Categoria: Cristianismo y la Ciencia

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Prerequisitos Para la Vida en el Universo ( Parte I )

 

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Las credenciales del autor le capacitan para explicar en esta serie de artículos un tema algo complicado. Los orígenes del Universo, el Principio Antrópico y la posibilidad de un Creador cuya inteligencia se manifiesta en el universo conocido son los temas que le ocupa.

Una advertencia. Estos artículos no son sencillos. La presentación es amplia y los conceptos por momentos abstractos. Pero el lector/a que persista hasta el final del quinto artículo, se verá premiado/a con una nueva comprensión de las palabras del poeta hebreo de hace treinte siglos: "Los cielos cuentan la gloria de Dios..."

En la conferencia número 7 de Modes of Thought (Modos de pensamiento),  A.N. Whitehead ataca un retrato de la naturaleza al estilo "Hume-Newton", tachándolo de un "complejo de hechos autosuficiente y sin sentido”.  Este comentario nos puede dar una  impresión bien equivocada del pensamiento de Newton. En El Escolio General de su Philosophiae naturalis principia mathematica (1687), Newton escribió que el “sistema tan bello del sol, de los planetas y de los cometas sólo podría proceder del consejo y del dominio de un Ser inteligente y poderoso”; que Dios colocó las estrellas “a distancias inmensamente grandes entre las unas y las otras” para que el cosmos no colapsara; que “la ciega necesidad metafísica” no puede haber producido “tanta diversidad de cosas naturales que encontramos tan apropiadas para distintos lugares y tiempos”. ¿Whitehead puede haber ignorado todo esto? Si no, ¿cómo llegó a desechar a Newton con semejantes términos?
 
A lo mejor, la verdadera diana de Whitehead son los “newtonianos” que siempre consideran las siguientes palabras del Escolio General: “No propongo ningún hipótesis....es suficiente que la gravitación existe en realidad y actúa según las leyes que hemos explicado”. Estas personas no quieren mirar ni los pasajes que rodean esas oraciones tan famosas, ni las cartas de Newton a Bentley, ni las Queries  que añadió a los Opticks, porque en todos hay una abundancia de hipótesis teístas. (La hipótesis, por ejemplo, de un plan divino en “ese orden y esa belleza que vemos en el mundo” y sobre todo en órganos tal como el ojo,[1]  o la hipótesis de que “las meras Leyes de la Naturaleza” nunca podrían incitar al mundo a “levantarse del Caos”,[2] y  la hipótesis sobre la razón por la que “la materia se divide en dos tipos” y por qué “aquella parte de ella que es apropiada para formar un cuerpo brillante y que haya caído en una masa para hacer un sol” solo podría depender “del consejo y de las invenciones de un Agente voluntario”.[3]  Supuestamente, la reputación de Newton exige que esta tormenta de preguntas esté asignada calladamente al olvido.
 
La gente se acuerda del desprecio que Leibniz hizo[4] sobre la idea newtoniana de que, de vez en cuando Dios tendría que “rebobinar”, “limpiar”, “arreglar” el cosmos, impartiendo a los planetas impulsos que corrigieran sus trastornos, y que superaran la pequeña pero importante fricción de un éter invisible. ¿No fue Laplace quien demostró que el sistema solar era estable a pesar de sus trastornos? ¿No se ha comprobado ya que la fricción de un éter es una idea científicamente reprochable? ¿No ha borrado Darwin la necesidad de la mano de Dios? Puede parecer que Newton busque a Dios en los huecos de nuestro entendimiento científico, huecos que tienen la costumbre un poco vergonzosa de llenarse de repente.
 
Mi argumento, sin embargo, propone que la mezcla newtoniana de la ciencia con el teísmo es algo glorioso. No pretendo defender a Newton de los ataques ni de Leibniz ni de Darwin, ya que su idea de la intervención divina constante en el funcionamiento del mundo parece haber sido desafortunada. (Como comentó Leibniz, la representación de Dios aquí parece ser la de “un obrero incapaz, muchas veces obligado a  reparar su labor”. Y el problema de la maldad- el de reconciliar los desastres terrenales con la beneficencia divina- parece ser insuperable, a menos que Dios tenga fuertes razones morales para no corregir perpetuamente el funcionamiento del mundo.) Pero las manifestaciones de las leyes de la física, y quizás también la distribución de la materia al principio del Big Bang, sí que sugieren la actividad creativa de Dios. Esto lo voy a demostrar por medio de hechos que Newton desconocía, pero de acuerdo con lo que habría deseado. Le faltaba, dijo, “esa suficiencia de experiencia que se requiere” para el desarrollo adecuado de su sistema.
 
