna hipótesis”. Y nadie puede permanecer por mucho tiempo en el “estado neutral de no tener una hipótesis”. (18)

Similarmente, en una carta de 1899, él escribe que ya en décadas anteriores, “en 1852 la creencia en la evolución orgánica se había arraigado profundamente” —no por razones científicas sino por “la necesidad de aceptar la hipótesis de la Evolución cuando la hipótesis de la Creación Especial había sido rechazada”. Él concluye con estas palabras reveladoras: “La Creación Especial había abandonado mi mente muchos años antes, y no pude permanecer en un estado de suspenso: aceptar la única alternativa concebible era perentorio”. (19) Aquí hay una franca admisión de que Spencer fue guiado por un sentido de necesidad filosófica —la evolución naturalista era “la única alternativa concebible” para la creación —más que por una evaluación imparcial de la evidencia científica.

Thomas H. Huxley

Thomas Huxley se bautizó a sí mismo el “bull dog” de Darwin y ofreció su “combatividad” natural, como lo dice él, al servicio de la causa. Así que puede llegar a ser una sorpresa saber que Huxley nunca estuvo convencido de que la teoría de Darwin de la selección natural llegara a mucho científicamente. Huxley argumentaba que la efectividad del mecanismo no sería probada hasta que una nueva especie hubiera sido producida por selección artificial. Para los años 1879 él incluso estaba especulando sobre la existencia de una “ley de variación” que de alguna manera dirigiera la evolución, una idea que prefirió sobre el concepto de Darwin de las variaciones aleatorias.

¿Qué, entonces, le dio a Huxley su firme determinación de luchar por Darwin? La respuesta es, una vez más, principalmente filosófica. Antes de su encuentro con Darwin, Huxley escribe, “Había cortado hace mucho con la cosmogonía del Pentateuco”. También había examinado formas primitivas de la teoría evolutiva, pero las encontró insastifactorias. Y todavía, escribe, continuó cultivando una “convicción piadosa de la evolución, después de todo, podría llegar a ser verdad”. (20)

Cuando Darwin publicó Origin (Origen), Huxley le dio la bienvenida como una vindicación a esa “convicción piadosa”. Como escribe su hijo Leonard Huxley, “Bajo el poder sugestivo del Origin of Species (El Origen de las Especies)”, su padre experimentó “la unidad filosófica que había estado buscando por largo tiempo”. (21) Huxley mismo recuerda que el Origin (Origen) "hizo el inmenso servicio de liberarnos para siempre del dilema —Rehúsese a aceptar la hipótesis de la creación, y ¿qué tiene para proponer que pueda ser aceptado por cualquier razonador cuidadoso?" (22) Aparentemente Huxley, como Spencer, estaba tan ansioso de ser liberado de este dilema, que estaba deseoso de apoyar cualquier teoría naturalista, incluso una que él mismo encontraba científicamente improbable, con tal de que proveyera una alternativa a la creación.

Consideremos la respuesta de Huxley a la generación espontánea. Su hijo nota que “no había evidencia de que algo así hubiera ocurrido recientemente”. (Louis Pasteur había desacreditado todas las teorías que se tenían entonces de la generación espontánea.) No obstante, su padre persistía en creer que “en algún período remoto, la vida había surgido de materia inanimada” —no por alguna evidencia científica sino como “un acto de fe filosófica”. (23)

Huxley era especialmente sensible a presiones para traer la biología bajo el marco naturalista, que había llegado a ser dominante en otros campos de la ciencia. La geología había sido colocada por Charles Lydell recientemente sobre una nueva base filosófica, y Huxley escribe que Principles of Geology (Principios de Geología), de Lydell, había sido lo que lo había persuadido de que nuevas formas de vida deben ser generadas por “agentes ordinarios” que están obrando hoy (con lo que él quería decir agentes naturales). En sus palabras, “los uniformitarios postulan la evolución tanto en el mundo orgánico como en el inorgánico”. (24) En 1859 le escribió a Lydell: “Yo no supongo de ninguna manera que la hipótesis de la transmutación sea probada o algo así. Pero… le instaría muy fuertemente en que es el desarrollo lógico del Uniformitarianismo, y que su adopción armonizaría el espíritu de la paleontología con el de la geología física”. (25) Ese espíritu, por supuesto, era un naturalismo consistente e implacable. Como Huxley escribió en otra parte, “toda la teoría se desmorona” si uno niega “la uniformidad y la regularidad de la causación natural durante ilimitadas eras pasadas”. (26)

Huxley era lo que Bowler llamaba, un “seudo darwinista”: alguien que se adhirió a Darwin por razones filosóficas aún cuando no estaba convencido de su teoría científica. En las palabras de Bowler, Huxley estaba “garantizado” para apoyar el darwinismo debido a su “filosofía empírica”. (27) O, como lo dice Gillespie, él “se inclinó hacia la transmutación por necesidad intelectual”. (28) Huxley expresa su credo filosófico elocuentemente en Man’s Place in Nature (El Lugar del Hombre en la Naturaleza, 1864): “Aun dejando los puntos de vista del Señor Darwin a un lado, la analogía completa de las operaciones naturales suministra un argumento tan completo y aplastante contra la intervención de cualquier cosa diferente a las que llamamos causas secundarias en la producción de todos los fenómenos del universo; que... no puedo ver ninguna razón para dudar que todas están coordinadas en términos de la gran progresión de la naturaleza, desde algo sin forma hasta algo formado, desde lo inorgánico hasta lo orgánico, desde la fuerza ciega hasta el intelecto y la voluntad consciente”. (29) Como lo dice más simplemente en un discurso de 1859, si el mundo está gobernado por leyes que operan uniformemente, entonces las poblaciones sucesivas de seres “deben haber procedido unas de otras en forma de modificaciones progresivas”. (30) En otras palabras, si usted acepta el naturalismo filosófico, entonces algo muy parecido al darwinismo debe ser verdad a priori. Esto explica por qué Huxley estaba deseoso de batallar por Darwin, sin estar demasiado preocupado por los detalles científicos.

