Categoria: Jesús y la Resurrección

Mentiras Fabricadas

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Mentiras Fabricadas

La mayoría de la gente da la misma credibilidad a los Evangelios que al diario.

Piensan, así se lo han enseñado, que los prejuicios de sus escritores impidieron su objetividad. Creen que el resultado es una serie de relatos interesantes, pero poco verosímiles; historias bonitas e inspiradoras pero sin objetividad histórica. Nada, y dicho con algo de crudeza, que son "historias fabricadas o inventadas".

Este interesante artículo de el Dr. Paul Copan nos obliga a reconsiderar esta postura. Nos enseña cómo los datos mencionados por los Evangelios sujetos a verificación han sido confirmados por disciplinas como al arqueología y la historia. Con esto como base nos desafía a darle crédito a la narración evangélica donde (aún) no tenemos manera de confirmación.

El artículo también nos demuestra lo temprano de las fechas de composición de los Evangelios.

Más interesante aún, el autor nos muestra de manera contundente cómo las historias de los Evangelios no tienen las características que debieron haber tenido si fueran "historias fabricadas".

 

Historicidad de los Evangelios

Puntos a favor de la historicidad de los Evangelios

Primero: Fiabilidad particular y general

Segundo: ¿Proyección?

Tercero: Escritos en fecha temprana

Cuarto: Narración cándida y sencilla

Resumen

Introducción
Cuando mi mujer y yo visitamos Kiev poco después de la disolución de la Unión Soviética, oímos un chiste que ya llevaba tiempo diciéndose con respecto a dos de los periódicos más prominentes de Rusia, “Pravda” e “Izvestia”. Pravda significa “verdad” e Izvestia significa “noticias”. A causa de su bien conocida propaganda comunista y su severa distorsión en informar, nos dijeron que ¡no había pravda en Izvestia ni había izvestia en Pravda !

Algunos críticos alegan que se puede decir lo mismo sobre la explicación exacta de la Historia. Si el autor tiene ciertas convicciones o presuposiciones, no puede explicar la Historia correctamente. Meramente está escupiendo propaganda. Por ejemplo, Thomas Sheehan, profesor de Filosofía de Loyola y autor de "La Primera Venida (The First Coming): Cómo el Reino de Dios se convirtió en Cristianismo", afirma que “Jesús no pensaba que él era divino,” ni tampoco “afirmó ninguna de las proclamas mesiánicas que el Nuevo Testamento le atribuye.”(1) Aunque es cierto que Jesús creyera que era un profeta escatológico, en medio siglo la Iglesia llegó a creer que era el Hijo divino de Dios.

Sheehan argumenta con estas afirmaciones diciendo que, porque los Evangelios son testimonios religiosos, no pueden ser fiables.(2) Del mismo parecer está Hick, que mantiene que “los documentos (los Evangelios) son todos documentos de fe.”(3) La afirmación está clara ; una perspectiva desde la fe distorsiona al Historia.

No obstante, mantener esta punto de vista lleva a un escepticismo histórico, porque todos los historiadores escriben con un propósito, y Sheehan, aunque no es un historiador, no es ninguna excepción. Los propósitos llevan incluso a influenciar la decisión de incluir ciertos materiales y omitir otros. Si escribir con un propósito —sea evangelístico, apologético o didáctico— implica propaganda, entonces toda historia registrada es propaganda.

Pero la mayoría de nosotros estamos de acuerdo en que no tendríamos que confundir la razón con la fe. En otras palabras, mantener una creencia con firmeza no necesariamente implica que la creencia sea errónea. La base de la creencia tendría que ser estudiada primero; un trabajo no tendría que ser rechazado solamente por las convicciones firmes del escritor.(4)

¿Tendríamos que descartar la veracidad o fiabilidad de los relatos de los supervivientes de los campos de concentración nazi sólo porque relatan su historia con pasión? ¿No son los que niegan y revisan el Holocausto, los cuales apenas pueden ser llamados desapasionados, los que falsifican la historia?(5) Es más, este error de Sheehan, Hick y otros falla en distinguir entre las presuposiciones inocuas y las malignas. Las presuposiciones inocuas no acaban distorsionando la evidencia histórica. No se convierten en base para aceptar hipótesis históricas. Por otro lado, las malignas tergiversan y desvían la evidencia en una forma propagandística. Rechazan arbitrariamente la evidencia para concluir inevitablemente en lo que estaba presupuesto desde el principio. Esto acaba convirtiéndose en un círculo vicioso.(6)

Y, en cuanto a los Evangelios, la pregunta debe ser formulada: ¿Qué fue lo que en realidad motivó a los evangelistas a escribir lo que escribieron y en la manera en que lo hicieron? Se puede presentar una buena argumentación de que fue su propia experiencia con Jesús.

