Categoria: Jesús y la Resurrección

Fuentes Primarias

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Fuentes Primarias

Parte I: Fuentes Primarias

 

Los que pretenden ver en los Evangelios biografías de Jesús al estilo moderno y occidental los critican como inexactos y poco históricos.

Los estudios más recientes, sin embargo, demuestran que los Evangelios se ajustan a los estilos de biografías de la literatura antigua. Su claro propósito es presentar el carácter de Jesús, el Mesías e Hijo de Dios.

Su valor histórico continúa siendo indiscutible

¿Qué tipo de historia narran los cuatro evangelistas, y qué revela ésta sobre Jesús?

Ningún biógrafo moderno ignoraría toda la parte temprana de la vida de Jesús, como hace Marcos, o pasaría de largo sus experiencias formativas como joven adulto, como todos los Evangelios hacen excepto Lucas (Lucas 2: 41- 52). Tampoco un biógrafo moderno del presidente J. F. Kennedy, por ejemplo, invertiría la mitad de su narración sólo en la última semana de la vida de su personaje, aún si la persona muriera trágicamente. Y todos los trabajos de historia modernos por lo menos intentarían presentarse como razonablemente objetivos.

Pero los autores de los cuatro Evangelios rompen todas estas reglas, especialmente la última. Ellos no eran observadores desinteresados de Jesús y de sus movimientos. Ningún autor que lanza su trabajo con la frase “El comienzo del evangelio sobre Jesucristo, el Hijo de Dios” está pretendiendo escribir como un reportero neutral.

Si los Evangelios no son semejantes a obras modernas de historia, tampoco se asemejan al folklore popular. El lapso de tiempo entre la muerte de Jesús y el momento en que se escribieran las tradiciones sobre Jesús (entre 30 y 60 años) es demasiado breve como para considerar que los Evangelios sean meras leyendas o folklore, lo que siempre conlleva largos períodos de gestación.

Si no son biografías modernas, ni tampoco leyendas, ¿qué tipo de historia contienen estos Evangelios?. ¿Qué revelan ellos sobre Jesús? Yo creo, en base a una lectura minuciosa de tres de los Evangelios (Mateo, Marcos y Juan), que estos son biografías antiguas y el otro (Lucas) se presenta a sí mismo como historia antigua.

Carácter revelado.
Los Evangelios no fueron escritos para proveer una cronología del ministerio de Jesús sino más bien para revelar quién era Él. Aún las marcas cronológicas que parecen ser precisas, son sólo artilugios para hacer progresar la narración. Marcos, por ejemplo, usaba frecuentemente el término “inmediatamente” en las transiciones, pero con esta frase él usualmente sólo quería decir “después de esto”.

Los autores no tenían acceso a las extensas fuentes disponibles hoy. Además, ellos estaban más interesados en presentar lo que era típico y revelador de una persona más que en proveer una crónica detallada de cada año en la vida de dicha persona . Así las biografías antiguas eran por necesidad anecdóticas.

Más aún, la mayoría de los antiguos no creía que el carácter de una persona se desarrollaba a lo largo del tiempo. El carácter se creía como fijo desde el nacimiento, determinado por factores tales como el sexo, la generación y la geografía. Éste se revelaba gradual pero consistentemente. Los antiguos también creían que cómo una persona moría revelaba especialmente el verdadero carácter del individuo. Esta es una razón por la cual los escritores de los Evangelios dedicaron tantas palabras a la última semana de Jesús.

Una característica de los Evangelios que preocupa a los lectores modernos es su falta de precisión cronológica, pero esto es típico de las biografías antiguas. De nuevo, el énfasis es en las personas involucradas y lo que hicieron, no en las coordenadas espacio-tiempo del evento. La limpieza del Templo por parte de Jesús provee una buena ilustración. El cuarto evangelio (Juan) coloca este evento casi al comienzo, mientras que los sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) lo ubican durante la semana de Pasión. Un lector moderno puede pensar que Jesús limpió el templo dos veces; pero esta interpretación pasa por alto dos puntos: 1- los lectores antiguos hubieran concluido que sólo hubo una limpieza ya que ninguno de los Evangelios incluye dos limpiezas; 2- la audiencia antigua estaba consciente que el biógrafo tenía la libertad de arreglar su material de cualquier manera que él pensara que revelaba mejor a su sujeto.