Voy a acudir primordialmente a evidencia nueva, la cual se cita a menudo en conexión con el Principio Antrópico.

 (a) Muchos sugieren que las características básicas del cosmos observable- las potencias de sus fuerzas mayores, la masa de sus partículas, la velocidad de su expansión primitiva, la proporción de fotones a bariones,- están increíblemente perfeccionadas para la producción de la vida.
 
(b) En vez de proponer a Dios como agente de esta perfección, se propone típicamente la existencia de “universos” sin número (esto es, sistemas mayoritariamente o completamente independientes, quizás de un tamaño inmenso: los autores soviéticos a menudo los llamaban “megagalaxias”) y que la potencia de las fuerzas, las masas de las partículas, las velocidades de expansión, etc., varían de un universo a otro. Antes o después, en algún lugar, las condiciones permiten que la vida evolucione. El Principio Antrópico nos recuerda que, obviamente, tal lugar sólo puede ser observado por seres vivientes.
 
(c) Pero se podría ofrecer una interpretación alternativa. Esto es, que sólo existe un universo. Las potencias de sus fuerzas y las masas de sus partículas son iguales por todas partes (como se sugiere en la Segunda Regla de Razonamiento de la Principia, la cual Newton explicó con el comentario de que “la luz del sol y de nuestro fuego culinario” se gobiernan a través de las mismas leyes). Y la potencia de las fuerzas, la masa de las partículas, la velocidad de expansión, y otros factores fueron seleccionados con el propósito de hacer posible la vida. Las seleccionó una Mente o un Principio Creativo[5], el cual se puede llamar razonablemente “Dios”.

 
II.

El “Destino Ciego”, dijo Newton, nunca podría producir la “Maravillosa Uniformidad” de los movimientos planetarios. “Puede que la gravitación haya puesto a los planetas en movimiento, pero sin el poder divino, nunca los habría podido poner en tal movimiento giratorio como el que tienen”.[6] Bueno, aunque se haya equivocado respeto a los planetas, podría tener razón en cuanto al orden del universo en general. Intentemos hacer funcionar al revés un modelo del cosmos. A menos de que las piezas estén cuidadosamente colocadas, surge el caos.
 
Ahora bien, Newton razonaba[7] que si se esperaba el caos al intentar hacer funcionar un cosmos al revés – por ejemplo, dándole “a la materia de la Tierra, de todos los planetas y de las estrellas” un movimiento que causara que la materia “saliera volando de ellos”, y así intentando poner al revés cualquier proceso por el cual la materia de estos cuerpos celestes se hubiera juntado para formarlos- entonces el poder divino habría sido necesario para prevenir que ese mismo cosmos se desarrollara de forma caótica mientras funcionaba normalmente; así que, aun la materia “distribuida igualmente a través de los cielos” se pondría lógicamente en desorden. Y semejante razonamiento se ve favorablemente hoy en día.
 
Se propone a menudo que un Big Bang caótico; empezando probablemente en una singularidad (una región más allá de la cual las historias pasadas de los rayos de luz no pueden extenderse) recortada más que puntiaguda; es lo más lógico,  porque al hacer funcionar al revés un universo seleccionado al azar, el caos resultaría; y además, el caos de tal explosión sólo podría evolucionar hacia un funcionamiento cósmico constante, produciendo a la vez un desorden inmenso a escala más pequeña- calor inmenso o inmensas cantidades de agujeros negros.
 
(Los agujeros negros son muy desordenados, son sistemas de “muy alta entropía”). Aquí hay que mencionar con especial importancia el hecho de que la acción instantánea a distancia es imposible. (Newton rechazó como “inconcebible” la idea de que “la materia bruta inanimada podría afectar, sin ninguna mediación, a otra materia con la cual no tenía contacto mutuo”[8]. La falta de comunicación instantánea  implicaría que las regiones que surgieran de un Big Bang no sabrían de la existencia de las demás hasta que la luz hubiese tenido tiempo para pasar entre ellas. Por lo cual podría esperarse que sus movimientos fuesen totalmente turbulentos y sin coordinación. Cuando hacían contacto, la fricción podría producir un funcionamiento constante a gran escala, pero a la vez produciría o temperaturas que excluirían la vida o agujeros negros.
 