Deducción a partir de una Filosofía

“Ustedes perdieron” podría ser una afirmación razonable para la batalla intelectual del siglo 19. Pero la pregunta es cómo se perdió la batalla. Se dice con frecuencia que lo que hizo único a Darwin es que proveyó un mecanismo genuinamente científico para la evolución —que otros habían propuesto causas vagas o idealistas, pero en la selección natural Darwin proveyó el primer mecanismo genuinamente empírico. Sin embargo, siendo que la mayoría de los que apoyaban a Darwin no aceptaban su teoría, esa no puede ser la razón de su éxito. He argumentado que la batalla fue “arreglada” —que el darwinismo no ganó tanto porque encajaba en los datos empíricos, como porque proveía un fundamento científico para aquellos ya comprometidos con una explicación de la vida puramente naturalista.

Tanto los seguidores como los oponentes de Darwin entendieron que el naturalismo filosófico era el asunto central. Entre sus oponentes, el teólogo de Princeton, Charles Hodge, escribió un ensayo titulado What Is Darwinism? (¿Qué es el Darvinismo?) Él responde francamente que el darwinismo es equivalente al ateísmo: “La selección natural es selección hecha por medios naturales, obrando sin intención ni diseño”. Y “la negación del diseño en la naturaleza es virtualmente la negación de Dios”. (31) Entre sus seguidores, Karl Vogt notó felizmente que la teoría de Darwin “deja al Creador —y su intervención ocasional en las revoluciones de la tierra y en la producción de especies —sin ninguna duda fuera de lugar, ya que no deja el más mínimo espacio para la acción de tal Ser”. (32) Emil de Bois-Reymond escribió: “La posibilidad, siempre remota, de desvanecer de la naturaleza su aparente propósito, y poner una necesidad ciega en todas partes en lugar de causas finales, parece, por lo tanto, como uno de los avances más grandes en el mundo del pensamiento”. Haber “aliviado” este problema, concluye Bois-Reymond, será “el mayor título a la gloria de Charles Darwin”. (33) Y finalmente, August Weismann: “Debemos asumir la selección natural como el principio de la explicación de la metamorfosis, porque todos los otros principios aparentes de explicación nos fallan, y es inconcebible que debiera haber otro capaz de explicar la adaptación del organismo sin asumir la ayuda de un principio de diseño”. Aparentemente sólo los darwinianos mantendrían a la biología a salvo del diseño. (34)

Darwin y el Diseño

¿Es necesario, sin embargo, insertar una cuña tan afilada entre el diseño y las causas naturales? Muchos, si no la mayoría, de los científicos en la era darwiniana y pos darwiniana buscaban algún tipo de terreno intermedio. Ellos le daban a Dios un papel directivo en la evolución y afirmaban su constante supervisión sobre el proceso. Ellos veían el diseño no en las “invenciones” de seres vivientes (para usar las palabras de Paley) sino en las leyes que crearon aquellas invenciones.

Gillespie llama a esta posición, creación nomotética (creación por ley) o evolución providencial, dependiendo de cuánto margen se le permita a la iniciativa divina. Esta categoría incluiría a hombres como Asa Gray, Charles Kingsley, el duque de Argyll, San George Jackson Mivart, Baden Powell, Robert Chambers, Richard Owen. A pesar de importantes diferencias entre estos hombres, ellos estaban de acuerdo en que las leyes naturales son expresiones de propósito divino, y que Dios o la mente, dirige o determina de antemano el curso de la evolución. John Herschel afirma claramente la posición: "Una inteligencia, guiada por un propósito, debe estar continuamente en acción para dirigir las direcciones de los pasos de cambio —para regular sus cantidades— para limitar sus divergencias —y para continuarlos en un curso definido. No creemos que el señor Darwin se proponga negar la necesidad de tal dirección inteligente". (35)

Pero el señor Darwin sí se propuso negar la necesidad de tal dirección inteligente. El argumento del diseño apuntaba a características de las cosas vivientes que parecían análogas a los productos de una mente inteligente, con su capacidad de planear cosas de antemano, de propósito y diseño. El reto que Darwin asumió fue identificar procesos completamente naturales capaces de imitar los productos de una mente. Gillespie describe la meta de Darwin en estas palabras:


"Se ha estado de acuerdo en general (entonces [en los días de Darwin] y ahora) en que la doctrina de Darwin de la selección natural demuele efectivamente el argumento del diseño clásico para la existencia de Dios de William Paley. Mostrando cómo la adaptación ciega y gradual podría imitar al diseño intencional que Paley… y otros habían visto en los discursos de la naturaleza, Darwin privó su argumento de la inferencia analógica de que el propósito evidente a ser visto en los diseños por los cuales medios y fines fueron relacionados en la naturaleza, fuera necesariamente un ejercicio de la mente".

Dicho simplemente, Darwin se propuso mostrar que la naturaleza sin propósito pudo “falsificar a aquella con propósito”. (36)

Por esta razón él rechaza enfáticamente cualquier intento de introducir el “propósito” por la puerta trasera, por así decirlo. Consideremos su respuesta a Asa Gray, quien unió la teoría darwiniana con la teología cristiana claramente conservadora. Gray negó que esa variación, la materia prima de la selección natural, fuera aleatoria; en cambio, optó por un punto de vista teológico de la evolución. De hecho, Gray imaginó que comprendía las implicaciones de la teoría de Darwin mejor que el mismo Darwin. En una carta escrita en 1863, confesó con un poco de astucia: "Debajo de mis más cálidas congratulaciones a Darwin por sus impactantes contribuciones a la teología, hay una pequeña vena de malicia, por saber muy bien que él rechaza la idea del diseño, mientras que todo el tiempo ha estado dando la mejor ilustración de él". (37)

