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Prerequisitos Para la Vida en el Universo ( Parte II )

Las credenciales del autor le capacitan para explicar en esta serie de artículos un tema algo complicado. Los orígenes del Universo, el Principio Antrópico y la posibilidad de un Creador cuya inteligencia se manifiesta en el universo conocido son los temas que le ocupa.
Una advertencia. Estos artículos no son sencillos. La presentación es amplia y los conceptos por momentos abstractos. Pero el lector/a que persista hasta el final del quinto artículo, se verá premiado/a con una nueva comprensión de las palabras del poeta hebreo de hace treinte siglos: "Los cielos cuentan la gloria de Dios..."

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III.

“El movimiento”, dijo Newton, “está siempre en desintegración positiva”: “hay que conservarlo por medio de principios activos”, por ejemplo aquellos “por los cuales el sol continúa siendo extremadamente caliente”. Pero los detalles “todavía no se han descubierto”.[1]
 
¿Ya los hemos descubierto? Bueno, ahora sabemos que la energía no se pierde nunca enteramente. Cuando (tomando el ejemplo de Newton) dos masas de barro colisionan, se vuelven más calientes. Y como el calor es energía en forma “desordenada” y “altamente entrópica”, las diferencias del calor pueden producir el orden de las cosas vivientes. El ímpetu del mundo hacia el desorden, desarrollándose a distintas velocidades en sitios diferentes, forma remolinos. Por lo cual, frecuentemente, el orden local a menudo aumenta.
 
Pero, ¿qué originó las diferencias que se han explotado de esta manera, dado que el Big Bang  no posee ninguna región fría  en la que expandirse  ya que ocupaba todo el espacio? La entropía gravitacional puede ayudarnos. Por lo menos a gran escala, puede que todo se haya iniciado por medio de un orden gravitacional extremo- un hecho en el que un Newton moderno vería posiblemente la mano de Dios. A escala microscópica, podría haber un desorden extremo, autocancelándose a una escala microscópica menos; observemos la forma en que un gas coloreado, en un estado de alta entropía, puede parecer continuo a mera vista; pero sigue siendo difícil entender cómo, a escalas aún más grandes, el Bang fuera un asunto gravitacionalmente continuo en vez de un caos desigual, causando un cosmos de agujeros negros o resultando en temperaturas altísimas de billones de años de duración. Sin embargo, si la continuidad gravitacional podría existir, aunque fuera por medio de la exactitud de una colocación divina, entonces también podrían existir estrellas generadoras de un calor constante. Porque mientras la entropía termodinámica aumenta por medio de la disipación, como cuando un gas se expande, la entropía gravitacional aumenta por medio de la concentración, como cuando una masa grande de gases se juntan para formar una estrella.[2]
 
Newton se equivocó al suponer que la materia necesitaría “dividirse en dos tipos”, uno de ellos formando los planetas, y el otro el sol o soles. (Nuestro sol está constituido mayoritariamente de hidrógeno, pero Júpiter también.) Pero tenía razón al ver que el tamaño inmenso del sol es la clave de su actividad duradera[3] y al hacer la sugerencia extraña sobre “la conversión en Luz de los Cuerpos”.[4] 
 
Reconocemos hoy en día que esta conversión es la fuente del poder del sol. (Como la energía unificadora es energía negativa, la fusión nuclear puede producir una disminución de masa a energía, siendo la diferencia el escape de la radiación.) Además, los soles y planetas pueden parecer dependientes de una gran cantidad de “afinación”. Así que, el Big Bang tenía que producir átomos útiles para las reacciones de fusión estelares en vez de átomos que ya habían experimentado la fusión. Había dos cosas cruciales: la alta velocidad de expansión cuando primeramente se formaron los átomos- fueron rápidamente separados antes de que pudieran fusionarse-  y la extrema debilidad de la fuerza menor nuclear. La fuerza menor controla la fusión de protones con protones, una reacción 10E+18 veces más lenta que se basa en la otra fuerza nuclear, la fuerza mayor. Si no fuera por este fenómeno, “virtualmente toda la materia del universo se habría quemado, reduciéndose a helio antes de que las primeras galaxias empezaran a condensarse”,[5] eliminando tanto el agua como las estrellas estables de larga vida, cuyo combustible es el hidrógeno. (El período de estabilidad en las estrellas que utilizan helio es cuatro veces demasiado corto para permitir la evolución de la vida tal como la conocemos.) De nuevo, la debilidad de la fuerza menor hace que nuestro sol “consuma su hidrógeno tranquilamente durante billones de años en vez de explotar como una bomba”.[6]
 