Historicidad de los Evangelios
Ahora bien, cuando se trata de realmente examinar la historicidad de los Evangelios, vemos indicaciones sorprendentes de exactitud. Pongamos como ejemplo el Evangelio de San Juan. Éste con frecuencia no es aceptado como históricamente fiable porque contiene reflexiones teológicas más desarrolladas que Mateo, Marcos y Lucas. No obstante, este Evangelio nos presenta un correcto trasfondo palestino del primer siglo —como el descubrimiento de los pergaminos del Mar Muerto confirmó a través, por ejemplo, de su referencia a los “hijos de luz” y a los “hijos de tinieblas”.

También ofrece Juan una información topográfica excepcional que ha sido repetidamente confirmada por los arqueólogos. La mención de Juan del pozo de Jacob en Sicar (4:5), el estanque de Betesda (con cinco pórticos) cerca de la puerta de las ovejas (5 :2), el estanque de Siloé (9 :7) y el pórtico de Salomón (10 :23) ha tenido el firme apoyo de la arqueología. A la luz del uso extenso del tema de los “testigos” en el Evangelio, el claro énfasis del autor nos quiere decir que los incidentes incluidos son fiables (ver 21:24). Juan está interesado incluso en una cronología específica (1:29, 35, 43: “el día siguiente”; 4:43 : “dos días después”). Juan también está familiarizado con asuntos culturales concretos como lo son la relación entre los judíos y los samaritanos (4 :27), la visión general de las mujeres dentro de la sociedad (4 :27) o la naturaleza de los mandatos del Sábado (5:10).(7)

Por lo tanto, si la fiabilidad de los Evangelios está demostrada histórica y arqueológicamente, esto puede ayudar en parte a abandonar el escepticismo y a tener mayor confianza en lo referente a, por ejemplo, las afirmaciones de Jesús o su resurrección.(8)

Puntos a favor de la historicidad de los Evangelios
Nuestro primer punto es éste : Cuando se discute con el escéptico, el cristiano puede ofrecer buenos argumentos para aceptar los Evangelios como históricamente fiables. Entonces esto puede proporcionar una base para hablar de las afirmaciones y hechos de Cristo. Como Craig Blomberg sostiene : “Una vez un historiador ha probado que [el documento] es fiable en lo que se puede verificar y una vez que a los errores o contradicciones aparentes se les da soluciones plausibles, el camino más apropiado es el de conceder al escritor el beneficio de la duda en áreas en las cuales la verificación no es posible.”(9)

Segundo, la afirmación de que las primeras comunidades cristianas proyectaban en las enseñanzas de Jesús sus propias preocupaciones o controversias no se sostiene ante de un examen minucioso. Si dichos asuntos fueran inventados y atribuidos a Jesús para justificarlos, entonces, ¿por qué temas como los dones espirituales (por ejemplo: hablar en lenguas (1 Cor. 12, 14); divorciarse cuando se es abandonado por un cónyuge no creyente (1 Cor. 7 :15); comer carne ofrecida a los ídolos (1 Cor. 8) o la circuncisión (Hechos 15), que recibieron una atención tan especial en las primeras comunidades cristianas, están notoriamente ausentes en las enseñanzas de Jesús? Tales disputas frecuentemente dividían muchas de las primeras comunidades cristianas, pero no encontramos que Jesús haga mención de ellas. En vez de eso, encontramos que son las epístolas y, hasta cierto punto el libro de Hechos, —no las enseñanzas de Jesús— las que nos informan de estas controversias. Por lo tanto, alegar que, en medio de sus disputas y preocupaciones, los primeros cristianos crearon afirmaciones y las atribuyeron a Jesús, no cuadra con la evidencia del Nuevo Testamento.

Tercero, los Evangelios —fundamentalmente Marcos, Mateo y Lucas— ofrecen la visión de Jesús que corresponde al de la generación posterior a su muerte, lo cual tiende a asegurar la transmisión exacta de la tradición de Jesús. Se da por hecho que el Evangelio de Marcos fue escrito primero, y los de Mateo y Lucas usaron independientemente a Marcos como su fuente principal.(10) El Evangelio de Lucas, pues, evidentemente fue escrito antes que su volumen compañero, Los Hechos de los Apóstoles.