Este dilema se llama el “Smoothness Problem”, el dilema del funcionamiento continuo. P.C.W. Davies escribió que incluso la eliminación de pequeñas cantidades de turbulencia primitiva resultaría en “un aumento del calor original de millares de millones de veces” con resultados desastrosos. Y “ si la materia original fuera removida al azar, habría sido muchísimo más probable la producción de agujeros negros en vez de estrellas”: “Las probabilidades en contra de un cosmos lleno de estrellas” llegan a ser “uno en un número seguido por millares de billones de ceros, por lo menos”[9] 

De manera semejante, R. Penrose calculaba[10] que, dada la ausencia de nuevos principios físicos que garantizaran un principio sin problemas, la exactitud de la puntería del Creador al seleccionar nuestro mundo ordenado de entre el espacio de todos los mundos posibles, tenía la probabilidad matemática de “una parte de 10E+10123”.
 
El dilema de la continuidad sigue siendo de gran magnitud aun si los mecanismos que estaban activos en los primeros instantes hubieran ajustado la proporción de partículas materiales a fotones para disminuir esa magnitud. Porque estos mecanismos sólo habrían sido operativos en los momentos más primitivos; en cambio las regiones que anteriormente no se habían interrelacionado, podrían seguir cruzándose mutuamente los horizontes durante miles de millones de años.
 
Cualquier solución al Dilema tiene que permitir la presencia de aberraciones locales de la continuidad que hicieran posible el desarrollo de la vida: las galaxias. Los volúmenes de gases tienen que condensarse a estrellas. Pero si el universo total se portara de forma similar, podría precipitar un desastre repentino. ¿Qué impide que las estrellas se cayesen las unas encima de las otras? Newton contestó, como hemos observado, que Dios las había colocado “a distancias inmensas”, pero una respuesta más completa sería que nuestro cosmos, desde los primeros instantes, se expandía a una velocidad que lo colocaba muy cerca de la línea divisoria entre la explosión continua, y la implosión gravitacional. Pequeñas desviaciones primitivas crecerían inmensamente, como lo enfatizaba R.H. Dicke en 1.970. Calculaba[11] que un aumento temprano de velocidad de 0.1% habría producido una expansión actual miles de veces más rápido de lo que encontramos. Una disminución similar habría precipitado un colapso cuando el cosmos llegaba a la millonésima parte de su tamaño actual.
 
Estos cálculos han sido refinados desde entonces. En 1978, Dicke dijo[12] que una disminución de una parte en  un millón cuando el Big Bang tenía un segundo de edad habría producido un colapso antes de que las temperaturas cayeran por debajo de 10,000 grados; con un aumento igual de pequeño, “ la energía cinética de la expansión habría dominado tanto la gravitación, que las pequeñas irregularidades de densidad no se habrían podido juntar en sistemas unidos en los que las estrellas pudieran formarse.” Y S.W. Hawking estimó que aún una disminución de una parte en un millón de millones, cuando la temperatura estaba a 10E+10 grados “habría resultado en el principio del colapso del universo cuando la temperatura seguía en 10,000 grados”.[13] La afinación tiene que ser más exacta cuanto más hacia atrás se encuentre el momento en que se lleva a cabo.
 
Otra forma de expresar la necesidad de una perfecta afinación es la de considerar las densidades cósmicas primitivas, las cuales están estrechamente relacionadas con las velocidades de expansión. Si podemos mirar hacia atrás al tiempo de Planck, 10E-43 segundos después del principio del Bang, entonces la densidad debe haber estado dentro de una parte de 10E+60 de la “densidad crítica” en la cual el espacio está precisamente llano, así colocándolo exactamente en la línea entre el colapso y la expansión continua.[14] Las temperaturas (medidas en términos enérgicos) habrían estado alrededor de 10E+19 GeV; en una etapa más tarde, 10E+17GeV, de la cual podemos hablar con más seguridad, la afinación tendría[15] que tener una perfección de una parte de 10E+55. El Problema de la Velocidad de Expansión así puede ser llamado El Problema de la Llanura.  ¿Por qué no está más curvo el espacio?
 