Si la fuerza menor hubiera sido apreciablemente más fuerte, la combustión nuclear del Big Bang habría seguido más allá del helio hasta llegar al hierro. Entonces serían imposibles las estrellas que funcionan por medio de la fusión.
 
Sin embargo, hay que notar que la fuerza menor no podría haber sido mucho más débil sin haber resultado en un universo hecho totalmente de helio. (Por lo tanto, hay dos amenazas al hidrógeno, una establece un máximo, y la otra un mínimo a los valores de la fuerza menor compatible a la vida tal como la conocemos.) Porque en los primeros momentos los neutrones eran tan numerosos como los protones, y todo estaba tan caliente que las masas mayores de los neutrones, difíciles de generar, no tenían mucha importancia. La fuerza menor, sin embargo, pudo hacer que los neutrones degeneraran, convirtiéndose en protones. Y fue justo lo suficiente fuerte como para asegurar que al formarse los primeros átomos, hubiera suficientes protones extras como para producir más o menos 70% de hidrógeno. Sin un exceso de protones, sólo habría existido el helio.[7]
 
Otra vez, una debilitación en la fuerza menor estropearía los ciclos de protón-protón, y de carbono-nitrógeno-oxígeno, los cuales convierten a las estrellas en fuentes tanto de calor como de los elementos pesados y ligeros que la vida necesita.[8]
 
Pero ¿cómo salen de las estrella estos elementos para poder formar los planetas y la materia viviente? La fuerza menor ofrece una explicación. Cuando las estrellas explotan como supernovas, pierden sus capas exteriores ricas en elementos pesados. (Los elementos más pesados que el hierro, que juegan un papel importante en los organismos de la Tierra, sólo pueden sintetizarse durante las explosiones.) Ahora, estas capas salen volando gracias a los neutrinos que interaccionan  con ellas sólo a través de la fuerza menor. Su debilidad extrema, la cual permite que los neutrinos atraviesen nuestro planeta más fácilmente que las balas por el aire, permite también su escape del núcleo que está colapsándose. Pero la fuerza tiene la potencia necesaria para lanzar al espacio los átomos de la capa exterior que ¡se necesitan para construir a los astrónomos! (Lo suficiente fuerte también como para fusionar los electrones con los protones durante el colapso del núcleo, así asegurando la continuación del colapso. El resultado es una implosión cuya violencia – el núcleo se contrae miles de veces en menos de un segundo – resulta en una explosión gigantesca.)
 
Muchos creen que la formación de nuestro sistema solar, y la de otros sistemas similares que puedan existir, fue provocada por una explosión de una supernova cercana. Los meteoritos contienen oxígeno de un solo isótopo, que se puede separar sólo por medio de una explosión de ese tipo.
 
Aunque que los cálculos son complicados, parece seguro que un debilitamiento de la fuerza menor por un factor de diez habría resultado en un universo que consistiera mayoritariamente de helio y en el cual las supernovas no serían posibles.[9]
 