Se puede presentar un argumento sólido en favor de la finalización de Los Hechos antes del año 62-64 d. C.,(11) cuando Pablo fue ejecutado por orden de Nerón. Al final de Hechos, Pablo todavía está preso en Roma. Lucas, quien estuvo interesado en los acontecimientos significativos de la temprana cristiandad, como el martirio de los cristianos prominentes (por ejemplo, Esteban y Santiago), con toda seguridad hubiera incluido la muerte de Pablo si hubiera sabido de ella. La mejor explicación por la que Lucas no hubiera mencionado la ejecución de Pablo —o el asedio y destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C. o la persecución por parte de Nerón— es que este acontecimiento aún no había ocurrido. Por lo tanto, el libro de Hechos fue con toda probabilidad escrito antes del 62 d. C.(12) Así que podemos afirmar con buenas razones que los Evangelios Sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) bien pueden haber sido escritos tan sólo treinta años después de la muerte de Jesús —un período en el cual la exactitud de los Evangelios puede ser fácilmente comprobada o desafiada por testigos visuales o investigadores.(13)

La fecha temprana de estos Evangelios, aparte de otros factores, da a muchos eruditos conservadores la confianza de que todo lo que han registrado sus autores es digno de confianza. No sólo los escritores de los Evangelios estaban interesados en registrar la historia exactamente (ver Lucas 1 :1-4). Los judíos palestinos del primer siglo en los varios niveles de la sociedad eran capaces de memorizar fragmentos extensos de la Escrituras. Dada (1) la importancia de la memorización y la tradición oral en la Palestina del primer siglo, (2) la práctica de (ocasionalmente) escribir y preservar las enseñanzas de los rabinos por sus discípulos, (3) el hecho de que la inmensa mayoría de las enseñanzas de Jesús fueran en forma poética y fácilmente memorizable, (4) la importancia y reverencia de las tradiciones religiosas en Palestina, y (5) la presencia de autoridad apostólica en Jerusalén para asegurar la exacta transmisión de la tradición (y para frenar las potenciales herejías), tenemos buenas razones para creer que el material de los Evangelios fue cuidadosa y correctamente registrado.(14)

Otro factor que contribuye a la convicción de que los Evangelios son fiables es la información de algunos escritos de Pablo (Romanos, 1 Corintios, 1 Tesalonicenses) y la Epístola de Santiago, las cuales anteceden a la escritura de los Evangelios (desde finales del los 40 d. C. hasta el 57 aproximadamente).(15) El uso de Santiago de mucho del material del Sermón del Monte (Mateo 5-7) nos recuerda que la enseñanzas de Jesús estaban siendo preservadas con exactitud. Además de su familiaridad con las enseñanzas de Jesús del Sermón del Monte (por ejemplo, en Romanos 12 :17-21), Pablo está familiarizado con las palabras de Jesús sobre el divorcio y las segundas nupcias (1 Cor. 11 :23-25; comparar Lucas 22 :19-20). Pablo también está familiarizado con el Jesús histórico: el nacimiento de una virgen (Gál. 4 :4), su descendencia del linaje de David (Rom. 1 :3), su nacimiento bajo la ley ( Gál. 4 :4, que parece querer destacar la circuncisión de Jesús y su presentación en el templo, Lucas 2 :22-24 ), la última cena y la pasión (1 Cor. 11 :23) y el plan para matar a Jesús (1 Tes. 2 :14-15) y, como no, la historicidad de su resurrección en 1 Corintios 15.(16)

Lo que nadie puede dudar es que muchos de los críticos del Nuevo Testamento se han acercado a los Evangelios con un escepticismo totalmente injustificado —un escepticismo que no hubiera sido considerado justificado en cualquier otra rama de la historia antigua. R.T. France, experto en el Nuevo Testamento, declara que “a nivel de su carácter literario e histórico, tenemos buenas razones para ver a los Evangelios como una fuente de información sobre la vida y enseñanzas de Jesús, y por consiguiente de los orígenes históricos de la cristiandad.”(17) El experto en historia greco-romana A. N. Sherwin-White —evidentemente no era cristiano— afirmó: “Es asombroso que mientras los historiadores greco-romanos han estado creciendo en seguridad, los estudios del siglo XX de la narrativa de los Evangelios, empezando con material no menos prometedor, han tenido un giro tan sombrío.”(18)

