Categoria: Jesús y la Resurrección

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Fuentes Primarias

Parte II: Los Evangelios: ¿Una historia mal inventada?

Muchos acusan a los Evangelios de ser historias inventadas con el fin de conseguir adeptos.

¿Puede esto ser así? ¿Presentan los Evangelios características de una historia inventada con esos propósitos? Y si no es así, ¿cómo surgieron entonces?

En este artículo (la continuación de Fuentes Primarias I) el Dr. Ben Witherington examina estas posibilidades. Sus comentarios y conclusiones son interesante... ¡Y sorprendentes!

Dadas las características especiales de los Evangelios (VerVer Fuentes Primarias I), ¿qué puede decirnos la disciplina de la historia usando los Evangelios como su fuente principal?


Un nacimiento difícil de explicar.
Jesús nació en algún momento entre los años 4 y 6 a.C. Puede parecer extraño sugerir que Jesús nació “antes de Cristo”, pero esto se debe a un error de cálculo temprano en la historia cuando en el año 525 d.C., el Papa Juan I ordenó que se realizara un nuevo calendario que partiera del nacimiento de Cristo. Respecto a las fechas, las narraciones de los Evangelios son claras en cuanto a que Jesús nació durante el reinado de Herodes el Grande, quien murió antes que este nuevo calendario comenzara a contar la nueva era. De hecho, Mateo 2:1-12 (donde la familia de Jesús huye a Egipto hasta que Herodes muere) sugiere que Jesús nació poco tiempo antes de la muerte de Herodes.

La sorprendente historia de la concepción virginal se encuentra en dos diferentes relatos: Mateo 1:18-25 y Lucas 1:26-38. Lo que es más sorprendente de estas historias es que ellas intenten narrar un hecho extraordinario que, hasta donde podemos decir, los judíos no estaban esperando; esto es, un Mesías que viniera al mundo a través de la concepción virginal.

En Isaías 7:14, en el hebreo dice simplemente: “He aquí la joven concebirá y dará a luz un hijo”, aunque la versión griega más tardía dice: “la virgen concebirá y dará a luz un hijo”. A pesar de esto no era necesario concluir que se estaba hablando de una concepción milagrosa, sólo que una mujer que hasta ese momento había sido virgen ahora podía concebir. En otras palabras, fue la anomalía de lo que sucedió en los orígenes de Jesús, no el texto del Antiguo Testamento, lo que llevó a los primeros cristianos a buscar una explicación en las Escrituras.

Como mínimo, la conclusión histórica es que los orígenes de Jesús fueron inusuales. Parece muy poco probable que los primeros cristianos hubiesen inventado una historia sobre una concepción virginal sabiendo que llevaría inevitablemente a acusaciones de que Jesús era ilegítimo (una acusación que de hecho encontramos en un debate del siglo III entre el judío Celso y Origen, —líder de la Iglesia—, y uno al que quizás se hace también una más temprana referencia en Marcos 6:3 y Juan 8:41). Era más que suficiente que el Salvador hubiese tenido una muerte escandalosa; los escritores cristianos tempranos no estaban buscando añadir a la implausibilidad de la narración.

Los hechos de su juventud.
A pesar de que los escritores de los Evangelios, con la excepción de la historia de Lucas 2:41-52 (donde Jesús habla con los maestros del Templo), no dicen nada sobre la juventud de Jesús, hay cuatro cosas que sabemos con un alto grado de certidumbre.

Primero, que Jesús creció en un hogar judío devoto. Esto está sugerido por las narraciones del nacimiento: José es descrito como “un hombre justo”; la familia fue a Jerusalem para los ritos de la purificación después del nacimiento; ellos asistieron a los festivales judíos (Lucas 2:41-52, Juan 7:2-5). Para el tiempo en que Jesús empieza su ministerio, Él conocía las escrituras hebreas. Él las citaba frecuentemente en sus discusiones y debates e incluso se le pidió que las leyera en la sinagoga de su pueblo natal.

Segundo, Jesús creció en Nazaret, un pequeño pueblo de Galilea. Ningún erudito de historia duda de esto. No era la clase de cosa que los biógrafos admiradores de Jesús hubieran inventado, ya que nadie estaba esperando a un Mesías que viniera de Nazaret. De hecho nadie estaba esperando a uno que viniera de Galilea en general (Juan 1:46).