Muchos mantienen ahora que los problemas de la Continuidad y de la Llanura (Problemas de “Smoothness” y “Flatness”) pueden ser solucionados a través del Escenario Inflacionario (Inflationary Scenario) A.H. Guth y otros desarrollaron este escenario para explicar la ausencia de monopolos magnéticos. A temperaturas muy elevadas, las cuatro fuerzas principales de la naturaleza – la gravitación, el electromagnetismo, y la fuerzas nucleares mayores y menores – se han considerado sólo como aspectos de una fuerza independiente; también puede que haya habido sólo un tipo de partícula. Al caer la temperatura, las fuerzas se dividían simétricamente – rompiendo transiciones de fase: observemos el comportamiento del agua, que al congelarse, pierde su simetría rotacional, su característica de parecer igual desde todas las direcciones, y asume la simetría más limitada de los cristales de hielo. Ahora bien, las transiciones de fases podrían continuar de formas distintas. Sería muy probable que en las áreas separadas causalmente, no pudiendo unirlas los rayos de luz, que sí que continuarían de forma distinta: es poco probable, por ejemplo, que un millón de monos siempre escriban a máquina la misma secuencia de letras!
        
El resultado sería una inmensa cantidad de dominios con diferentes simetrías, y nudos topológicos en los puntos de contacto entre los dominios. Tales nudos serían monopolos magnéticos. Éstos serían tan pesados y tan numerosos que el universo volvería a colapsar muy rápidamente.[16] Pero este desastre podría evitarse si cualquier transición de fases, las cuales crean los monopolos, se asociara con una inflación exponentemente rápida del espacio. Y semejante inflación (como el crecimiento de una madriguera en la que cada conejo pare a diez más) podría ocurrir en los primeros instantes. Podría empujar los monopolos y los muros de los dominios mucho más allá del alcance de cualquier telescopio.
 
La inflación masiva produciría un espacio extremadamente llano: un globo muy inflado tiene una superficie muy llana. Y el problema de la  continuidad puede que se solucionara con una respuesta semejante a la de los problemas de la Velocidad, de la Expansión, y de la Llanura. En la ausencia de la inflación, el universo visible habría crecido desde quizás 10E+83 regiones inicialmente separadas, siendo el resultado de su contacto eventual una turbulencia tremenda. La inflación, sin embargo, podría significar que nuestro horizonte quedara en lo profundo de una de esas regiones, las partes de la cual formarían una entidad coordenada por haber reaccionado en momentos pre-inflacionarios. (La inflación las habría separado mucho más rápidamente que la velocidad de la luz. La relatividad general permite tales velocidades cuando las produce la expansión del espacio.)
 
De todos modos, los dos Problemas se solucionan al coste de introducir otros. Los diseñadores de los modelos, experimentan problemas en arrancar la inflación, en acabarla sin producir demasiada turbulencia, (“the Graceful Exit Problem” [el Problema de la salida elegante]), y en hacerle producir irregularidades ni demasiado grandes ni demasiado pequeñas como para permitir el crecimiento de otras galaxias. Incluso si se elige una Gran Teoría Unificada (Grand Unified Theory) para conseguir los resultados deseados – los cuales pueden parecerse mucho a la “afinación” supuestamente innecesaria gracias a la hipótesis inflacionaria- puede que todavía quede la obligación de proponer un espacio gigantesco que contenga regiones excepcionales, ya inhabitualmente continuas, en las cuales la inflación del tipo correcto ocurra.[17] Además, en los modelos más populares, la inflación está accionada por la repulsión del mismo tipo que introdujo Einstein al darle a la constante cosmológica un valor no cero. Aunque aparece con naturalidad en las ecuaciones de la Relatividad General, esta constante siempre se ha tomado como cero, y así ha sido mayoritariamente ignorada. Einstein comentó que la utilización de esta constante había sido su error más grande: en vez de emplearlo para mantener todo estático, dijo que debería haber pronosticado la expansión cósmica. Pero el rompecabezas de Einstein sobre cómo mantener estático el universo, ha sido reemplazado por el de cómo evitar el colapso inmediato, porque la física actual llena el espacio de campos de energía de tan gran densidad, (particularmente en la forma de  fluctuaciones cuánticas de vacío en las que las partículas tienen una existencia pasajera) que la gravitación tendría que poder colapsar todo a una esfera de 10E-33 cm.
 