Cuarto, la simple y sencilla naturaleza de los Evangelios atestigua a su fiabilidad más que a ser una cosa inventada. No es inusual leer a escépticos que puntualizan contradicciones o falta de armonización en, por ejemplo, los relatos de los Evangelios sobre la Resurrección.(19) Pero aunque el número de las mujeres en el sepulcro, por ejemplo, difieren de Evangelio a Evangelio, ningún evangelista afirma que solamente un determinado número de mujeres fue a la tumba. Incluso, cuando aparece en el Evangelio de Juan que sólo María Magdalena fue a la tumba, ella da a entender que no estaba sola: “No sabemos dónde le han puesto.” (Juan 20 :2)

Ahora bien, aunque existieran verdaderas discrepancias en los Evangelios, ningún buen historiador rechaza un documento por sus conflictos en asuntos secundarios. Lo que está fuera de dudas es que hay un consenso general entre los Evangelios. De todas formas, está claro que los escritores de los Evangelios no estaban urdiendo ni inventando estas historias. De otro modo, hubieran intentado ser más uniformes en sus relatos. Por ejemplo, lo más seguro es que un relato inventado no hubiera puesto a mujeres como primeros testigos de la Resurrección de Jesús a causa de su bajo status en la sociedad judía.

Los críticos pueden señalar el repentino final “más breve” del Evangelio de Marcos —en 16 :18 donde las mujeres dejan el ángel temblorosas y turbadas, sin hablar con nadie (aunque varias versiones continúan con los versos 9-20, que fueron añadidos después). El escéptico Randel Helms lo llama “uno de los más raros e insatisfactorios momentos en toda la Biblia.”(20) No obstante, como veremos más adelante, este final conecta muy bien con el énfasis de Marcos en el hecho de que la naturaleza mesiánica de Jesús no podía ser entendida de otra manera que con su muerte. Mientras Jesús decía “mirad que no digáis nada a nadie” para no perpetuar un malentendido, las mujeres irónicamente “no dijeron nada a nadie” (16 :18) aunque Jesús ya había completado su misión en la cruz y, según el ángel, había resucitado de los muertos. ¡Se mantuvieron en silencio aunque ya no era necesario!

Lo que Marcos intenta hacer en este Evangelio es llamar a su audiencia, por el camino del estímulo pastoral, a perseverar a pesar de los fallos y la desobediencia del pasado. Así que, a pesar de los fallos y del temor de los discípulos a lo largo del libro —que Marcos lo subraya más que los otros autores de los Evangelios— se puede derivar valor y esperanza de la promesa de que Jesús ha resucitado y de que loa discípulos le verían en Galilea (16 :6-7). (21)

Un criterio importante que nos ayuda a discernir la autenticidad de las afirmaciones de Jesús y de sus hechos y, por tanto, de la fiabilidad de los Evangelios, es el “criterio del aturdimiento” —acciones o dichos de Jesús que hubieran causado desconcierto o dificultades para la temprana iglesia. En otras palabras, ¿por qué iba la iglesia a inventar lo que sabía que podrían ser incidentes potencialmente vergonzosos?(22) Por ejemplo, Jesús se somete al bautismo por el “indigno” Juan el Bautista (Marcos 1 :4-11).(23) Otro ejemplo es que Jesús no sabía el tiempo de su segunda venida (Marcos 13 :32). De acuerdo con la ortodoxia cristiana, Jesús, siendo divino, podría haber conocido la fecha de su regreso antes de su muerte y resurrección, pero voluntariamente renunció a esta información como parte de su misión terrena. Entonces, ¿por qué tendría la iglesia temprana que tomarse la molestia de decir de Jesús aquello que sería más tarde embarazoso para ellos? También podríamos añadir incidentes como el de Jesús maldiciendo una higuera (Marcos 11 :12-14), permitiendo que espíritus inmundos entraran en los cerdos e inmediatamente destruirlos (Lucas 8 :32-33), la creencia de su familia de que estaba loco (Marcos 3 :21), los resultados poco impresionantes de su ministerio (Marcos 6 :5-6; Juan 6 :66) y su negativa a hacer milagros (Mateo 13 :58).