La fuerza nuclear mayor tampoco puede ser ni demasiado fuerte ni demasiado débil o no permitiría que las estrellas funcionaran a favor de la vida. “Un aumento de 2%” en su fuerza “impediría la formación de los protones por medio de los quarks”, eliminando la posibilidad de la existencia ni de los átomos de hidrógeno,[10] y de los otros ni hablar. Y si esto no fuera suficiente, el mismo aumento pequeño podría provocar un desastre al convertir los protones en diprotones: todo el hidrógeno se convertiría en helio al principio del Big Bang [11] y las estrellas se quemarían por las fuertes interacciones[12], las cuales, como se ha notado anteriormente, proceden 10E+18 veces más rápidamente que la interacción débil que controla nuestro sol.  Un aumento aun más pequeño, quizá de 1%, cambiaría tanto los niveles de resonancia nuclear que casi todo el carbono se quemaría, convirtiéndose en oxígeno.[13] Un aumento un poco más grande, digamos de 10%, también estropearía la síntesis estelar de carbón, cambiando los niveles de resonancia, y  produciendo poca combustión más allá del precursor del carbono, el helio.[14]  Un poco más grande, y todavía resultaría en “núcleos de un tamaño casi ilimitado”,[15] y hasta los cuerpos pequeños se volverían en “miniestrellas de neutrones”.[16] Y todo esto es verdad a pesar del alcance tan corto de la fuerza mayor. Si tuviera un mayor alcance, todo el universo sería “contraído al tamaño de una gota de agua”.[17]
 
Pequeñas disminuciones serían igual de desastrosas. El deuterón, cuyo núcleo consiste en una combinación de un neutrón y un protón, es imprescindible para la nucleosíntesis. Como está débilmente unido,  un debilitamiento de la fuerza mayor “de alrededor de 5%”  partiría el deuterón,[18] creando un universo de hidrógeno sólo. Y un debilitamiento de sólo 1% podría destruir[19] “una cierta resonancia en el núcleo del carbón que permite que el carbón se forme del 4He más el 8Be a pesar de la inestabilidad de 8Be” (lo cual sí que es lo suficiente estable como para tener una vida “anormalmente larga” sugiriendo ésto algo de afinación[20]). “Una disminución de 50% afectaría negativamente la estabilidad de todos los elementos que son esenciales para los organismos vivos”:[21]  el carbón que se hubiera podido formar, por ejemplo, se desintegraría rápidamente.
 
I.L. Rozental calcula que la fuerza mayor tenía que estar entre 0.8 y 1.2 de su potencia actual para que hubiera deuterones y todos los elementos de un peso atómico mayor que cuatro. [22]
 
El electromagnetismo también tiene que caber entre límites estrechos para que las estrellas pudieran facilitar el desarrollo de la vida tal como la conocemos. El tema principal de lo anterior es la comparación de la fuerza mayor con el electromagnetismo (cientos de veces más fuerte) y su relación con la síntesis del carbón y la aparente casualidad de la escasa unión del deuterón y de la escasa separación del diprotón. Otra vez, la repulsión electromagnética entre los protones impide que sus colisiones resulten en fusión protón con protón, lo cual explica cómo las estrellas pueden arder tan lentamente: a cada segundo, nuestro sol genera miles de veces menos energía por gramo que el cuerpo humano. La fuerza del electromagnetismo es de suma importancia aquí.
Vamos a examinar más detalles.
 
Primero, la temperatura superficial tiene que estar adecuadamente  relacionada a la energías unificadoras de las reacciones químicas utilizadas por los organismos: tiene que estar lo suficiente caliente para permitir la construcción de nuevas químicas, como en la fotosíntesis, pero también lo suficientemente fría para limitar la destrucción como la que ocasiona la luz ultravioleta. (Probablemente no se podría neutralizar los cambios en la temperatura estelar al cambiar la distancia entre la estrella y el planeta portador de vida. La capacidad constructiva o destructiva de paquetes individuales de energía “cuantizadas” es muy importante, porque sigue constante sea cual fuere la distancia: compare la forma en que en un cuarto oscuro, la luz roja, por mucha que haya, no tiene ningún efecto sobre el papel fotográfico, porque cada fotón contiene poca energía.) W.H. Press y A.P. Lightman demuestran[23] que hay aquí un interesante equilibrio delicado entre el electromagnetismo y la  gravitación.
 