Pero la respuesta de Darwin a la noción de Gray de la dirección divina fue inequívoca: En una carta a Lydell él escribió, "Si estuviera convencido de que necesitara tales adiciones a la teoría de la selección natural, la rechazaría como basura". Dos años después le escribió nuevamente a Lydell: "El punto de vista de que cada variación haya sido arreglada de forma providencial me parece que hace a la Selección Natural superflua, y verdaderamente lleva todo el caso de la aparición de nuevas especies fuera del campo de la ciencia". Decir que las variaciones son ordenadas de manera divina no añade nada científicamente, Darwin continúa: "A mí me parece pura palabrería". Él resumió su punto de vista haciendo la acusación de que la "noción de Gray [de variaciones guiadas] me parece que hace pedazos todo el asunto". (38)

Notemos que las objeciones de Darwin a la evolución providencial son dobles. Primero, hace que la selección natural sea "superflua", "basura", "pura palabrería". La selección natural tenía la intención de reemplazar el diseño; por esta razón la presencia de las dos es redundante. Como escribió Darwin en su autobiografía, “El antiguo argumento para el diseño en la naturaleza, como es dado por Paley, que anteriormente me parecía concluyente, falla ahora que la ley de la selección natural ha sido descubierta… Parece haber ahora más diseño en la variabilidad de los seres orgánicos y en la acción de la selección natural, que en el curso en el que sopla el viento. Todo en la naturaleza es el resultado de leyes fijas”. (39) Al esfuerzo de sobreponer dirección divina a procesos completamente naturales, Young lo rotula como "naturalismo teísta", una incongruencia que ha resurgido en debates recientes.

Segundo, Darwin objetó que el añadir propósito divino a la evolución lleva la discusión "fuera del campo de la ciencia". La implicación es que la ciencia no puede soportar la causalidad inteligente de ninguna manera. En la mente de Darwin, la evolución divinamente ordenada no era diferente en principio de la creación directa. Ambas eran inadmisibles en la ciencia. Como nota Hull, "Darwin insistió en contar una historia de una teoría naturalista totalmente consistente o no contar ninguna". (40)

Aquellos que reformularon a Darwin para acomodar el diseño, estaban esperando prevenir la toma de posesión de la idea de la evolución por el naturalismo filosófico. Ellos buscaban extraer la teoría científica de la filosofía en la que estaba embebida. Pero las dos demostraron ser inseparables e, irónicamente, el efecto de sus esfuerzos fue precisamente el opuesto al que ellos habían esperado: aceleró la aceptación del naturalismo filosófico. Como Hull escribe, "Los arquitectos de la aniquilación de la teleología no eran materialistas ateos sino hombres piadosos… que creyeron que estaban haciéndole un buen servicio a la religión" al restringir a Dios a obrar a través de leyes naturales. "De lo que esos hombres no se dieron cuenta fue de que al empujar a Dios más y más hacia el trasfondo, como el imposible de conocer, autor de la ley natural, … ellos habían preparado el camino para su expulsión total". (41)

Gillespie cuenta la misma historia: La reestructuración del argumento del diseño para adaptarlo a la evolución, escribe, fue un importante "paso en la secularización de la ciencia y su eventual separación intelectual de la teología". La idea del diseño o la evolución dirigida "movió lentamente a los científicos, con frecuencia resistentes, a un punto de vista del mundo 'naturalista' y finalmente positivista. En este punto de vista del mundo, Dios no tenía una función significativa y la acción divina no era requerida para un entendimiento verdadero del mundo. Como resultado, las creencias religiosas llegaron a ser "privadas, subjetivas y artificiales"; Dios "era, como mucho, un concepto filosófico gratuito derivado de una necesidad personal". (42)

Una vez que Dios había sido reducido a un "concepto filosófico gratuito" basado en una necesidad personal, Darwin y su séquito podían pagar el precio de ser tolerantes con los creyentes religiosos. A mediados de los años 1870, Young escribe, hay signos de la "benevolente tolerancia de los vencedores" (43) Los creyentes religiosos podían ser tratados gentilmente tanto tiempo como estuvieran de acuerdo en que Dios no hizo absolutamente nada en el mundo natural estudiado por la ciencia. Como lo explica Gillespie, la estrategia de reubicar el diseño de mecanismos a leyes, "le concedió el juego a los positivistas". Removió "cualquier signo identificable de acción divina" de la idea de diseño —la privó de todo contenido empírico. (44) Y hacia aquellos que se adhirieron a tal concepto de diseño dócil y vacío, incluso el darwinista más agresivo podía pagar el precio de ser indulgente.

"Cada Frívolo Detalle

Otra faceta importante del debate del siglo diecinueve es la estrategia empleada para desacreditar el diseño y redefinir la ciencia en términos estrictamente naturalistas. A medida que el debate se intensificaba, Darwin y sus aliados identificaban en forma creciente la creación con “milagro perpetuo”. Históricamente, Paley y otros proponentes del diseño habían insistido en la realidad de la causalidad primaria, tanto como la secundaria, obrando en el mundo. Pero los darwinistas ignoraron esa historia. En cambio, presentaron el diseño como la negación de todas las causas secundarias. Ellos pintaban al mundo diseñado como un mundo dejado a la misericordia del capricho divino y la fantasía arbitraria.

Por ejemplo, en el Origin (Origen) Darwin describe a sus oponentes como sosteniendo que cada variedad de pinzón en las Islas Galápagos surgió en todo su esplendor de la mano del Creador. Más aun, él describe también a sus oponentes como sosteniendo que la flora y fauna inusual de la isla, habían sido "creadas en el Archipiélago de las Galápagos, y en ninguna otra parte más". (45) El diseño fue presentado como la creencia de que Dios había creado cada variedad menor en su ubicación actual -- jirafas en África, tigres en Asia y búfalos en América. Darwin se refirió a ésta como la teoría de "múltiples centros de creación", y en el Origin la destruyó.