Además, los primeros cristianos judíos probablemente no hubieran urdido historias de milagros para defender la naturaleza mesiánica de Jesús; simplemente, no hubiera ayudado en este caso. La mayoría de judíos esperaban que el Mesías fuera un rey, un libertador político, un pastor que protegiera Israel —no un hacedor de milagros:  “Las creencias mesiánicas simplemente no requerían que un venidero Mesías curara o expulsara demonios. Por lo tanto, uno no tendría que pensar que los primeros cristianos encontraran necesario el crear tan gran número de historias milagrosas.”(24) No sólo esto. Probablemente tantas historias de milagros no se originaron en la temprana iglesia ya que Jesús se negaba a hacer milagros sólo para asombrar a su audiencia (Marcos 6 :1-6; Mat. 13 :58). Este hecho —un elemento del criterio del aturdimiento— podría ser visto entonces como una incapacidad para realizar los milagros.(25) Es improbable que los autores hubieran arriesgado la “vergüenza” de poner por escrito tales hechos si no fueran verdaderos.

En el inicio de esta sección, argumentábamos que el cristiano no puede meramente decirle al escéptico: “Pero los Evangelios dicen que Jesús hizo afirmaciones únicas sobre sí mismo” porque, sin lugar a dudas, el escéptico formulará preguntas sobre la fiabilidad de los Evangelios. Ya hemos expuesto algunas de las razones para aceptar a los Evangelios como fiables. Aunque se podría decir mucho más, la evidencia masiva de manuscritos de los Evangelios —y del Nuevo Testamento—, su fiabilidad histórica, la naturaleza sincera y sencilla de las narraciones de los Evangelios y otros factores nos permiten considerar los reclamos de Jesús de Nazaret. Habiendo examinado la razonable evidencia para aceptar la tradición evangélica, entonces podremos movernos a los asuntos relacionados con la singularidad de Jesús.

Resumen: Desinflando la acusación de que “los seguidores de Jesús crearon las historias y afirmaciones de Jesús.”

Decir que uno escribe con un propósito evangelístico o apologético no significa que lo que se escribe no sea fiable. La pasión o el fervor —como la que tuvieron los supervivientes del Holocausto— no significa que la información esté distorsionada.

Hay pasajes donde los Evangelios se muestran fiables histórica y arqueológicamente. Esto da credibilidad a lo que no puede ser verificado directamente: a las afirmaciones y a los hechos de Jesús.

Los primeros cristianos no pusieron en boca de Jesús sus propias preocupaciones y temas :

(1) Muchos de los temas que causaron controversia en las Epístolas ni siquiera están mencionados en los Evangelios (circuncisión, hablar en lenguas, comer la carne ofrecida a los ídolos, etc.).

(2) Mateo, Marcos y Lucas nos ofrecen una visión de Jesús de tan sólo una generación posterior a su muerte. Observe el caso de Hechos que seguramente fue escrito antes de la muerte de Pablo (ca. 64 d.C.), lo que significa que el Evangelio de Lucas fue escrito antes de éste y que el de Marcos, al cual sigue Lucas, fue escrito aún antes.

(3) Los judíos palestinos de principios de siglo se preocupaban de conservar exactamente la tradición, y esta preocupación está reflejada en las Epístolas —por ejemplo, los temas del Sermón de la Monte están reflejados en Pedro y la tradición de la Última Cena está mencionada en 1 Corintios 11.

(4) Los Evangelios no reflejan una invención. Poseen una sencillez que hace que sea improbable que hayan sido inventados. (Observe las mujeres como testigos de la resurrección de Jesús a pesar de su baja posición social, o los puntos potencialmente embarazosos que probablemente hubieran sido borrados si las historias o los dichos de los Evangelios hubiesen sido inventados (el bautismo de Jesús por Juan, su ignorancia sobre el momento de su regreso, el no hacer milagros en algunos sitios).

(5) ¿Porqué inventar tantas historia de milagros cuando la mayoría de los judíos esperaban a un Mesías "liberador político" y no a un milagrero?