Como es el caso con otros equilibrios semejantes, hay otros factores también: las masas de los protones y del electrón son importantes. Así que, aunque hubiera otra relación entre la gravitación y el electromagnetismo, puede que la delicadeza del equilibrio se mantuviera, siempre que las masas se pudieran variar. Pero con esto, la imaginación nos puede llevar a otro extremo. Si se manipulan los factores para prevenir un desastre, siempre se puede provocar otro, porque cada factor juega un papel vital dentro de muchas diferentes relaciones.[24] Y aunque se pudiera evitar el desastre en teoría, o sea, equilibrando las variaciones al hacer cambios apropiados en otros sitios, lo de evitarlo de verdad sería un ejemplo indiscutible de la afinación.
 
Por siguiente, B. Carter[25] explica cómo la luminescencia del sol bajaría dramáticamente si el electromagnetismo fuera sólo un poco más fuerte. Las temperaturas de la superficie solar son muy cercanas a las que precipitan la ionización, y a este nivel la opacidad aumenta notablemente. Si el electromagnetismo hubiera sido sólo un poco más fuerte (en la fórmula de Carter su fuerza se aumenta a un poder de 12), entonces la secuencia principal, en la que las estrellas pasan la mayor parte de sus vidas, consistiría enteramente en estrellas rojas que emiten el calor por medio de la convección, y que son demasiado frías para el desarrollo de la vida. Cualquier planeta lo suficiente cerca para recibir su calor, sufriría fuerzas tan altas de marea que al final dejaría de girar, y sus líquidos y gases se convertirían en masas de hielo en el lado del planeta contrario a la estrella.[26] Y si el electromagnetismo hubiera sido un poco más débil, entonces todas las estrellas de secuencia principal serían azules: muy calientes, de radiación térmica, y de corta vida. Tal como son las cosas ahora, hasta  las estrellas de más de 1,2 masas solares arden por demasiado poco tiempo como para apoyar la evolución de la inteligencia en sus planetas,[27] si es que los tienen, y las gigantes azules calientes sólo quedan estables durante unos pocos millones de años.
 
Según Davies,[28] Carter ha demostrado que los cambios tanto en la gravitación como en elelectromagnetismo de “una parte en 10E+40 serían catastróficos para las estrellas como el sol”. Y hay que recordar el comentario de Dicke en 1957 que la medida de la radiación de una estrella varía al poder séptimo inverso de la constante dieléctrica, y por lo tanto con un aumento apreciable en la fuerza del electromagnetismo, “todas las estrellas serían frías. Esto haría imposible la existencia del hombre”.[29]
 
También Rozental[30] señala que todos los quarks ( y por lo tanto todos los protones, necesarios para los átomos) podrían ser transformados en leptones por medio de bosones super pesados, cuya masa está relacionada con la fuerza electromagnética si esta fuerza aumentase en un factor tan pequeño como 1.6; y además, si falla este argumento, entonces un aumento de tres veces en su carga eléctrica provocaría suficiente repulsión entre los protones como para prevenir la existencia, tanto en las estrellas como en cualquier otro sitio, de núcleos de un peso atómico más grande de tres. Con un aumento de diez veces, no habría átomos estables: los protones tirarían a los electrones hacía dentro del núcleo.
 
Finalmente, los argumentos sobre la forma en que un debilitamiento de la fuerza mayor afecta, por ejemplo, a los protones ( ya no pueden ser persuadidos a juntarse en un núcleo atómico y así el hidrógeno termina siendo el único elemento) pueden ser expresados de nuevo como argumentos que citan el desastre que constituiría un pequeño aumento en la fuerza del electromagnetismo.
 
Y por siguiente, se podría también emplear argumentos semejantes sobre la fuerza gravitacional.
 
Se podría considerar que algunos de ellos son simplemente recapitulaciones de las afirmaciones de Carter y otros sobre la necesidad de la superioridad de la fuerza del electromagnetismo en relación con la de la gravitación, o el argumento que dice que la fuerza menor tiene que ser débil para que el Bang produzca hidrógeno. Otros argumentos son recapitulaciones de la idea de que la velocidad de la expansión cósmica tiene que ser “lo justo” para precipitar la formación de las galaxias: así que la gravitación necesita una potencia apropiada para que ocurra la inflación, o quizás la inflación es una hipótesis falsa, y la velocidad tuvo que ser afinada desde el principio por una elección altamente exacta de la constante gravitacional. Otra vez, la gravitación tiene que ser muy débil para evitar el colapso rápido.
 