Interesantemente Darwin admite que, en ese momento, la idea de la creación in situ descansaba sobre bases empíricas, no teológicas. (46) Por ejemplo, parecía ser la única explicación para la existencia de las mismas especies en ambos lados del Océano Atlántico. Con seguridad ningún organismo era capaz de migrar a través de millas de agua salada. Siendo que así podría ser, Darwin enfocó su argumento en lugares tales como el Archipiélago de las Galápagos, donde la evidencia de migración era fuerte. ¿Era realmente plausible que cada variedad de pinzón y de tortuga hubiera sido creada especialmente para cada una de las pequeñas islas, algunas de las cuales eran, en las palabras de Darwin, escasamente más que “puntos de roca”? En lo que a mí respecta, afirmó, "me rehuso a creer en… actos innumerables de creación". (47)

Mucho del Origin es tratado con argumentos para la variabilidad y la migración. La idea de separar las creaciones sería más plausible, nota Darwin en su diario, si cada isla tuviera un grupo completamente único de plantas y animales. Pero siendo que muchos de los organismos son variaciones de un tema común, es difícil resistirse a la conclusión de que ellos descendieron de un grupo único de especies ancestrales que originalmente migró a las islas. Éste y otros patrones de distribución geográfica, insiste Darwin, son “completamente inexplicables sobre el punto de vista común de la creación independiente de cada especie”. Él advierte que cualquiera que rechace la idea de la migración, “rechaza la vera causa (verdadera causa) de la generación ordinaria con la subsiguiente migración, y reasume la acción de un milagro”. (48)

¿Qué decimos de todo esto? Los puntos de vista que Darwin atribuye a los proponentes del diseño son tan extraños hoy, que tenemos que leer nuestros libros de historia para aprender sobre ellos. Ningún teórico del diseño hoy niega la realidad de la variación o la migración. El consenso entre los más estrictos creacionistas bíblicos es que los pinzones de las Galápagos no fueron creados por separado, sino que representan variaciones dentro de una especie singular. Por ejemplo, James Coppedge en Evolution: Possible or Impossible (Evolución: Posible o Imposible) las descarta como "sólo adaptaciones menores dentro de clases, como sería esperado en cualquier diseño de creación". (49) Wayne Frair y Percival Davis en A Case for Creation (Un Caso para la Creación) notan que los pinzones “podrían servir como un ejemplo de la diversificación” pero “no evolución en el sentido usual, porque los cambios fueron relativamente menores”. (50) Walter Lammerts, quien hizo mediciones detalladas de una gran muestra de los pinzones de Darwin, nota que ellos exhiben completa intergradación de tamaño del pico y del cuerpo. Él concluye que los pájaros constituyen una sola especie. “Separada en varias formas de islas como resultado del arreglo fortuito de su potencial original de variabilidad”. (51)

Claramente, el diseño no requiere el rechazo de ninguna variabilidad de migración. De hecho a los historiadores se les ha puesto en la difícil tarea de explicar por qué Darwin estaba tan preocupado con una posición que, ya en sus días, todos los naturalistas tenían pero que abandonaron. Algunos historiadores la atribuyen a la ignorancia de Darwin sobre el estado actual del debate; otros pensaban que él simplemente estaba dando un argumento débil fácil de refutar. Yo sugiero que él estaba concibiendo una falsa elección entre el milagro perpetuo y el mundo naturalista completamente cerrado. Su argumento era como esto: O invocamos la acción divina directa para explicar cada fenómeno en biología ("recurrir a la acción de un milagro"), o admitimos que cada fenómeno puede ser explicado por procesos naturales de "generación ordinaria".

Darwin abogaba por esta falsa dicotomía una y otra vez. En The Descent of Man (El Descenso del Hombre) él admitió que "nuestras mentes se rehusan a aceptar" una explicación del universo basada en la idea de "oportunidad ciega". Aunque la alternativa, continuó él, es creer que "cada leve variación de estructura, —la unión de cada pareja en matrimonio, —la diseminación de cada semilla,— y otros eventos similares, han sido todos ordenados con un propósito especial." (52) Darwin escribió a Sir John Herschel: "Uno no puede mirar a este universo con todos las producciones vivientes y al hombre sin creer que todo ha sido diseñado inteligentemente; aunque cada vez que miro cada organismo individual, no puedo ver evidencia de ello. Porque, no estoy preparado para admitir que Dios diseñó las plumas en la cola de un pichón, para que variaran en una manera peculiar, para que el hombre pudiera seleccionar tales variaciones y hacer un abanico". (53)

Sobre-enfatizando el punto, Darwin no podía resistir el ridículo. En un libro sobre la fertilización de las orquídeas, él describió a los proponentes del diseño como aquellos que ven "cada frívolo detalle de la estructura como el resultado de la interposición directa del Creador". (54)

En una carta a Asa Gray escribió: "No puedo creer que el mundo, como lo vemos, sea el resultado del azar; y tampoco puedo ver cada cosa por separado como el resultado del Diseño". Él confesó que no podía creer que las plumas de la cola de un pichón fueran guiadas a variar "para satisfacer el capricho de unos pocos hombres". (55) Le preguntó a Lydell: ¿Podría realmente pensar que la deidad había intervenido para causar variaciones en los pichones domésticos "solamente para agradar los tontos caprichos del hombre?" (56)

El argumento se volvió inequívocamente tonto cuando Darwin retó a sus amigos a decir si Dios había diseñado sus narices. Le escribió a Lydell preguntándole si él creía que la forma de su nariz "había sido ordenada y 'guiada por una causa inteligente' ". (57) En una misma línea le preguntó a Gray: "¿Cree que cuando una golondrina atrapa rápidamente un mosquito, Dios designó que esa golondrina en particular debería atrapar a ese mosquito en particular en ese instante en particular?" (58)