Tercero. Además de saber hebreo, Jesús hablaba en arameo (una lengua semítica relacionada con el hebreo) como su lengua materna. También es muy probable que supiera algo de griego (suficiente como para tratar con el centurión y el recaudador de impuestos). El evangelio más antiguo (Marcos) enfatiza que Jesús oraba en arameo (15:34) y también usaba la forma aramea de la palabra Padre ("Abba", Marcos 14:36) para dirigirse a Dios. Jesús se identificaba regularmente ante otros usando la frase aramea "Bar en Asha" (Hijo del Hombre), una alusión a la figura de la cual se hablaba en Daniel 7, uno de los capítulos arameos del libro.

Cuarto, Jesús creció en el hogar de un artesano. Las tradiciones enfatizan que Jesús era el hijo de un artesano, un carpintero, y que Él mismo podría haber sido artesano. Jesús por lo tanto no era un campesino en el sentido normal de la palabra (una persona pobre que se ganaba la vida en la agricultura). El tenía un oficio, que hubiera sido considerado una cosa honorable en un judío de bajos ingresos en el contexto grecorromano (aunque la clase alta del mundo grecorromano menospreciaba a aquellos que trabajaban con sus manos).

Un profeta, ¡y qué clase de profeta!
Jesús tenía como treinta años cuando comenzó su ministerio público (Lucas 3:23), y los cuatro Evangelios implican que su ministerio duró de uno a tres años (la última alternativa es la más probable). Los Evangelios como obras antiguas están interesadas en discernir el carácter de Jesús y su ministerio, y logran esto mostrando a Jesús en relación con varias personas y movimientos de su época.

Primero está su relación con el profeta Juan, también conocido como “el Bautista”, lo que revela algo sobre la relación de Jesús con los profetas judíos. Los cuatro Evangelios explican que los ministerios de Juan y Jesús estaban muy relacionados entre sí. También está claro que Jesús tenía gran admiración por Juan y que frecuentemente se comparaba a sí mismo y a su ministerio con el de Juan (Marcos 11:27-33; Mateo 11:16-19). También puede ser que haya habido un período de ministerio en conjunto o muy paralelo (Juan 3:22-4:6). Más importante aún es que Jesús se sometió al bautismo de Juan que no sólo validaba el ministerio de Jesús sino que fue un evento desencadenante para él mismo. En lo que a historicidad se refiere, los escritores de los Evangelios no hubieran inventado claramente una historia en la que Jesús se somete al bautismo de Juan: el bautismo de un Mesías sin pecado se convertía en otro problema que habría que explicar.

Durante el bautismo, Jesús, como todos los otros profetas, tuvo una visión de confirmación y recibió la unción de Dios para el ministerio. Este llamado era único, sin embargo, ya que Jesús mismo escuchó que Dios le llamaba Hijo, y luego Él mismo respondió llamándole “Abba”, un término de familiaridad íntima. Los escritores de los Evangelios sugieren que el ministerio de Jesús fue una confirmación y cumplimiento de todos los llamados proféticos. La actividad final de Dios salvando y juzgando se encontraba en el horizonte y el pueblo de Dios necesitaba ser preparado, ellos necesitaban arrepentirse.

Además, el ministerio de Jesús fue mucho más extenso que el de los otros profetas: Él alcanzó a aquellos rechazados por la sociedad; cenó con recaudadores de impuestos y pecadores conocidos. Mientras que Juan, como los otros profetas, era de carácter ascético, Jesús asistía con frecuencia a fiestas y banquetes.

Las apariciones públicas de Jesús fueron otra forma en las que él trascendió al carácter de los profetas del Antiguo Testamento, quienes anunciaban sus profecías con la frase, "Esto es lo que el Señor dice". Jesús habló en base a su propia autoridad, y los Evangelios sugieren también que, en un gesto extraordinario, afirmó por adelantado la verdad de su enseñanza precediéndola con la frase "De cierto, de cierto os digo".