Otros puntos son parcialmente nuevos.

(a) Una razón por la que las estrellas viven por tanto tiempo es que son inmensas (además de proveer más combustible, el tamaño reduce la velocidad de la combustión, porque el movimiento arbitrario de la radiación hacia la superficie estelar requiere millones de años), pero están a la vez comprimidas muy poco por la gravitación. Aunque hay variación en los cálculos según consideremos las interacciones electrón-electrón, o protón-protón, podemos estimar que la gravitación es 10E+39 veces más débil que el electromagnetismo. Si fuera notablemente más fuerte, las estrellas se formarían de cantidades más pequeñas de gases; y/o arderían con más violencia (Teller calculó en 1948  que la radiación aumenta al poder séptimo de la constante gravitacional[31]); y/o colapsarían más fácilmente formando “enanos blancos”, estrellas de neutrones, o agujeros negros. Si fuera un millón de veces más fuerte (dejándolo 10E+33 veces más débil que el electromagnetismo, aunque nos falta una teoría bien desarrollada que diga que tiene que ser más débil) entonces las estrellas serían un billón de veces menos masivas y quemarían un millón de veces más rápido.[32] Con un aumento de fuerza de sólo diez veces, una estrella con tanta materia como el sol, sólo quemaría durante un millón de años.[33]
 
 (b) Si la gravitación fuera diez veces menos fuerte, es dudoso que las estrellas y los planetas se formaran.[34] Y cualquier debilitamiento apreciable podría significar que “todas las estrellas serían químicamente homogéneas debido a la mezcla convectiva y no existiría la estructura de la capa tipo piel de cebolla que caracteriza los modelos pre-supernova”[35] Como resultado, quizás, las supernovas no esparcirían los elementos pesados.
 
(c) Ahora, las nubes de un tamaño apropiado para formar estrellas estables, pueden enfriarse justo lo suficientemente rápido para evitar la fragmentación.[36] Cambiar la gravitación podría destruir este alegre fenómeno.
 
(d) Si las protogalaxias se formaran por la fragmentación de nubes más grandes, entonces, ha dicho Silk,[37] esto requeriría que la fuerza de la gravitación fuera curiosamente cerca de su valor actual.
 
(e) Los eventos violentos en el núcleo galáctico probablemente previenen el desarrollo de la vida en muchas galaxias. En Cygnus A “el nivel de la radiación dura ionizadora es cientos de veces más intenso que en la superficie de la Tierra.”[38] Si aumenta el nivel de la gravitación, todas las galaxias serían así de nefastas.

 
Otro factor crucial para las estrellas es la diferencia de masa entre el protón y el neutrón. Según S. W. Hawking,[39] si esta diferencia “no fuera dos veces más que la masa del electrón, no existirían la alta cantidad de nucleidos estables que forman la base de la química y de la biología”. Las razones son las siguientes.[40] El neutrón es el más pesado de los dos, por una parte en mil. Como el electrón contiene menos energía, pues la desintegración de neutrones y su conversión en protones habría resultado en un universo de protones sólo, siendo el hidrógeno el único elemento posible, si los neutrones no se hubieran unido con los protones para formar átomos. Aquí su desintegración se impide por medio de la presencia de los electrones y por el principio Pauli. Pero si la masa fuera un poco más grande, no se podría impedir. Y si fuera más pequeña (la tercera parte de lo que es), los neutrones fuera de los átomos no se desintegrarían; todos los protones se habrían convertido irreversiblemente en neutrones durante el Big Bang, cuya violencia produjo conversiones frecuentes de protón en neutrón. Así no existirían los átomos: el universo se constituiría de estrellas de neutrones y agujeros negros. La masa del electrón influye así: si la masa del neutrón no excediera la masa del protón por un poco más que la masa del electrón, entonces los átomos colapsarían, y sus electrones combinarían con sus protones para producir neutrones. (La masa del protón: 938.28 MeV. Electrón: 0.51. Total: 938.79. Y  el neutrón pesa 939.57. Los neutrones, siendo eléctricamente neutrales, pueden contribuir a la reacción de la fuerza mayor, la cual mantiene unidos los núcleos complejos, sin añadir a la vez suficiente repulsión electromagnética para estallarlos.)
 