En estos comentarios casi jocosos, Darwin estaba ignorando siglos de debate entre cristianos sobre el equilibrio entre la actividad directa de Dios y la acción de agentes creados. Como el teólogo anglicano E. L. Mascall escribe, "La tradición principal de la filosofía clásica cristiana, mientras que insistía en la causalidad primaria universal de Dios en todos los eventos de la historia del mundo, mantenía con igual énfasis la realidad y la autenticidad de causas secundarias". (59) El teólogo escocés Thomas Torrance resume este punto de vista del equilibrio hablando del "orden de contingencia" de la creación. "Contingencia" se refiere al hecho de que la creación no es autónoma. No es auto originadora o auto sostenedora; fue creada por Dios y depende continuamente de Su poder. Por otro lado, "orden" se refiere al hecho de que Dios no obra en el mundo por milagro perpetuo. Él ha configurado una red de agentes secundarios que actúan en patrones regulares y consistentes. (60) Como señala Christopher Kaiser en su libro Creation and the History of Science (Creación y la Historia de la Ciencia), los intentos de conceptuar este equilibrio se han mantenido desde el tiempo de los padres de la iglesia —en forma notoria por Basil de Cesarea en el siglo cuarto. (61) Darwin ignoró esta rica historia y cortó el nudo gordiano insistiendo en que uno debe escoger entre Dios y la naturaleza.

Atribúyanle un cuarto de actividad divina, dice, y el mundo entero se convierte en un campo de batalla para el milagro perpetuo y arbitrario. Por otro lado, permitamos que la menor variación y la diversificación puedan tener una explicación por procesos naturales, y uno debe colocar todo el mundo y toda la vida solamente bajo el dominio de la naturaleza.

Esta falsa dicotomía continúa siendo útil para los darwinistas hoy. Admitan que los procesos naturales tienen explicación para la diversificación de los picos de los pinzones o de las polillas o las moscas de las frutas, se nos dice, y uno queda comprometido lógicamente a admitir que los mismos procesos son adecuados para crear pájaros y moscas de frutas originalmente. Sólo recientemente esta estrategia ha empezado a erosionarse, con los biólogos reconociendo que la menor variación no es el medio de producir innovaciones mayores. Puesto en forma simple, la microevolución no es el mecanismo para la macroevolución. Aunque se continúan presentando ejemplos de microevolución como la evidencia primaria que soporta las teorías naturalistas de evolución.

La Política de la Ciencia

Al considerar cómo ganó Darwin, no debemos ignorar la política. Los cambios buscados por los darwinistas del siglo diecinueve no sólo fueron intelectuales sino también institucionales. La epistemología más vieja de la ciencia prestaba un servicio tanto a la religión como a la ciencia: Permitía que la teología pusiera límites a las ideas aceptables en la ciencia. Una vez más, éste era un equilibrio aceptable firmemente establecido tanto atrás como en el tiempo de los padres de la iglesia. Los apologistas del siglo segundo aceptaron tanto como pudieron de la ciencia de sus días (que era un producto de la filosofía griega), pero insistían en ciertos límites: Por ejemplo, rechazaban la idea de que el universo es eterno y en cambio insistían en el comienzo absoluto, en la creación del mundo de Dios ex nihilo (de la nada). (62)

Pero la nueva epistemología naturalista promovida por los darwinistas fue agresivamente autónoma. Demandaba que la ciencia era completamente independiente de la teología. Gillespie escribe: "La existencia misma de una ciencia rival o de una forma alternativa de conocimiento era intolerable para los positivistas"; éste era "intolerante con todas las otras afirmaciones de conocimiento científico. Cualquiera que no estuviera en su bando era un charlatán, un impostor". Como resultado, estos desacuerdos no permanecieron como meramente académicos: Ellos precipitaron una lucha por el poder sobre las instituciones sociales. Como lo explica Gillespie,

"No era suficiente sacar las viejas ideas. Sus abogados tenían que ser sacados de la comunidad científica también… Para que el mundo fuera un lugar seguro para la ciencia positiva, sus practicantes tenían que ocupar los puestos de poder así como ganar la guerra de las ideas. Ambas cosas eran necesarias para el establecimiento de una nueva ortodoxia científica". (63)

Muchos científicos se sentían comprensiblemente incómodos con la idea de que la habilidad en la política y en las relaciones públicas ayudara a que una teoría ganara aceptación. Les gustaba creer que el factor dominante en el éxito de una teoría era la evidencia objetiva a su favor. Sin embargo los sociólogos del conocimiento tienen razón al enfatizar que la ciencia es hasta cierto punto un proceso social, y que aquellos que son hábiles en controlar el proceso social tienen una ventaja para atraer seguidores mientras aíslan a los opositores.

Mirando atrás, las estrategias perseguidas por los darwinistas del siglo diecinueve son claras. Antes de publicar el Origen, Darwin cultivó cuidadosamente un núcleo de biólogos que estaban preparados para apoyar su trabajo. Estos primeros convertidos siguieron entonces estrategias políticas básicas: Presentaron un frente unificado en público; concedieron puntos menores para ganar puntos mayores; estaban dispuestos a aceptar como aliados a personas que no estaban de acuerdo con los detalles; minimizaron la controversia abierta que pudiera alienar a los que dudaban y a los neutrales, mientras cultivaban científicos más jóvenes que estaban abiertos a nuevas ideas. En esta forma, los darwinistas gradualmente ganaron una mayoría. Sus seguidores estaban dispuestos a influenciar el sistema educativo como profesores. Tomaron control de los procesos editoriales en los periódicos científicos de modo que los editores y los árbitros llegaran a aceptar artículos desde un punto de vista darwiniano. El nuevo diario Nature (Naturaleza) fue fundado al menos en parte como un vehículo para esparcir el mensaje darwiniano. Darwin ganó en parte porque sus seguidores eran adeptos a emplear tácticas de relaciones públicas, y ellos simplemente se mostraron superiores en sus tácticas que sus rivales. (64)

Parece que los teóricos del diseño de los últimos días han entendido. Hoy el movimiento tiene liderazgo capaz (como el provisto por Phillip Johnson); éste ha lanzado un diario profesional (Origins and Design) [Orígenes y Diseño] , empezado un programa de compañerismo en el Instituto Discovery, fundado un programa ad honorem en Biola, y está llevando a cabo conferencias profesionales (la Conferencia de Creación Pura en 1996). Yo sugiero que todos nosotros estamos en camino de formar nuestras propias instituciones, y seguramente hay razones para esperar que algún día ellas puedan cambiar el rumbo de la marea.