La bien conocida historia del decapitamiento de Juan sugiere que cualquiera a quién la gente siguiera sería considerado como una amenaza por las autoridades romanas y judías. Los profetas y pretendientes a Mesías hacían que los que estaban en posiciones de poder se pusieran nerviosos. En este ambiente, no es sorprendente que el ministerio de Jesús fuera corto. Lo que es sorprendente, desde el punto de vista histórico, es que hubiese durado tanto como lo hizo; Jesús, como Juan, era visto como una amenaza política, aunque él nunca se presentó como un líder de alguna clase de revuelta o de movimiento de protesta.

El círculo íntimo.
Los cuatro Evangelios presentan además el carácter de Jesús, mostrando su relación con sus propios discípulos, tanto hombres como mujeres (es revelador que él se atreviera, en una acción sin precedentes, a tener mujeres-seguidoras en su grupo itinerante). Que Jesús escogió a doce está constatado no solamente en los Evangelios sino también en las cartas más tempranas del apóstol Pablo. Jesús no se incluía a sí mismo entre los doce, lo que sugería que se veía no como parte de un Israel reconstituido sino como el pastor o el líder de un nuevo Israel.

Las relaciones de Jesús con su familia también son reveladoras. Un número de historias sugieren que su familia no le entendió del todo. De hecho, la evidencia sugiere que Jesús creía que la llegada del dominio final de Dios significaba que se debía lealtad prioritaria a una familia alternativa, la familia de la fe. Jesús llamó discípulos aparte de sus familias y les advirtió que ellas podían separarles de sí. Es muy poco probable que la iglesia temprana hubiese fabricado una frase como la de Mateo 10:34 ("Yo he venido a poner al hombre contra su padre..."). Esto sugiere que Jesús pudo muy bien haber sido demasiado radical para muchos de su tiempo que deseaban fundamentar la religión en los lazos familiares.

¿Conocía Jesús que El era el Mesías?
Dos temas caracterizaron la predicación de Jesús: su anuncio de que el reino salvador de Dios estaba llevándose a cabo a través de su ministerio, y que él era el "Hijo del Hombre".

Todos los Evangelios están de acuerdo en que Jesús utilizó esta frase para describirse a sí mismo. Esta frase tiene evidencias muy fuertes de que tuvo su origen en Jesús mismo, en lugar de que hubiera sido algo que la iglesia temprana hubiera puesto en sus labios. En las cartas de Pablo y en Hechos de los Apóstoles, a Jesús se le llama "Cristo" o "Señor". "Hijo del Hombre" no era un título que la iglesia temprana hubiera usado para referirse a Jesús.

En combinación con la frase "reino de Dios", "Hijo del Hombre" sugiere que Jesús se veía a sí mismo a la luz de la profecía encontrada en Daniel 7, donde a "uno como el Hijo del Hombre" le era prometido un reino eterno. Además, el texto de Daniel enfatiza no sólo la humanidad de esta figura sino su carácter más que mortal, porque de Él se dice que reinaría por siempre.

Algunos historiadores debaten sobre si era posible para Jesús haber creído semejante cosa sobre sí mismo. Sin embargo muchos impostores mesiánicos en el tiempo habían hecho reclamos parecidos. ¿Porqué Jesús no había podido hacer lo mismo?

Una semana sorprendente
Los escritores de los Evangelios dedican sus mayores esfuerzos a la última semana en la vida de Jesús, principalmente para explicar cómo un buen hombre fue crucificado. Los siguientes eventos, hablando históricamente, resultan:

1. Las acciones y las palabras dichas por Jesús en los recintos del templo provocaron a las autoridades judías a comenzar un proceso que llevó a la muerte de Jesús.

2. Jesús compartió una última cena con su círculo íntimo en la que advirtió de antemano a los discípulos sobre su desgracia, pero interpretaba el evento como conectado a la redención del pueblo de Dios, como lo habían sido los eventos de Éxodo-Sinaí recordados en la Pascua.

3. Jesús fue capturado en el jardín de Getsemaní en el Monte de los Olivos (un lugar usado frecuentemente para acampar por los peregrinos) como resultado de ser delatado por Judas, uno de su círculo más cercano.

4. Una vista preliminar y un juicio organizado rápidamente por las autoridades judías resultaron en que se entregara a Jesús a Poncio Pilato, el gobernador romano.