Para solucionar este nuevo enigma, se considera que dos componentes de la constante cosmológica, “lambda pura” y “lambda cuántica” se cancelan mutuamente a una exactitud de más de una parte de 10E+50.  Cómo se consigue este bello resultado queda poco claro.  Mientras podríamos inventar mecanismos para explicarlo, puede ser mejor tratar  esta cancelación tan exacta, como una cuestión de azar – esto es, lo que probablemente ocurriría por algún lado dentro de cualquier Realidad suficiente gigantesca- o de la Selección Divina. Porque podría parecer que la cancelación no depende de ninguna ley fundamental por las siguientes razones: la actividad cuántica del vacío involucra muchos campos, la contribución de cada una depende de temperaturas, y una hueste de partículas escalares son cruciales para su resultado.[18] Tampoco se puede explicar como un producto de una inflación que haya ocurrido apropiadamente, porque esto sería empezar por el final. La inflación podría ocurrir apropiadamente sólo si la cancelación ya fuera inmensamente exacta,[19] aunque después sería más exacta todavía. (Actualmente[20] la constante cosmológica es de cero a una parte de 10E+120.)
 
Un cambio en las fuerzas actualmente medidas tanto de la gravitación como de la fuerza nuclear débil, aunque fuera tan pequeño como una parte de 10E+100, podría acabar con esta cancelación de la que nuestras vidas dependen.[21] Y parece que el resultado de la inflación, serían fluctuaciones de densidad capaces de producir galaxias, sólo si una Gran Fuerza Unida tuviera una constante emparejadora (“coupling constant” - una medida de cómo esta Fuerza afecta las partículas) de sólo 10E-7, la cual se podría considerar “anormalmente pequeña”.[22]
 
Asumiendo, sin embargo, que la inflación hubiera ocurrido apropiadamente, entonces el cosmos estaría suficientemente “diluido” como para escapar del colapso de los billones de años que la vida inteligente podría necesitar para su evolución, y además lo suficiente constante (“smooth”) como para permitir las bajas temperaturas que estimulan la vida. Y estos logros no serían insignificantes. Tal como J.A. Wheeler ha recalcado, “ningún universo puede proveer varios billones de años de tiempo, según la relatividad general, a no ser que esté varios billones de años luz en aumento",[23] lo que tan sólo ocurriría  si tuviese una densidad  promedio no mayor que diez átomos de hidrógeno por metro cúbico. (Además, hace falta un cosmos muy diluido  para resolver la paradoja de Olbers: ¿Por qué está el Cielo Oscuro de Noche en Lugar de estar lo Suficiente Caliente como para Asarnos, si mire dónde se mire,  debe haber o una estrella o alguna partícula de polvo calentada por esa estrella?  Muchos libros acuden erróneamente al hecho (lo cual crea una pequeña diferencia en el problema) de que el universo se está expandiendo. La respuesta correcta, es que la materia está tan diluida que aunque toda fuera convertida en radiación, el cielo no estaría caliente. Una mayor amenaza es la de los rayos cósmicos, tan destructivos que debemos estar agradecidos de que sus orígenes estén tan extendidos.)
 
En el interior de cada galaxia, existen densidades mucho mayores sin ningún desastre. Aún así, las estrellas no pueden estar más apretadas que en nuestra galaxia si van a evitar que casi se colisionen, implicando la ruina de los sistemas planetarios (uno de los argumentos que formuló G.M Idlis en la primera declaración importante de lo que en la actualidad llamamos “Anthropic Principle”, el principio antrópico) y de la galaxia entera, cuya velocidad de colapso aumenta cada vez que casi ocurre una colisión.[24]  Por otra parte, si las galaxias se agruparan más densamente, sus colisiones podrían dificultar mucho el desarrollo de la vida.
 