Preguntas

Para terminar, me gustaría proponer una muestra de preguntas que emergen de una investigación del debate sobre la historia de la evolución. Desde el siglo diecinueve éstas han sido, entre otras, las objeciones contra el diseño que más frecuentemente han surgido, sin embargo no han sido respondidas adecuadamente por los teóricos del diseño:

Un entendimiento de la historia. El siglo diecinueve marcó el nacimiento de una concienciación histórica en cada campo, desde la filosofía hasta las ciencias. Pero la noción del diseño estaba esencialmente estática, y como resultado fue barrida por teorías que ofrecían algún recuento de la historia de la vida. ¿Cómo pueden las versiones actualizadas del diseño ir más allá de un punto de vista estático de la vida, y contar para la historia?

La mente como causa. ¿Qué se quiere decir exactamente al hablar de una mente o inteligencia obrando en la naturaleza? ¿Qué es causalidad primaria? ¿En qué forma es tal noción científica? ¿Esa noción introduce mero "misterio" y "capricho", como dice Gillespie? Una de las notas al margen de Darwin de 1838 dice lo siguiente: "La explicación de tipos de estructura en clases —como resultante de la voluntad de la deidad, para crear animales en ciertos planos— no es una explicación —no tiene carácter de ley física / y es por lo tanto extremadamente inútil— no predice nada / porque nosotros no sabemos nada de la voluntad de la Deidad. . . ." (65) Darwin tiene razón: Nosotros no podemos saber directamente la voluntad de Dios. ¿Cómo entonces puede ser científico el hablar de intención divina y de acción divina en el mundo?

¿Fin de la ciencia? ¿Implica el diseño un fin a la búsqueda científica? Sir Joseph Dalton Hooker dijo que abrazó el darwinismo —lo que él llamó las "doctrinas más recientes"— "no porque ellas fueran las más verdaderas sino porque daban espacio para razonar y reflexionar". Como contraste, las doctrinas antiguas del diseño "son muchos obstáculos a la búsqueda futura, si son admitidas como verdades, por qué hay un fin de todo el asunto, y no es útil esperar obtener nunca una explicación racional del origen o la dispersión de las especies —así que las odio". (66) El punto de vista de Hooker es compartido por muchos hoy: es decir, que atribuir algo al diseño no es explicarlo de manera alguna. Es tirar la toalla, suspender la búsqueda, no dar esperanza o alguna explicación racional. ¿Cómo responden los teóricos del diseño a esta objeción?

¿Tiene el concepto de diseño algún contenido empírico? En el Origen, Darwin le echa en cara a los teóricos del diseño de sus días el permitir que algunas estructuras resultaran de causas secundarias, mientras insistían en que otras eran designadas, pero no ofrecían un principio para distinguir entre las dos. ¿Por qué no atribuirlas todas a causas secundarias?, pregunta. En sus palabras: "varios naturalistas eminentes han publicado recientemente sus creencias de que una multitud de especies aceptadas en cada género no son especies reales; pero que otras especies son reales, esto es, han sido creadas independientemente. A mí me parece que ésta es una conclusión extraña. Ellos admiten que una multitud de formas, que hasta hace poco ellos mismos pensaban que eran creaciones especiales, han sido producidas por variación, pero ellos se rehúsan a extender el mismo punto de vista a otras formas levemente diferentes. No obstante ellos no pretenden poder definir, o ni siquiera conjeturar, cuáles son las formas de vida creadas y cuáles son las producidas por leyes secundarias. Ellos admiten la variación como una vera causa en un caso, y arbitrariamente la rechazan en otro, sin asignar ninguna distinción en los dos casos". (67) Si los teóricos del diseño insisten sobre la realidad de causalidad primaria y secundaria, ¿qué principio ofrecemos para distinguir entre sus efectos?

El problema del mal. Darwin escribió que había "demasiada miseria en el mundo" para que él creyera en el diseño. "No puedo persuadirme a mí mismo de que un Dios benéfico y omnipotente haya creado a propósito los icneumones con la intención expresa de que se alimentaran dentro de los cuerpos vivos de las orugas, o que un gato deba jugar con un ratón". (68) Otros ejemplos fueron "el joven cuclillo expulsando a su hermano de leche" y "hormigas teniendo esclavos". (69) ¿Cómo explican los teóricos del diseño contemporáneos la presencia del mal en un mundo diseñado?

¿Qué filosofía de ciencia impone la teoría del diseño? Hull escribe que teorías más antiguas del diseño descansan en dos pilares: un entendimiento baconiano de la inducción, con su afirmación de garantizar certeza absoluta, y una metafísica esencial. James Moore en The Post-Darwinian Controversies (La Controversias Pos Darvinianas) hace eco al mismo tema, describiendo a los cristianos anti darwinistas como aquellos que buscaban "certeza absoluta a través de inferencias inductivas", con la creencia corolaria de que el mundo "contiene un número finito de 'clases' naturales fijas". (70) ¿La noción de diseño requiere de hecho que nosotros abracemos esas posiciones filosóficas?