Tal como están las cosas, el neutrón es justamente lo suficiente más pesado como para asegurar que el Big Bang produjera sólo un neutrón para cada siete protones. El exceso de protones servía para formar el hidrógeno de las estrellas longevas estables, el agua, y los hidratos de carbonos. Es notable que las estrellas de hidrógeno arden por medio de la producción de protones: a pesar del peso superior de los neutrones respeto al protón, es tan poco su superioridad de peso, que un proceso por medio del cual dos protones se unen para formar un deuterón – una combinación de un protón y un neutrón- es energéticamente  ventajoso si se considera la poca energía necesaria para su unión. (Se podría añadir que un aumento en el constante de Planck por más de 15% haría imposible la existencia del deuterón.)[41]
 
Desde otro punto de vista, un aumento en la masa del electrón sería un desastre. Rozental comenta[42] que el electrón es increíblemente ligero: veinte veces más ligero que el siguiente más ligero, el pión, y mil veces más ligero que el promedio para las partículas conocidas. El que el electrón es un leptón no es suficiente para explicar esto, porque el tau leptón es más pesado que el protón. Además la diferencia de la masa neutrón- protón es insignificante comparada con las que se encuentran en  casi todos los casos de múltiples de isótopos.
 
Los neutrones y los protones son distintos en su contenido quark así que su diferencia tan afortunada de masa se puede explicar como una reflexión de que su quark “up” es aun  más ligero que su quark “down”. Pero esta explicación puede confundir las cosas. (Un creyente en Dios no tiene por qué pensar que cada fenómeno afortunado es directamente debido a una elección divina, sin más explicación. Newton se deleitaba en que la Naturaleza “era muy conformable a sí misma, y muy sencilla, realizando todos los grandes movimientos de los cuerpos celestes por la atracción de la gravitación, y casi todos los pequeños movimientos de sus partículas por otros poderes atractivos o repulsivos”.[43]  El aparente fracaso de  la Gran Teoría Unificada (GTU)” más sencilla, “SU5 mínimo”, comprobado por no ver suficientemente las muchas desintegraciones de protones,[44] debería quitar importancia de la idea de que algún Principio de Simplicidad sea el único factor que elija las leyes de la naturaleza. Ahora hay mucho más que una GTU alternativa y todas compiten para la atención de los físicos. Dios tenía un campo muy fértil en dónde elegir.)
 

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John Leslie
Este artículo ha sido publicado en Newton and the New Direction in Science, ed. G.V. Coyne, M. Heller, y J. Aycinski (Vatican City: Specola Vaticana, 1988). John Leslie estudió filosofía y psicología en la Universidad de Oxford antes de venir a la Universidad de Guelph en Ontario en 1968, donde actualmente sirve como catedrático de filosofía. Ha ejercido como secretario de la Asociación Filosófica Canadiense y ha recibido los siguientes becas y/o galardones: Canada Council Research Grant,  Social Sciences and Humanities Research Council Fellowship,  Forster Fellowship, y Visiting Fellowship at the Australian National University. Reconocido como el experto más destacado en el principio antrópico, John Leslie ha escrito Value and Existence (El valor y la existencia) y varios artículos sobre este tema en boletines y antologías tal como Scientific Explanation and Understanding, Current Issues in Teleology, Origin and Early History of the Universe, American Philosophical Quarterly, Philosophy, y  Mind.

Notas

[1] Opticks, Query 31.
 
[2] R. Penrose in Quantum Gravity 2, páginas 244-272; Davies, God and the New Physics (London; 1983),
páginas 50-54 and 177-181.
 
[3] Query 11.
 
[4] Query 30.
 
[5] Dyson, pág. 56.
 