Además, se presentan dificultades tan enormes al saltar desde la pura química hasta la bioquímica del ADN, que sería necesaria la presencia de todas las 10E+22 estrellas del universo visible para darle a la vida sólo una posibilidad de desarrollarse. Ahora, una era inflacionaria podría estar caracterizada por mecanismos productores de materia ocasionando la creación de aquella cantidad de estrellas. Tales mecanismos explotarían el hecho de que la energía gravitacional, al igual que todas las energías de enlace físico, es energía negativa. Lo cual podría equilibrar mucho más la energía positiva de la materia recién creada.[25]

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John Leslie
Este artículo ha sido publicado en Newton and the New Direction in Science, ed. G.V. Coyne, M. Heller, y J. Aycinski (Vatican City: Specola Vaticana, 1988). John Leslie estudió filosofía y psicología en la Universidad de Oxford antes de venir a la Universidad de Guelph en Ontario en 1968, donde actualmente sirve como catedrático de filosofía. Ha ejercido como secretario de la Asociación Filosófica Canadiense y ha recibido los siguientes becas y/o galardones: Canada Council Research Grant,  Social Sciences and Humanities Research Council Fellowship,  Forster Fellowship, y Visiting Fellowship at the Australian National University. Reconocido como el experto más destacado en el principio antrópico, John Leslie ha escrito Value and Existence (El valor y la existencia) y varios artículos sobre este tema en boletines y antologías tal como Scientific Explanation and Understanding, Current Issues in Teleology, Origin and Early History of the Universe, American Philosophical Quarterly, Philosophy, y  Mind.
 
Notas
 
 [1] Opticks, Query 28.
 
[2] Query 31.
 
[3] Primera carta a Bentley.
 
[4] Carta a la Princesa de Gales,  noviembre, 1715

 [5] En muchos de mis estudios he defendido el principio neoplatonista de la creación: especialmente en Value and Existence (Oxford: 1979) y en artículos de American Philosophical Quarterly 7 (1970); Mind 87 (1978); International Journal for Philosophy of Religion 11 (1980); y Religious Studies (en trámite).

 [6] Segunda carta a Bentley.
 
[7] Cuarta carta a Bentley
 
[8] Tercera carta a Bentley
 
[9] Other Worlds (London: 1980), páginas 160-1 y 168-9.
 
[10] Quantum Gravity 2 (Oxford: 1981), eds. C.J. Isham, R. Penrose, D.W. Sciama, páginas 248-9.

[11] Gravitation and the Universe (Philadelphia: 1970), pág. 62.
 
[12] Página 514 de R.H. Dicke y P.J.E. Peebles en General Relativity (Cambridge: 1979), eds. S.W. Hawking
 y W. Israel.
 
[13] Página 285 de Confrontation of Cosmological Theories with Observational Data (Dordrecht: 1974), ed. M.S. Longair.
 
[14] B.J. Carr, Irish Astronomical Journal 15 (1982), pág. 244; cf. pág. 20 de P.C.W. Davies "The Anthropic Principle," en Particle and Nuclear Physics 10 (1983),  páginas1-38, o pág. 411 of J.D. Barrow and F.J. Tipler The Anthropic Cosmological Principle (Oxford; 1986).
 
[15] Página 348 de A.H. Guth, Physical Review D 23 (1981).

[16] Página 433 de Barrow y Tipler, cf. Guth, pág.352.

 [17] Véase por ejemplo, The Very Early Universe (Cambridge: 1982), eds. G.W. Gibbons, S.W. Hawking, T.C. Siklos, páginas 271, 393 ff.; o A.D. Mazenko, G.M. Unruh, R.M. Wald, Physical Review D 31 (1985), páginas 273-282.
 
[18] Páginas 28-30 de Davies en "The Anthropic Principle."
 
[19] See pág. 413 de Barrow and Tipler; o pág. 6, 26, 475-6, de The Very Early Universe.
 
[20] S.W. Hawking, Phil. Trans. Roy. Soc. London A 310 (1983),  pág. 304.
 
[21] Davies, "The Anthropic Principle," pág. 28.
 
[22] Barrow and Tipler,  pág. 434.
 
[23] American Scientist 62 (1974), pág. 689.
 
[24] F. Dyson, Scientific American 225 (1971), páginas 52-4; Idlis, Izvest. Astrofiz. Instit. Kazakh. SSR 7 (1958), ppág. 39-54 and espág. pág. 47.
 
[25] PÁG.C.W. Davies, Superforce (Nueva York: 1984), ppág. 183-205.

 

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Traducido por Darío Fox
© Mente Abierta 2004
 

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