Referencias

1. William Dembski, "Not Even False?: Reassessing the Demise of British Natural Theology," ("¿Ni siquiera Falso?: Re-evaluando la Muerte de la Teología Natural Británica") Center for Interdisciplinary Studies, Princeton, NJ, nd., p. 2.
2. Ernst Mayr, Introduction to Charles Darwin, On the Origin of Species (Introducción a Charles Darwin, Sobre el Origen de las Especies), una copia de la primera edición (Cambridge: Harvard University Press, 1964), p. xviii. Douglas Futuyma, Evolutionary Biology, 2nd ed. (Sunderland, MA: Sinauer Associates, 1986), p. 3.
3. Peter Bowler, The Non-Darwinian Revolution: Reinterpreting a Historical Myth (La Revolución No Darviniana: Reinterpretando un Mito Histórico) (Baltimore: The Johns Hopkins University Press, 1988), pp 4-5, 10-11, 30-31, 50, 66-67 y en varios pasajes. Ver también James R. Moore, The Post-Darwinian Controversies: A Study of the Protestant Struggle to Come to Terms With Darwin in Great Britain and America 1870-1900 (Las Controversias Pos Darvinianas: Un Estudio de la Lucha Protestante para Llegar a Términos con Darwin en Gran Bretaña y América 1870-1900) (Cambridge: Cambridge University Press, 1979), and Robert J. Richards, The Meaning of Evolution: The Morphological Construction and Ideological Reconstruction of Darwin's Theory (El Significado de la Evolución: La Construcción Morfológica y la Reconstrucción Ideológica de la Teoría de Darwin) (Chicago: The University of Chicago Press, 1992).
4. Thomas Henry Huxley, Lay Sermons, Addresses, and Reviews (Sermones, Discursos y Revisiones Laicos), (New York: D. Appleton and Co., 1879), p. 283.
5. Neal C. Gillespie, Charles Darwin and the Problem of Creation (Charles Darwin y el Problema de la Creación) (Chicago: The University of Chicago Press, 1979), p. 147, emphasis added.
6. Robert M. Young, Darwin's Metaphor: Nature's Place in Victorian Culture (La Metéfora de Darwin: El Lugar de la Naturaleza en la Cultura Victoriana) (Cambridge: Cambridge University Press, 1985), pags. 82, 122, 120.
7. Gillespie, p. 46.
8. Francis Darwin, ed., Life and Letters of Charles Darwin (Vida y Cartas de Charles Darwin) (New York: D. Appleton and Co., 1899), Vol. II, p. 155.
9. Life and Letters of Charles Darwin (Vida y Cartas de Charles Darwin) , Vol. II, p. 210.
10. Francis Darwin, ed., More Letters of Charles Darwin (Más Cartas de Charles Darwin) (New York: D. Appleton and Co., 1903), Vol. II, p. 171.
11. Cited in John Durant, "Darwinism and Divinity: A Century of Debate," in Darwinism and Divinity: Essays on Evolution and Religious Belief ("Darwinismo y Divinidad: Un Siglo de Debate", en Darwinismo y Divinidad: Ensayos sobre la Evolución y la Creencia Religiosa), ed. John Durant (New York: Basil Blackwell, 1985), p. 18.
12. Life and Letters of Charles Darwin (Vida y Cartas de Charles Darwin), Vol. I, p. 437.
13. David L. Hull, Darwin and His Critics: The Reception of Darwin's Theory of Evolution by the Scientific Community (Darwin y Sus Críticos: La Recepción de la Teoría de Darwin de la Evolución por la Comunidad Científica) (Cambridge: Harvard University Press, 1973), p. 26.
14. Young, p. 98.
15. Herbert Spencer, An Autobiography (Una Autobiografía) (New York: D. Appleton and Co., 1904), Vol I, p. 172.
16. Spencer, An Autobiography (Una Autobiografía), Vol. I, p. 655.
17. Spencer, An Autobiography (Una Autobiografía), Vol. II, p. 7.
18. Herbert Spencer, The Principles of Psychology (Los Principios de la Sicología) (New York: D. Appleton and Co., 1896), Vol. I, p. 466n.
19. David Duncan, Life and Letters of Herbert Spencer (Vida y Cartas de Herbert Spencer) (New York: D. Appleton and Co., 1908), Vol. II, p. 319.
20. Leonard Huxley, Life and Letters of Thomas Henry Huxley (Vida y Cartas de Thomas Henry Huxley) (New York: Macmillan, 1903), Vol. I, pags. 241, 243.
21. Life and Letters of Thomas Henry Huxley (Vida y Cartas de Thomas Henry Huxley), Vol. II, p. 1.
22. Life and Letters of Thomas Henry Huxley (Vida y Cartas de Thomas Henry Huxley), Vol. I, p. 246.
23. Life and Letters of Thomas Henry Huxley (Vida y Cartas de Thomas Henry Huxley), Vol. II, p. 16.
24. Life and Letters of Thomas Henry Huxley (Vida y Cartas de Thomas Henry Huxley), Vol. I, p. 243.
25. Life and Letters of Thomas Henry Huxley (Vida y Cartas de Thomas Henry Huxley), Vol. I, p. 252.
26. Thomas Henry Huxley in Francis Darwin, ed., Life and Letters of Charles Darwin (Vida y Cartas de Charles Darwin), Vol. I, p. 553.
27. Bowler, pags. 70, 72.
28. Gillespie, p. 33.
29. Thomas Henry Huxley, Man's Place in Nature (El Lugar del Hombre en la Naturaleza) (New York: D. Appleton and Co., 1896), p. 151.
30. Thomas Henry Huxley, "Science and Religion," The Builder ("Ciencia y Religión", El Constructor), 1859, Vol. 17, p. 35 (énfasis en el original).
31. Charles Hodge, What Is Darwinism? And Other Writings on Science and Religion (¿Qué es Darvinismo? Y Otros Escritos sobre Ciencia y Religion) ed. e intro. Mark A. Noll y David N. Livingstone (Grand Rapids: Baker Books, 1994), pags. 85, 155.