[6] Ibid.
 
[7] Davies, Other Worlds, páginas 176-7.
 
[8] J. Demaret et C. Barbier, Revue des Questions Scientifiques 152, (1981), pág. 500.
 
[9] M.J. Rees, Phil. Trans. Roy. Soc. London A 310 (1983), pág. 317
 
[10]J. D. Barrow and J. Silk, Scientific American 242 No. 4 (1980), páginas 127-8.
 
[11]Davies, "The Anthropic Principle," pág. 8, y I.L. Rozental, Elementary Particles and the Structure of the Universe (Moscú: 1984, en  ruso), pág. 85
 
[12]Dyson, pág. 56.
 
[13]F. Hoyle, Astrophys. J. Suppl. 1 (1954), pág.121; E.E. Salpeter, Physical Review 107 (1957), pág. 516.
 
[14] I.L. Rozental, Structure of the Universe and Fundamental Constants (Moscú: 1981), pág. 8.
 
[15] B.J. Carr and M.J. Rees, Nature 278 (1979), pág. 611.
 
[16] B. Carter en Atomic Masses and Fundamental Constants: 5 (Nueva York: 1976), eds. J.H. Sanders y A.H. Wapstra,  pág. 652. 42 P.C.W. Atkins, The Creation (Oxford: 1981), pág. 13.
 
[17] P.W. Atkins, The Creation, (Oxford; 1981), pág. 13
 

[18] Davies, "The Anthropic Principle," pág. 7.

[19] M.J. Rees, Quart. J. of the Royal Astron. Soc. 22 (1981), pág.122,; la cifra de más o menos 1% viene de una conversación de aquél año; cf. las obras anteriormente citadas de Hoyle y Salpeter.
 
[20] Barrow and Tipler, páginas 252-3.
 
[21] Ibid., pág. 327.
 
[22] On Numerical Values of Fundamental Constants (Moscú: 1980), pág. 9; sobre la cuaestión de los pesos atómicos más de cuatro, cita a E. E. Salpeter, Astrophys J. 140 (1964), pág. 796.
 
[23] Phil.Trans.Roy.Soc.London A 310 (1983),  páginas 323-336.
 
[24] V. Trimble, American Scientist 65 (1977), pág. 85; I.L. Rozental, Soviet Physics: Uspekhi 23 (1980), pág. 303.
 
[25] Confrontation etc., páginas 296-8.
 
[26] G. Gale, Scientific American 245 No. 6 (1981), páginas 154-171 y especialmente la pág. 155.
 
[27] R.T. Rood y J.S. Trefil,  Are We Alone? (Nueva York: 1982), pág. 21.
 
[28] Superforce,  pág. 242.
 
[29] Reviews of Modern Physics 29 (1957), páginas 375-6
 
[30] Soviet Physics: Uspekhi 23 (1980), páginas 303 and 298.
 
[31] Physical Review 73, pág. 801.
 
[32] M.J. Rees, Phil.Trans.Roy.Soc.London A 310 (1983), pág. 312.
 
[33] R.Breuer, Das Anthropische Prinzip (Munich: 1983), pág. 228.
 
[34] Ibid.
 
[35] Carr and Rees, pág. 611.
 
[36] Barrow and Tipler, pág. 339.

[37] Nature 265 (1977), pág. 710.
 
[38] I.S. Shklovskii y C. Sagan, Intelligent Life in the Universe (Nueva York: 1966), pág. 124.

[39] Physics Bulletin, Cambridge, 32, pág. 15.
 
[40] Barrow and Tipler, páginas 371, 399-400; Davies, "The Anthropic Principle," páginas 9-10, y The Forces of Nature (Cambridge: 1979),  páginas 100-102, 172; Rozental, Elementary Particles etc., páginas 78-84
 
[41] Rozental, pág. 298 de su estudio Uspekhi
 
[42] Rozental, Elementary Particles etc., páginas 78-84
 
[43] Query 31.
 
[44] Davies, Superforce, páginas 137-8.

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Traducido por Darío Fox
© Mente Abierta 2004

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