5. Un juicio romano se llevó a cabo, después del cual Jesús fue ejecutado en la víspera de Pascua en viernes, 7 de Abril del año 30 de nuestra era, en una colina llamada Gólgota, en las afueras de las puertas de Jerusalén.

6. Jesús fue enterrado en la tumba de un simpatizante judío cerca del lugar de la crucifixión.

7. El siguiente domingo por la mañana se encontró vacía su tumba.

8. Algunos seguidores reclamaron haber visto a Jesús con vida.


El hecho de que la muerte vergonzosa de Jesús sea tratada como algo positivo necesita ser explicado. Los primeros seguidores de Jesús eran judíos, y no hay mucha evidencia de que los judíos del primer siglo esperaran o anticiparan a un Mesías crucificado. Tampoco los gentiles veían tal tipo de muerte bajo una luz positiva. Parece razonable concluir que debe haber habido en verdad una evento sorprendente que siguiera a esta crucifixión y que causara que los escritores de los Evangelios y los primeros cristianos buscaran diligentemente claves en las Escrituras que explicaran cada aspecto de la última semana de Jesús.

Más aún, es increíble lo poco probable que la iglesia temprana (en una era patriarcal en que las mujeres no eran consideradas como testigos creíbles) hubiera inventado la historia de que fueran mujeres las primeras en ver la tumba vacía y al Jesús resucitado. ¡Así no es cómo se hubiera inventado un mito en la antigüedad para ganar amigos y persuadir a la gente!

Un autor antiguo hubiera comenzado supliendo testigos masculinos creíbles, y también un tercer testigo imparcial que no pudiera ser acusado de alucinaciones tras haber perdido a su héroe. Un propagandista también hubiera deseado describir en detalle el evento mismo de la resurrección (sorprendentemente, algo que ninguno de los Evangelios hace).

Desde un punto de vista histórico, una explicación adecuada debe ser dada para las extensas y específicas narraciones sobre Jesús después de su muerte. Hubo muchos profetas, sabios e impostores mesiánicos que caminaron el escenario de la Tierra Santa como Jesús, pero ninguno provocó el surgimiento de una religión mundial. Muchos líderes carismáticos judíos habían muerto de una manera heroica (por ejemplo, algunos de los macabeos), sin embargo ninguno de ellos creó una nueva forma del judaísmo.

Aún mirando las obras y las palabras de Jesús, es muy difícil encontrar en ellas las bases de lo que más tarde se reclamó: los milagros de Jesús tenían precedentes; sus palabras, aunque singulares en sí mismas, no hubieran comenzado de por sí un movimiento entre judíos alrededor de su persona, especialmente a la luz de su crucifixión. Estos hechos sugieren mucho sobre Jesús, pero, ¿eran estos suficientes como para haber creado las "buenas nuevas de Jesucristo", "Hijo de Dios"? Lo dudo.

Me quedo por lo tanto con la conclusión de que el final de la vida de Jesús y los hechos subsiguientes a su muerte deben poder explicar tanto la forma de los Evangelios, así como el comienzo del cristianismo.

No es un accidente que en la fuente más antigua sobre Jesús y el cristianismo temprano, las cartas de Pablo, el énfasis recae sobre Jesús crucificado y resucitado (Pablo es el único que, siendo antes perseguidor se convirtió en testigo, reclamó haber visto al Jesús resucitado). Para Pablo, parece, conocer las obras y palabras de Jesús era secundario al conocimiento de su muerte y resurrección (1 Corintios 15:3-4).

No, los Evangelios no son biografías ni historias modernas, pero el historiador moderno puede aprender mucho de ellos sobre la vida y el tiempo de Jesús. Más importante aún, yo creo que ellos revelan porqué Jesús, que fue conocido durante su vida como el Hijo del Hombre, vino a ser conocido poco después de su muerte como el resucitado Hijo de Dios.

Parte I de este artículo



© Ben Witherington III
Tomado de Christian History, Vol. XVII, No. 3
© Traducción José R. Martínez Villamil
Junio 1999.
Usado con permiso.
(© 1999-2001 Mente Abierta www.menteabierta.org)

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