En este caso, el cuarto evangelista deseaba enfatizar desde el inicio de la narración cómo Jesús reemplazaba las instituciones del judaísmo consigo mismo (esto es, que Él es la ley de Dios o la Palabra, Él es el templo, Él es la fuente de nueva vida y de pureza). Muchas biografías antiguas tales como “Las vidas paralelas” de Plutarco o “Agrícola” de Tácito, estaban más interesadas igualmente en eventos que revelan el carácter de sus personajes que en un registro en estricto orden cronológico.

En algunos antiguos trabajos históricos (en contraposición a las biografías), especialmente en la tradición griega, se daba más atención a la cronología. Esto ayuda a explicar los “sincronismos” en Lucas 3:1-2 o Hechos 18:2. Un sincronismo trata de ubicar un evento en la historia divina en relación a los eventos seculares, como el reinado de un particular gobernador. Por lo tanto, Lucas-Hechos hubiera parecido a los antiguos más histórico que biográfico en su carácter.

¿De qué podemos depender?
¿Qué clase de información histórica, entonces, dan los Evangelios sobre Jesús?

Primero, las narraciones de los Evangelios (especialmente Mateo, Marcos y Juan) presentan bastante sobre el carácter de Jesús y cómo El fue evaluado por sus contemporáneos. Estos esbozos de carácter, sin embargo, son mayormente indirectos y permiten a las palabras de Jesús y a sus obras que hablen por sí mismas.

Segundo. Los escritores de los Evangelios presentaron lo que ellos creyeron que eran los hechos sobresalientes que los lectores necesitaban absolutamente conocer para entender la misión, la persona y el trabajo de Jesús.

Tercero. Estos escritores presentaron su información en un orden cronológico general (esto es, el nacimiento de Jesús vino obviamente antes que su ministerio, y su ministerio antes que su muerte), pero ellos no estaban tan preocupados con las minucias cronológicas (excepto, quizás, en partes de Lucas).

Cuarto. Esta literatura fue escrita por y para una comunidad especial (una pequeña minoría del Imperio Romano) de manera que ellos pudieran saber más sobre su Salvador.

Los Evangelios también parecen haber sido escritos, al menos en el caso de los tres últimos, para audiencias que tenían un conocimiento inadecuado del mundo judío de Jesús, incluyendo el significado de palabras arameas (Marcos 15:34; Juan 19:13) y costumbres judías (Marcos 7: 3).

En el caso del cuarto evangelio, no se esperaba de la audiencia que hubiera conocido personalmente a los personajes de la historia (vea por ejemplo, Juan 11:2, 12:4-6). Los Evangelios, por lo tanto, fueron escritos en su mayoría para convertidos al cristianismo que no eran judíos.

No, los Evangelios no son biografías ni historias modernas, pero el historiador moderno puede aprender mucho de ellos sobre la vida y el tiempo de Jesús. Más importante aún, yo creo que ellos revelan porqué Jesús, que fue conocido durante su vida como el Hijo del Hombre, vino a ser conocido poco después de su muerte como el resucitado Hijo de Dios.

Me quedo por lo tanto con la conclusión de que el final de la vida de Jesús y los hechos subsiguientes a su muerte deben poder explicar tanto la forma de los Evangelios, así como el comienzo del cristianismo.

No es un accidente que en la fuente más antigua sobre Jesús y el cristianismo temprano, las cartas de Pablo, el énfasis recae sobre Jesús crucificado y resucitado (Pablo es el único que, siendo antes perseguidor se convirtió en testigo, reclamó haber visto al Jesús resucitado). Para Pablo, parece, conocer las obras y palabras de Jesús era secundario al conocimiento de su muerte y resurrección (1 Corintios 15:3-4).


Nota: Vea la continuación a este artículo (Los Evangelios: ¿Una historia mal inventada?)

Parte II de este artículo



© Ben Witherington III
Tomado de Christian History, Vol. XVII, No. 3
© Traducción José R. Martínez Villamil
Junio 1999.
Usado con permiso.
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