Notas

1. (New York: Random House, 1986), 5.
2. The First Coming, 6.
3. "A Pluralist View," in More Than One Way?, 35. (El "Seminario de Jesús" asume la misma postura.)
4. Goetz and Blomberg, "The Burden of Proof," 42-45.
5. Blomberg, "Where Do We Start Studying Jesus?" 36-37.
6. William Craig, Assessing the New Testament Evidence, xvi-xvii.
7. Thomas D. Lea, "The Reliability of History in John's Gospel," Journal of the Evangelical Theological Society 38 (Sept.
1995): 387-402.
8. Hay que admitir que el respaldo histórico y arqueológico constituye sólo evidencia parcial para la fiabilidad. En algunos casos estaremos en posición de argumentarlo de manera limitada (para un pasaje específico).
9. "Gospels (Historical Reliability)," 297.
10. A nivel popular se puede consultar Robert Stein's The Synoptic Problem: An Introduction —El problema sinóptico— (Grand Rapids, Mich.: Baker, 1987).
11. Ver la defensa que hace Colin J. Hemer de esta fecha en su libro The Book of Acts in the Setting of Hellenistic History, Conrad H. Gempf, ed. (Tübingen: Mohr, 1989), 365-410.
12. Algunoseruditos conservadores, sin embargo, aceptarían una fecha posterior por razones teológicas. Ver David John Williams, Acts NIBC (Peabody, Mass.: Hendrickson, 1990), 11-13.
13. Ver Hemer, The Book of Acts in the Setting of Hellenistic History, 308-364. Ver también Blomberg, "Where Do We Start Studying Jesus?" en el libro Jesus Under Fire, 29. Para una introducción de los asuntos relacionados con la datación de los Evangelios vea D. A. Carson, Douglas J. Moo, and Leon Morris, An Introduction to the New Testament (Grand Rapids, Mich.: Zondervan,1992).
14. Carson, Moo, and Morris, An Introduction to the New Testament, 25: "La importancia de la memorización en la sociedad judía del primer siglo es innegable, y estamos justificados en pensar que que esto provee una base suficiente para la tradición oral cuidadosa y exacta del material de los Evangelios." El evangñelico alemán de Tübingen, Rainer Riesner, ha documentado esto en su "Jüdische Elementarbildung und Evangelienüberlieferung,"que se puede encontrar en R. T. France and David Wenham, eds., Gospel Perspectives I (Sheffield: JSOT Press, 1980): 209-223. Él ha expandido sobre esto en su Jesus als Lehrer (Tübingen: Mohr, 1981).
15. Esta fecha está aún en disputa, sin embargo.
16. Para abundante indocumentación sobre las muchas conexiones entre Jesus y Pablo, vea David Wenham, Paul: Follower of Jesus or Founder of Christianity? (Grand Rapids, Mich.: Eerdmans, 1995); también de Gary Habermas, "The Resurrection Appearances of Jesus," in Gary R. Habermas and R. Douglas Geivett, eds., In Defense of Miracles (Downers Grove, Ill.:
InterVarsity Press, 1997).
17. R. T. France, "The Gospels as Historical Sources for Jesus, the Founder of Christianity," Truth 1 (1985): 86.
18. Roman Society and Roman Law (Grand Rapids, Mich.: Baker, 1978 repr.), 187.
19. Para armonizaciones plausibles de las narraciones de la Resurrección puede ver de George Eldon Ladd, I Believe in the Resurrection of
Jesus (Grand Rapids, Mich.: Eerdmans, 1975), 91-93; Murray Harris, Three Crucial Questions About Jesus, 107-109; William Craig, Assessing the New Testament Evidence for the Resurrection of Jesus, 307-309; John Wenham, Easter Enigma 2nd ed. (Grand Rapids, Mich.: Baker, 1992).
20. Gospel Fictions (Buffalo, N.Y.: Prometheus, 1989), 133.
21. A. T. Lincoln, "The Promise and the Failure: Mark 16:7-8," Journal of Biblical Literature 108 (1989): 283-300.
22. Ver John P. Meier, A Marginal Jew, 168-171. Vea la discusión de Meier sobre los méritos de otros criterios como la discontinuidad, la atestación múltiple,, coherencia, y rechazo y ejecusión.
23. Vea "Jesus the Baptist?" by R. T. France in Joel B. Green and Max Turner, eds., Jesus of Nazareth: Lord and Christ
(Grand Rapids, Mich.: Eerdmans, 1994), 94-111.
24. Craig Evans, "Life-of-Jesus Research and the Eclipse of Mythology," Theological Studies 54 (1993): 28.
25. Ibid., 29. ¡El lenguage de Marcos sugiere esto explícitamente!

© Paul Copan es un Ministro Asociado en Ravi Zacharias International Ministries.
Traducción: Cristina Palomeque Kovacs

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