32. Citado en Hodge, p. 110.
33. Emil du Bois-Reymond, "Darwin versus Galiani," citado en John Theodore Merz, A History of European Thought in the Nineteenth Century (Una Historia del Pensamiento Europeo en el Siglo Diecinueve) (New York: Dover Publications, 1904), Vol. I, p. 435n.
34. Citado en Arnold Lunn, The Flight From Reason (El Vuelo desde La Razón) (New York: The Dial Press, 1931), p. 101.
35. John Herschel, Physical Geography of the Globe (Geografía Física del Globo) (Edinburgh: Adam y Charles Black, 1867), p. 12n.
36. Gillespie, pags. 83-85.
37. Jane Loring Gray, ed., Letters of Asa Gray (Cartas de Asa Gray) (New York: Burt Franklin, 1973), Vol. 2, p. 498.
38. Life and Letters of Charles Darwin (Vida y Cartas de Charles Darwin) , Vol. II, pags. 6-7, 28, y More Letters of Charles Darwin (Más Cartas de Charles Darwin), Vol. I, pags. 191-192.
39. Nora Barlow, ed., The Autobiography of Charles Darwin 1809- 1882 with Original Omissions Restored (La Autobiografía de Charles Darwin 1809-1882 con Omisiones Originales Restauradas) (New York: W. W. Norton and Company, 1958), p. 87.
40. Hull, p. 54.
41. Hull, pags. 63, 65.
42. Gillespie, pags. 119-120, 16.
43. Young, pags. 110-112.
44. Gillespie, p. 149.
45. Charles Darwin, On the Origin of Species (Sobre el Origen de las Especies), una copia de la primera edición, intro. Ernst Mayr (Cambridge: Harvard University Press, 1964), p. 398 (ver también pags. 352, 365).
46. Origen, pags. 365-366.
47. More Letters of Charles Darwin (Más Cartas de Charles Darwin), Vol. I, p. 173.
48. Origen, pags. 355, 406, 352.
49. James F. Coppedge, Evolution: Possible or Impossible? (Evolución:¿Posible o Imposible?) (Grand Rapids: Zondervan, 1973), p. 87.
50. Wayne Frair and Percival Davis, A Case for Creation (Un Caso para la Creación) (Chicago: Moody Press, 1983), p. 72.
51. Walter Lammerts, "The Galapagos Island Finches en Why Not Creation? ," ("Los Pinzones de las Islas Galápagos", en ¿Por qué No Creación?), ed. Walter Lammerts (Grand Rapids: Baker Book House, 1970), p. 361.
52. Charles Darwin, The Descent of Man and Selection in Relation to Sex (La Descendencia del Hombre y la Selección en Relación al Sexo), segunda ed. (New York: D. Appleton, 1896), p. 613.
53. Notes and Records of the Royal Society of London (Notas y Registros de la Real Sociedad de Londres), ed. Sir Gavin de Beer, Vol. 14, No. 1, 1959, p. 35.
54. Charles Darwin, On the Various Contrivances by Which British and Foreign Orchids Are Fertilized by Insects and on the Good Effects of Inter-crossing (Sobre los Varios Diseños por los cuales las Orquideas Británicas y extranjeras son Fertilizadas por Insectos y sobre los Buenos Efectos del Entrecruzamiento) (London: John Murray, 1862), p. 2.
55. Life and Letters of Charles Darwin (Vida y Cartas de Charles Darwin), Vol. II, p. 146.
56. Life and Letters of Charles Darwin (Vida y Cartas de Charles Darwin), Vol. II, p. 97.
57. More Letters of Charles Darwin (Vida y Cartas de Charles Darwin), Vol. I, pags. 193-194.
58. Life and Letters of Charles Darwin (Vida y Cartas de Charles Darwin), Vol. I p. 284.
59. E.L. Mascall, Christian Theology and Natural Science (Teología Cristiana y Ciencia Natural) (Hamden, CT: Archon Books, 1965), p. 198.
60. Thomas F. Torrance, "Divine and Contingent Order," ("Orden Divino y Contingente") en The Sciences and Theology in the Twentieth Century (Las Ciencias y la Teología en el Siglo Veinte), ed. A.R. Peacocke (Notre Dame: University of Notre Dame Press, 1981). Christopher Kaiser usa la frase "autonomía relativa" para decir la misma cosa. Ver Creation and the History of Science (La Creación y la Historia de la Ciencia) (Grand Rapids: Eerdmans, 1991), pags. 15, 131.
61. Kaiser, pags. 4-7.
62. See Richard A. Norris, God and World in Early Christian Theology (Dios y el Mundo en la Teología Cristiana Primitiva) (London: Adam y Charles Black, 1965).
63. Gillespie, pags. 152-153.
64. Bowler, pags. 68-71.
65. Citado en John Hedley Brooke, "The Relations Between Darwin's Science and his Religion," (Las Relaciones entre la ciencia de Darwin y su Religión) en Darwinism and Divinity (Darwinismo y Divinidad), p. 46.
66. Life and Letters of Sir Joseph Dalton Hooker (Vida y Cartas de Sir Joseph Dalton Hooker), ed. Leonard Huxley (London: John Murray, 1918), Vol. I, pags. 481-82.
67. Origin (Origen), p. 482.
68. The Life and Letters of Charles Darwin (Vida y Cartas de Charles Darwin), ed. Francis Darwin, Vol. II (New York: D. Appleton and Co., 1888), p. 105.
69. Origin (Origen), pags. 242-244.
70. Moore, pags. 205-206, 346.

Nancy R. Pearcey es la Directora de Fellow and Policy de Wilberforce Forum, y coautora con Charles Thaxton de The Soul of Science (El Alma de la Ciencia) (Crossway)


Copyright 1999 Nancy Pearcey.
Traducido por Juanira Posada
© Mente Abierta, 2001
Usado con permiso
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